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¡El Alfa Rechazado! - Capítulo 98

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98: CAPÍTULO 98 98: CAPÍTULO 98 ¡Arrrrgh!

¡No puedo moverme!

Yacía boca abajo sobre la hierba.

Me ardían los pulmones por la falta de oxígeno.

Mis extremidades estaban inertes y me punzaban al mismo tiempo.

No podía moverme.

Lo único que hizo fue acercarse a mí con toda calma y darme la vuelta.

Me sentí como un saco de patatas.

Entonces estalló en carcajadas.

¡¿Qué demonios?!

¿Y cómo es que de repente sonríe tanto?

Tiene mucha suerte de que esté inmóvil ahora mismo, si no, le borraría esa sonrisa de la cara de un manotazo.

Oh, ambas sabemos que no lo harías.

Quizá.

¿Conoces a esa gente que siempre parece estar enfadada y nunca sonríe, pero que cuando lo hace es como si su sonrisa pudiera gobernar el mundo?

Esas sonrisas perfectas y excepcionales.

Él tiene una de esas.

Y a mí no me quedaba más que yacer ahí y admirarlo, aunque se estuviera riendo de mí.

—¿Todavía te quedan fuerzas?

—me preguntó, y quizá fueran cosas de mis oídos, pero me pareció oír un deje de burla en su voz.

Puse los ojos en blanco y volví a fulminarlo con la mirada.

Capullo.

Me ayudó a levantarme y las piernas casi se me doblaron, pero no quería darle esa satisfacción.

Así que inyecté toda la energía que me quedaba en las piernas y me mantuve en pie.

Y empecé a caminar en dirección a la casa.

—Oye, ¿adónde vas?

Eso solo ha sido la carrera de calentamiento.

Ahora toca el entrenamiento de verdad —dijo a mi espalda.

Entonces me quedé helada.

O más bien, morí y regresé como una estatua.

Por segunda vez en mi vida.

Acabábamos de subir y bajar corriendo una montaña entera mientras esquivábamos ramas y saltábamos tocones a un ritmo agotador.

Y ahora quería más.

No puede ser que hable en serio.

—Puedes apostar a que sí.

Venga, vamos.

*****
Voy a morir.

Voy a morir.

Voy a puto morir.

Ahora estaba tumbada a la orilla de un río, intentando desesperadamente evitar que el corazón se me saliera del pecho.

Había llegado mi hora.

De todas las formas de morir.

Muerte por entrenamiento.

Oh, mundo cruel.

—No puedes estar hablando en serio.

Damon se sentó a la orilla del río, observándome con curiosidad mientras yo intentaba seguir con vida por su culpa.

—Estás muy fuera de forma.

—Lo ignoré.

Di lo que quieras, no me muevo.

—Sabes, esto habría sido mucho más fácil si te hubieras transformado en tu loba.

¿Por qué te negaste?

—preguntó con expresión seria.

Otra vez con el tema de la loba.

Sí, ahora puedo comunicarme con ella más fácilmente.

Es más, a veces incluso desearía que se callara, pero la transformación todavía me parece muy difícil.

Ella dijo que no debía limitarme a llamarla, sino que debía «sentir» la transformación.

Tengo que dejarla entrar activamente y bajar mis barreras para que ella tome el control.

Ja.

Es más fácil decirlo que hacerlo.

E incluso en teoría, suena difícil.

Me incorporé un poco, mirándolo fijamente.

—Mira, Damon, no es tan fácil.

—¿El qué no lo es?

—cuestionó él.

Uhm.

¿Y ahora cómo explico esto?

—No lo sé, mi loba no hace exactamente lo que quiero cuando quiero.

Sale por su cuenta y llamarla cuando la necesito a veces parece imposible —resoplé.

Me miró con una expresión indescifrable.

—Estás de broma, ¿verdad?

Negué lentamente con la cabeza.

Frunció el ceño.

—¿Hablas en serio?

Asentí.

—¿Has sentido alguna conexión con ella antes?

Lo pensé un momento.

Depende de lo que entiendas por conexión.

Siempre está en mi cabeza, hablando, sí.

Pero ¿sentirla de verdad recorrer mi cuerpo, como algo más que una simple conexión mental?

Asentí.

Ha pasado una o dos veces.

—¿Ves?

Todo lo que tienes que hacer es concentrarte y comunicarte con ella.

Tienes que forzarla a salir con tu voluntad, en realidad es muy simple —dijo, girándose más para mirarme, animándome a continuar.

Diciéndome que iba a ser fácil.

No.

En realidad, no.

Al menos no para mí.

Pero, para concederle el beneficio de la duda, intenté concentrarme como él decía.

