¡El Alfa Rechazado! - Capítulo 86
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86: CAPÍTULO 86 86: CAPÍTULO 86 Se le iluminaron los ojos.
—Me alegro de que lo digas, porque los chicos y yo estábamos pensando en salir hoy, ya que es viernes.
Pensábamos ir a un club en la ciudad, a unos cuantos kilómetros de aquí.
De hecho, pensaba invitarte —dijo, sonriéndome mientras recuperaba las patatas fritas y comía más.
Eh.
¿Un club?
Nunca he estado en uno, pero ya sentía que no era mi tipo de ambiente en absoluto.
De hecho, tampoco tenía idea de que fuera el tipo de ambiente de ella.
Ni siquiera sabía bailar.
¿Y se podía pedir un batido en un club?
¿Siquiera los preparaban allí?
Justo en ese momento, James entró por la puerta.
—Hola, chicos —nos saludó, aunque estaba segura de que ya había visto a Mavis.
—Entonces, ¿se viene?
—preguntó James.
Bueno, supongo que ya lo habían hablado.
—Bueno… —dijo Mavis, dejando la frase en el aire a la espera de mi respuesta.
¿Sería una buena idea?
O sea, ¿un club?
Realmente no es lo mío.
Venga ya, una noche no te matará.
Y quedarse aquí viendo la televisión suena peor.
—Ni siquiera tengo qué ponerme —le dije a Mavis.
—No hay problema, yo me encargo.
Así que está decidido.
Vamos todos —dijo sonriendo y juntando las manos, con la bolsa de patatas fritas todavía en la mano haciendo ruido al ser apretada.
—¿Todos?
¿Cuánta gente va a ir exactamente?
—le pregunté arqueando una ceja.
—Ah, solo unos pocos: yo, James, Daryl, Ryan, Ramona, Dean, Alexis y ahora tú —dijo sonriéndome.
—¿Cómo vamos a caber todos en un coche?
—pregunté.
—No lo haremos.
Dean y yo usaremos nuestros coches esta noche, creo que con eso bastará —dijo James.
—Ah, vale.
—Me sentía un poco rara al saber que iba a ver a Ryan de nuevo.
Desde que me fui de la casa de la manada, no he vuelto a la división de los no emparejados.
Solo he visto a Daryl por ahí.
Creo que Ryan me evita, incluso durante los entrenamientos.
Aunque no puedo culparlo; la última vez que estuvimos juntos en una habitación, el lobo de Damon casi lo mata.
Yo también me evitaría.
La noche promete ser interesante.
Mavis se giró para mirar el reloj.
—Bueno, son las dos y nos vamos de aquí a las cinco.
Voy a volver un momento a la casa de la manada a por algunas cosas y regreso para que nos cambiemos y nos preparemos, ¿vale?
Asentí y salió por la puerta, no sin antes inclinarse para darle un piquito a James.
Y se llevó mis malditas patatas fritas.
Negué con la cabeza, sonriendo.
James solo sonrió y me dijo que tenía que ir al estudio del Alfa a buscar algo para Damon; luego asintió y se fue.
Vaya, de verdad tengo algo que hacer hoy.
¿Y ahora qué?
~~~~~
—Mavis, no puedo ponerme esto, es demasiado ajustado —dije con el ceño fruncido, intentando arrancarme del cuerpo el trozo de tela que se suponía que era un vestido.
—Venga ya, Adriane, es precioso, estás sexy —me dijo Mavis mientras se ajustaba su propio vestido, que, por cierto, no era ni de lejos tan ajustado como el mío.
—¿No puedo ponerme uno como el tuyo?
El mío es demasiado ajustado —dije y dejé escapar un suspiro.
—Con una figura como esa, necesitas ese vestido, enseña algo de piel —dijo Alexis, a quien acababa de conocer, desde el pequeño sofá en la esquina de mi habitación, mientras movía las cejas hacia mí.
Alexis era todo un personaje, con su pelo rubio platino y sus ojos grises.
Por lo que me contó Mavis, Alexis era la pareja de Daryl.
Aunque no tenía ni idea de por qué nunca los había visto juntos.
Pero ya me caía bien; era divertida y bastante atrevida.
Llevaba un minivestido blanco y negro con medias negras y tacones blancos.
Se veía sencilla pero despampanante.
Si yo intentara ponerme eso, probablemente me rompería los tobillos.
Eran altísimos.
Probablemente necesitaría unas zapatillas deportivas.
Me giré para mirarme en el espejo una vez más.
No.
Lo odio.
Voy a por el otro vestido negro.
