¡El Alfa Rechazado! - Capítulo 38
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38: CAPÍTULO 38 38: CAPÍTULO 38 Me giré rápidamente para mirar a Ryan, que estaba a punto de quedarse dormido.
—¿Has oído eso?
—pregunté con un ligero pánico mientras le daba un codazo en el costado.
Él solo gimió ligeramente y me ignoró.
—¡Ryan!
Aun así, nada.
Le agarré los hombros y lo sacudí con violencia.
—¡Despierta!
Creo que alguien está en problemas —dije mientras lo sacudía.
—¡¿Cuál es tu problema, mujer?!
—dijo Ryan, incorporándose.
Supongo que por fin se había despertado.
—¿Has oído eso?
Alguien estaba gritando.
Creo que alguien está en problemas —dije, poniéndome de pie, esperando que él hiciera lo mismo.
—¿Gritando?
—preguntó de nuevo.
—Sí, gritando… —Me interrumpió el sonido de la persona gritando otra vez.
Solo que esta vez no sonaba realmente como un grito, sonaba más como un…, ¿un gemido?
—¿Era ese el grito?
—preguntó Ryan con una sonrisa de complicidad en el rostro.
Entonces el sonido se oyó de nuevo.
Esta vez era de un hombre.
Ryan se echó a reír ante la cara de estupefacción que probablemente yo tenía.
Ni siquiera quería pensar en lo que estaba pasando.
—Es eso, uhm…, es eso… —Ni siquiera pude terminar la frase.
No porque no pudiera, sino porque no quería.
Por supuesto, Ryan tuvo la gentileza de hacerlo por mí.
—¿Ramona y Dean follando hasta reventar?
Más o menos —dijo Ryan casi como si estuviera acostumbrado.
¿Ramona?
Pero si parecía tan inocente.
—¿Pero cómo?
¿Creía que esta era la «casa de la manada sin pareja»?
—dije mientras me sentaba de nuevo, intentando ignorar los ruidos que hacían.
Estúpido oído de lobo.
—¿Quién dijo que tienes que tener una pareja para darle al tema?
¿De qué otra forma crees que pasamos el tiempo libre los que estamos aquí?
—preguntó retóricamente, moviendo las cejas hacia mí en el proceso.
Lo miré, completamente asqueada.
Hay ciertas cosas que deberían quedar en privado.
Lo único que hizo fue reírse de mí.
Yo lo único que podía hacer era seguir oyendo los ruidos que hacían.
En serio, un poco de silencio, gente.
Ryan siguió riéndose un rato antes de alcanzar la mesa de centro, coger el mando, cambiar de canal y poner M-net, donde estaban echando Actividad Paranormal.
Por supuesto, la puñetera Actividad Paranormal.
Ni de coña iba a ver yo eso.
No es que sea una cobarde ni nada, pero ya estaba todo oscuro fuera y más tarde tendría que dormir sola en mi habitación, así que no.
Le arrebaté el mando y volví a poner La Niñera.
—No pienso ver una película de terror esta noche —le dije, sujetando el mando con firmeza en la mano.
—Vale, no te estoy obligando a verla, puedes irte a la cama —dijo mientras extendía la mano para coger el mando.
Negué con la cabeza.
—No, vete tú a la cama, yo veré la tele —dije.
—Permíteme recordarte que estaba a punto de dormirme, pero tú tenías que despertarme porque creías que alguien se estaba muriendo —dijo, ladeando ligeramente la cabeza, sin dejar de extender la mano hacia el mando.
Aun así, no me moví.
—De todos modos, es mejor para ti que te duermas ahora, porque cuando lleguen los demás, borrachos, no pegarás ojo esta noche, créeme —dijo con esa sonrisa de complicidad.
Tardé un poco en asimilar lo que acababa de decir.
Aprovechó mi falta de concentración para arrebatarme el mando de la mano.
—¡Eh!
Devuélvemelo —dije, haciendo un ademán para recuperarlo.
Pero fue más rápido que yo y apartó la mano.
Ahora estaba de rodillas en el sofá, intentando quitarle el mando.
Lo único que hizo fue estirar la mano por detrás de él para que yo no pudiera alcanzarlo, mientras se reía, probablemente satisfecho de tener brazos de simio.
Intenté estirarme más para coger el mando, pero acabé cayendo en su regazo y golpeándome ligeramente la cabeza contra el brazo del sofá.
Me levanté con toda la elegancia que pude para encontrarme con un Ryan risueño.
Idiota.
Fue cuando su risa se apagó que me di cuenta de que una de mis rodillas estaba a un lado de su muslo y la otra encima de su otro muslo.
Con toda naturalidad, me puso la mano en el muslo y me reacomodó de modo que quedé básicamente a horcajadas sobre él.
—Mucho mejor —dijo Ryan con una sonrisa aún más amplia.
Estábamos tan cerca que podía sentir su aliento en mi cara.
Me levanté de encima de él rápidamente, me senté en mi lado del sofá y levanté las manos en un gesto de «me rindo», de lo que, por supuesto, se rio.
Otra vez.
Lo que me sorprendió, sin embargo, fue que no volvió a poner el canal de Actividad Paranormal, sino que lo dejó en La Niñera.
—Creo que puedo apañármelas con esto —se dijo a sí mismo.
Sonreí un poco, porque aunque había perdido, en realidad había ganado.
Unos quince minutos después de que empezara el episodio, vi por el rabillo del ojo que Ryan se acercaba a mí.
Se acercó más hasta que nuestros cuerpos se tocaron y luego me pasó un brazo por los hombros.
—Uhm, ¿qué haces?
—pregunté mientras intentaba quitarle la mano de encima.
No se movió ni un ápice.
Se limitó a encogerse de hombros.
—Solo me estoy poniendo cómodo.
—Vale…, ¿podrías hacer eso en tu lado del sofá?
Espacio personal.
Además, hueles fatal, sin ofender.
Soltó una carcajada.
—No me ofendo.
Además, así es como huelen los hombres de verdad.
—¿A qué, a sudor y a calcetines de gimnasio?
—pregunté, arrugando la cara.
—No, a aire libre y a victoria —dijo con orgullo.
—Claro… —dije, poniendo los ojos en blanco, mientras seguía intentando quitarle la mano de encima, pero él solo apretó más su agarre en mi hombro.
Entonces se giró para mirarme un rato, sus ojos descendieron tranquilamente hasta mis labios por un breve segundo y volvió a mirarme con una ligera sonrisa socarrona en la cara.
Abrió la boca para decir algo, pero nunca lo hizo.
No tuvo la oportunidad.
Para mi suerte, mientras estoy sentada en el sofá con el brazo de Ryan sobre mis hombros, su cara a centímetros de la mía y él mirándome como si fuera un trozo de carne, ¿adivinen quién entra por la puerta como una tromba?
¿Harry Styles?
No, créanme, yo también lo habría preferido.
Damon.
Nadie más que Damon.
Un Damon que echaba chispas.
Esta es mi vida ahora, damas y caballeros.
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