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EL ALTO TUNGSTENO - Capítulo 11

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  4. Capítulo 11 - 11 CAPITULO N° 09 ¿DÓNDE ESTÁ MI HIJO
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11: CAPITULO N° 09 : ¿DÓNDE ESTÁ MI HIJO?

11: CAPITULO N° 09 : ¿DÓNDE ESTÁ MI HIJO?

Viernes, 13 de diciembre del 2024 Una pelota blanca, curtida por arrugas en forma de estrellas que recorren toda su circunferencia, se eleva hacia el cielo nocturno.

Un hombre alto y fuerte, con los músculos tensos como cuerdas de acero, salta más que todos.

Se suspende un segundo más en el aire y toca el balón.

Un estallido.

Una descarga de ambición y desesperación puras.

La pelota cae en picada, cruza la red con furia y golpea el piso antes de que mujer u hombre alguno pueda reaccionar.

Thiago Serafín Saavedra transpira vigor; gotas que se deslizan por su frente, por su cuello y por la clavícula brillan como cristales rotos bajo la luz de la noche.

El calor aumenta dentro de él, generando un leve vapor cuando exhala, como si cada respiro fuera una fumarola.

La luna, redonda y etérea, lo observa desde lo alto.

Su luz proyecta sombras grandes y múltiples de los doce jugadores en la cancha: ocho mujeres, cuatro varones.

Una de esas sombras se desprende del resto.

Una figura femenina que se acerca por detrás.

Dos brazos lo envuelven.

La piel húmeda de ella toca su cuerpo fornido de él.

—Te veo muy emocionado hoy, Thiago…

¿romperás tu propio récord?

—dice Betzabeth Montalvo.

Betzabeth: alta, trigueña, esbelta; el cuerpo cincelado por años de voley; ojos castaños penetrantes; cabello negro y largo que cae más allá de la cintura; short negro ajustado; polo deportivo blanco que deja entrever la línea oscura del sujetador.

Su respiración está tranquila.

Su abrazo no lo está.

Thiago se tensa—no como atleta, sino como hombre acorralado.

—¿Qué estás haciendo…?

—dice él, sin voltearse.

—Me gusta sentirte.

Tenerte así de cerca…

me encanta.

Thiago frunce el ceño.

—El padre de tu hija nos va a ver.

—Sabes muy bien que no está en Tungsteno —susurra ella—.

Estoy sola.

¿Te gusta que esté sola, Thiago?

—No.

No me gusta.

¡Puedes soltarme ya!

Su voz retumba como un trueno: firme, energica, inconfundible.

Betzabeth da un leve salto soltando a Thiago; no sabe por qué su cuerpo comenzó a temblar.

Supone que es por el frío propio del Tungsteno: un clima seco, un fríaje denso que penetra hasta el hueso.

La sonrisa se le borra.

Agacha la cabeza y pasa delante de él, dándole la espalda.

Se aleja trotando.

Hasta que algo inesperado la atraviesa.

Un golpe húmedo en la piel.

Un estremecimiento eléctrico estalla en sus glúteos.

¿Qué acaba de pasar?

—pensó Betzabeth Montalvo, confundida y sonrojada.

Se queda quieta un segundo.

Luego lo entiende.

Thiago.

El niño prodigio del vóley.

El alto, guapo, serio.

El que recorre el Tungsteno en moto como un alma indomable…

La había palmado.

Una palmada fuerte, seca, deportiva.

Entre camaradas.

Lo irreal era eso: era la primera vez que un hombre lo hacía con ella.

Normalmente ese tipo de gestos los recibía de otras mujeres del equipo.

Nunca de un varón.

Cuando gira, con la expresión de sorpresa todavía encendida en los ojos, ve a Thiago Serafín dándole la espalda, alejándose a paso rápido para reintegrarse al juego.

Ella se queda allí, con la piel ardiendo y el corazón como un tambor.

Y la luna, desde arriba, lo ve todo.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES EvaMaria_Sa_Me Betzabeth Montalvo.

===== En Thiago no veo un cuerpo: veo una forma de estar en el mundo.

Veo cómo mira a su madre y entiendo lo que nunca tuve: cuidado sin miedo.

Con él imagino una vida donde no tenga que endurecerme para sobrevivir.

No lo deseo para escapar, lo pienso como quien por fin eligió bien.

Tal vez por eso me asusta: porque representa lo que aún podría ser.

Mi segunda oportunidad no es él… es lo que despierta en mí cuando lo miro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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