¡El Alfa Rechazado! - Capítulo 36
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36: CAPÍTULO 36 36: CAPÍTULO 36 No me miró fijamente por mucho tiempo; luego pasó de largo, fue a su asiento y se sentó.
Todos los demás se sentaron después.
Me senté torpemente en mi asiento, sintiendo unas miradas extrañas sobre mí.
Bernice y otras mujeres entraron en el salón y empezaron a servir la comida, comenzando por el Alfa.
Luego, a Marcus, a James, a Mavis y, poco después, fue mi turno.
Comimos en completo silencio, con la excepción de Damon, que hablaba ocasionalmente con Marcus.
Apenas toqué la comida, sin levantar la vista.
Me sentía un poco tímida y fuera de lugar, sobre todo después de lo que Damon acababa de hacer unos minutos antes.
Fue muy extraño.
Mantuve la cabeza gacha, pero le lanzaba miradas furtivas a Damon.
Estaba frente a Marcus, hablando con él en voz baja.
Se le formaban hoyuelos en las mejillas cada vez que masticaba.
Si no fuera por sus ojos fríos y calculadores, hasta parecería mono.
Todavía estaba hablando con Marcus cuando se giró para mirarme, estableciendo contacto visual directo a pesar de que estábamos a unos cuatro asientos de distancia.
Y eso que yo intentaba usar mi pelo como una cortina para ocultarme.
Bajé la mirada, sintiendo la sangre subir a mis mejillas.
Qué estúpida.
Pasé el resto de la comida con la cabeza gacha, sin levantar la vista en absoluto.
Al parecer, cuando terminábamos de comer, teníamos que esperar a que el «Alfa» acabase y se levantara primero de la mesa.
Ridículo.
Y como estaba enfrascado en una conversación seria con Marcus mientras comía, no estaba ni cerca de terminar.
Así que, básicamente, pasamos allí el resto de la mañana.
***
—¡Guau!, ¿qué fue eso?
—preguntó Mavis una vez estuvimos fuera.
Damon por fin se había ido con Marcus y James siguiéndolos de cerca.
En ese momento, paseábamos por el jardín que hay detrás de la casa de la manada.
—¿El qué?
—pregunté, confundida, mientras pateaba suavemente el suelo con el zapato.
Giré un poco la cabeza para mirarla.
—¿Lo del Alfa, cuando entró?
—aclaró, gesticulando levemente con las manos.
—¿Y a mí por qué me preguntas?
No tengo ni idea.
Es tan extraño —dije, suspirando y volviendo a mirar al suelo.
De verdad que no lo entiendo.
Y lo que hizo fue muy raro.
—¿Crees que los demás se han dado cuenta?
—pregunté, mirándola de nuevo.
A estas alturas, la gente se debe de estar preguntando por qué siempre me mira así.
—No lo sé, la mayoría tenía la cabeza gacha.
No creo que se dieran cuenta.
Suspiré y seguí caminando por el sendero.
—¿Hablas mucho con Rose?
—le pregunté a Mavis, cambiando de tema por completo mientras seguíamos caminando sobre la hierba ligeramente húmeda.
—¿Qué quieres decir?
—preguntó, deteniéndose y girándose para mirarme con el ceño ligeramente fruncido.
—Hoy ha sido la primera vez que veía a Rose desde que salimos de las celdas, y Damon mencionó que estaba en el hogar de los Ancianos.
O sea, ¿tú puedes ir a verla?
—Ah, sí, claro.
Voy a verla, se queda allí con los otros ancianos.
Ella y Evelyn son las únicas ancianas de nuestra manada que… sobrevivieron —dijo Mavis con un suspiro triste, cuando por fin encontró la palabra adecuada, y echó a andar de nuevo.
—Debe de estar bastante aburrida allí —dije.
Sin conocer a nadie y atrapada solo con Evelyn.
Y digo «atrapada con» porque Evelyn no es una anciana cualquiera.
Digamos que su mente siempre está en otros reinos.
—Oh, al contrario, tiene un amigo nuevo.
Le hace compañía, siempre están juntos.
Hoy incluso se han sentado juntos en la mesa —dijo ella.
—Ah, ¿en serio?
No me fijé en con quién estaba sentada.
Mavis estaba a punto de decir algo más cuando la interrumpió una voz que la llamaba desde lejos.
—¡Mavis!
—Nos giramos y vimos a Ryan, que venía trotando hacia nosotras.
—¿Qué demonios tienes en los oídos?
¿O te has quedado sorda de repente o qué, cielos?
—dijo Ryan cuando llegó a nuestra altura; jadeaba ligeramente y apoyó las manos en las rodillas para recuperar el aliento.
—Vaya, pues no estás en forma —rio Mavis.
A mí me hizo soltar una risita.
Ryan enderezó la espalda de inmediato e intentó inflar el pecho.
—Estoy muy en forma, para que te enteres —resopló, cruzándose de brazos.
Mavis y yo nos reímos de su réplica infantil.
—Bueno… En realidad, venía a preguntaros si habíais visto a Daryl y a James.
Tenemos el último entrenamiento antes del partido de esta tarde —continuó.
—Espera, ¿qué partido?
—pregunté.
—El partido de fútbol de esta tarde.
Deberíais venir —dijo, guiñándome un ojo.
—Bueno, de Daryl no sé, pero James está con el Alfa —respondió Mavis.
—Bueno, si veis a alguno, decidles que muevan el culo hasta el campo de fútbol —dijo Ryan y se alejó de nosotras trotando.
—¿Vas a ir?
—le pregunté a Mavis.
Se encogió de hombros.
—No lo sé, ¿quieres ir?
—me preguntó.
—¿Acaso tenemos algo mejor que hacer?
Ladeó un poco la cabeza, dando a entender que yo tenía razón.
—Tienes razón… Además, así podré ver jugar a James —chilló de emoción, y se le iluminaron los ojos.
Sonreí un poco mientras seguíamos paseando.
Entonces, mi sonrisa se borró de inmediato.
La de Mavis también.
Lo olí antes de verlo.
Y, antes de darme cuenta, estaba de pie justo delante de nosotras, bloqueándonos el paso.
Damon.
Me estaba fulminando con la mirada.
Y parecía jodidamente furioso.
«¡Oh, vamos!
¿¡Qué he hecho ahora!?»
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