Tragué saliva y asentí, dispuesta a hacer un esfuerzo.

Me esforcé mucho por concentrarme en…

¿en qué exactamente?

Sus hermosos orbes azules…

¡No, en él no!

¡En ti!

Pero ya estaba enganchada.

Buscar su ayuda para saber en qué concentrarme me había metido en un aprieto.

No podía apartar la mirada, estaba enganchada.

Y él también parecía estarlo.

Ahora estaba sentado justo a mi lado; muy cerca, en realidad, ahora que me tomaba el tiempo de fijarme.

Se había girado un poco para quedar frente a mí mientras intentaba ayudarme a guiar a mi loba para que saliera.

Pero parece que nos estábamos distrayendo.

Verlo aquí, bajo el sol de la mañana, con la piel ligeramente brillante, haciéndome desear que no llevara camiseta para poder comérmelo más con los ojos…

todo eso me estaba afectando.

Olía bien, pero que muy, muy bien, y me resultaba exasperante que ese fuera su olor natural y no alguna colonia cara o algo así.

Literalmente, me estaba atrayendo.

Era como si estuviera hecho a propósito solo para torturarme.

Últimamente había demasiada tensión entre nosotros y no me gustaba.

O quizá sí.

Era la novedad de la situación lo que lo hacía tan raro para mí.

Lo más lejos que había llegado en mi vida, en lo que a gustarme alguien se refiere, era un enamoramiento inofensivo, con una fantasía de algún que otro beso como mucho.

Pero esto, esto era un tanto salvaje.

Y no era solo querer pasar a mayores, sino que sentía que simplemente ansiaba su presencia.

Me gustaba estar cerca de él y era, era raro.

No lo sé, creo que es raro.

No había vuelto a decir nada sobre mi transformación.

El único cambio que se produjo estaba ocurriendo en sus ojos, mientras me miraba a los míos, y a la cara, como si me estuviera estudiando.

Observando mis rasgos.

Y eso me habría hecho sentir un poco cohibida, pero yo también estaba demasiado absorta en él.

Y también un ligero cambio de posición.

¿Estaba más cerca ahora?

¿Qué se suponía que estábamos haciendo?

La atmósfera que nos rodeaba siempre me liaba la cabeza y me hacía hacer cosas raras.

Y hoy era uno de esos días.

De lo contrario, lo habría apartado cuando se inclinó hacia mí.

Pero no lo hice.

Y lo permití.

Y lo disfrutaste…

Supongo que sí.

Me besó, lenta y suavemente, con su mano apoyada con delicadeza en mi mejilla, y fue muy diferente a todos los besos que me había dado hasta ahora.

Con este van como tres besos.

Cállate.

El beso terminó pronto, quizá demasiado pronto, y se apartó un poco.

Su rostro quedó a solo unos centímetros del mío mientras me miraba fijamente a los ojos.

«¿Qué me estás haciendo?».

Pude oír su voz en mi cabeza.

«Yo…

no lo sé».

Apenas me sostuvo la mirada cinco segundos antes de apartarla, negar con la cabeza y suspirar.

—¿Por qué sigues haciendo eso?

—le pregunté.

Se giró para mirarme con expresión confusa.

—¿El qué?

—Lo de los ojos.

No puedes sostenerme la mirada.

Él solo soltó una risita y negó con la cabeza con amargura.

—Adriane, no quiero entrar en eso ahora mismo.

Hmmmm, Adriane…

Me gusta cómo lo pronuncia…

Ahora no es el momento.

Cierto.

—¿No quieres entrar adónde?

Se giró hacia mí.

—Tiene que ver con tus padres muertos.

¿Contenta?

—La verdad es que no, para nada.

No te entiendo.

Él había dicho algo así como que los fantasmas de mis padres lo atormentaban, lo cual era bastante extraño de imaginar.

¿Quizá era solo su conciencia la que le hacía pensar eso?

Me miró con los ojos muy abiertos durante un breve segundo, luego suspiró y continuó.

—Todavía veo a tus padres cada vez que te miro, Adriane.

En tus ojos, lo único que veo es la sangre en mis manos.

Y, sinceramente, me aterra.

Siento como si literalmente me estuvieran atormentando —hizo una pausa y suspiró—, pero me lo merezco —dijo mientras miraba al frente.

Permanecí en silencio.

¿Atormentándolo?

¿Como si lo atormentaran fantasmas de verdad?

¿Mis padres?

Vaya.

¿Por eso no puede sostenerme la mirada?

Negué con la cabeza.

No sé si alguno de nosotros será capaz de superar esto alguna vez.

Todo parece demasiado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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