Me quité el ajustado material de licra azul oscuro y me puse el vestido negro que me llegaba un poco por debajo de la mitad del muslo y subí la cremallera.
También era ceñido, pero al menos podía respirar.
Tenía adornos de encaje en los bordes y también en las mangas.
Me di la vuelta.
Ellas sonrieron.
—Este también funciona.
Yo sonreí.
Ramona salió de mi baño con una toalla en la cabeza.
—¿Alguien puede arreglarme el pelo?
***
Para cuando bajamos, todos los chicos estaban listos para irse.
Y creedme cuando digo que, al bajar, fuimos las chicas las que nos quedamos sin palabras.
Todos parecían recién salidos de una sesión de fotos.
Era un aspecto muy diferente al de todos los días.
Parecía que de verdad se habían esforzado en su aspecto esta vez, en lugar de parecer que acababan de pelearse con un mapache.
Sencillamente, estaban para morirse.
En cuanto llegamos, todos se pusieron de pie y nos sonrieron cálidamente.
—Pero qué guapas estáis, chicas —dijo Dean con ojos coquetos.
—Pues claro que sí.
Estamos que ardemos —dijo Alexis, echándose el pelo hacia atrás de forma espectacular, lo que me hizo reír un poco.
Vi a Daryl poner los ojos en blanco, pero aun así le tendió la mano para ayudarla a bajar el último escalón.
Eché un vistazo a todos los chicos y vi a Ryan sentado en silencio en un sofá cerca de James, con aspecto bastante incómodo.
«Necesito salir de aquí, mi vida depende de ello» estaba escrito en toda su cara.
—¿Estamos listos, entonces?
—preguntó Daryl, mirando a todo el mundo.
Asentimos.
Ryan ya estaba de pie y casi fuera.
Me pareció un poco gracioso, sé que es cruel, pero no pude evitarlo.
¿No se te olvida algo…?
Tengo el bolso, el móvil y las llaves.
No, no lo creo.
Pues entonces, piénsalo otra vez.
Justo en ese momento se oyeron pasos en el piso de arriba y al poco vimos a Damon bajando las escaleras.
¿He dicho antes que me había quedado sin palabras?
Bueno, a la mierda con eso.
Ahora estaba muda.
Si este hombre podía llegar a ser más guapo, debería ser ilegal.
Llevaba unos vaqueros azul oscuro, una camiseta negra con las palabras «muérdeme» escritas en rojo goteante, una chaqueta de cuero negra, un par de zapatillas Nike Air Force blancas y, para rematar, unas gafas de sol Aviator en la cara, que ocultaban sus preciosos ojos azules.
Lo que hacía que su aspecto fuera más misterioso.
Su pelo parecía ligeramente húmedo y se lo había peinado con los dedos, pero algunos mechones rebeldes aun así lograban caerle sobre la frente.
Te estás perdiendo lo más importante…
Espera, ¿se ha arreglado para salir?
—James, ¿me pasas las llaves, las de la furgoneta?
—le dijo a James, que era el que estaba más cerca de la barra del bar, mientras llegaba al último escalón.
James cogió las llaves y se las lanzó, y él las atrapó con facilidad.
—¿Vas a salir?
—me oí decirle por arte de magia, ya que mis labios no habían recibido permiso previo de mi cerebro para hablar.
O sea, él solía salir, pero siempre iba vestido de manera informal, lo que significaba que iba a hacer algún trabajo de Alfa o de negocios, o a hacer algunas rondas por la manada.
Ahora mismo parecía que iba a salir de fiesta.
Y sentí curiosidad.
Se giró lentamente para mirarme e inmediatamente el ambiente cambió.
Por alguna extraña razón, todos en la habitación se habían quedado en silencio.
Estaba a unos dos metros y medio de distancia, pero podía sentir su mirada abrasadora a través de sus gafas de sol.
Y solo confirmé mis pensamientos involuntarios cuando se quitó las gafas y vi que sus ojos brillaban ligeramente.
Se enganchó las gafas en el cuello de la camiseta.
—Sí —respondió, breve y cortante.
Yo solo asentí.
Espera.
¿Salir?
¿Desde cuándo?
¿Y adónde?
—Y me llevo la furgoneta, lo que significa que cabemos todos.
Parpadeé y fruncí el ceño.
¿Qué acaba de decir?
¿Que «nosotros» cabemos «todos»?
¿Qué quiere decir con eso?
—¿A-acaso tú…?
Había un ligero brillo travieso en sus ojos y una pequeña sonrisa juguetona en sus labios.
—Sí, voy con vosotros.
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