EL ALTO TUNGSTENO - Capítulo 12
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- Capítulo 12 - 12 CAPITULO N° 10 CARMILA Y EL CHOCOLATE BLOOM
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12: CAPITULO N° 10 : CARMILA Y EL CHOCOLATE BLOOM 12: CAPITULO N° 10 : CARMILA Y EL CHOCOLATE BLOOM Viernes, 13 de diciembre del 2024.
El deporte arde como una llama que nadie puede comprar.
Se siente, se vive, es la brasa que despierta el alma cansada de la rutina.
La cancha vibra: cada jugador corre, salta y golpea el balón con una fuerza que no se apaga hasta que el marcador declara un dueño para la gloria.
En las bancas, una niña sostiene una pizarra de tiza marcando cada punto que arranca, gana o roba cada equipo.
Una vez más, Thiago salta.
Esta vez rompe el equilibrio de Betzabeth, capitana del equipo blanco.
Toca el balón, pero sin la fuerza suficiente: pierde efecto y cae muerta, como un corazón sin pulso.
Geraldin Vivanco aparece por su costado, veloz; Golpea la pelota hacia arriba con una elegancia casi celestial.
Doce jugadores siguen el esferoide con la mirada: doce almas atrapadas en la adicción del juego.
Rubén Carrión la recibe con firmeza, la baja y la coloca en el centro como una ofrenda al destino.
Thiago Corre.
Thiago Salta.
Impacta la pelota con la parte posterior de la mano: un golpe seco, preciso, dueño del aire.
Y justo en el contacto…
le guiña un ojo a Betzabeth.
Un gesto mínimo, pero explosivo.
Ella se desconcentra, sus dedos dudan, la respiración tropieza.
Cuando la pelota llega a su zona, falla.
El balón cae.
Golpea la tierra.
Y el punto decisivo se lo lleva el equipo rojo.
Thiago celebra con esa felicidad pura que solo conocen quienes viven para estas noches.
Sus compañeros lo rodean como si fuera un talismán que altera el destino del juego solo con tocar el balón.
Ambos equipos toman agua, secan el sudor.
Muchos del equipo blanco están desanimados: Betzabeth nunca falla, pero hoy cayó de forma mediocre.
Varias mujeres rodean a la capitana, reprochándole en voz baja.
Thiago observa la escena.
Luego deja la toalla sobre su hombro y se dirige hacia la tribuna donde una niña de siete años —cabello rubio ensortijado, rostro angelical, cachetes redondos y ojos verdes brillantes— lo mira con una mezcla de vergüenza y enojo.
Sus labios rosados no paran de humedecerse por puro nerviosismo.
—Hola, Carmila, ¿qué te pareció el partido?
—Thiago Serafín.
La niña voltea la cabeza con asco.
—Estoy mal…
¿qué esperabas?
Le ganaste a mi mamá —Carmila Flynn Montalvo.
—No fue mi intención, ya sabes cómo es el juego.
—Thiago.
—No sé cómo es el juego —responde ella, ofendida.
Thiago le hace una seña para que espere, abre su mochila y saca una tableta de Chocolate Reyna Abeja Bloom , envuelta en papel platino dorado.
Se lo ofrece.
Carmila intenta resistirse, pero es inútil: la fama de ese chocolate la supera.
Lo huele, sus ojos se iluminan.
Abre la envoltura y muerde.
—Gracias, Thiago.
Por esta vez te perdono —Carmila.
—Carmila, ven ya, es hora de irnos —Betzabeth Montalvo.
Thiago saca un paquete envuelto y una nota.
—Carmila, ¿me ayudas?
Entrégale esto a tu mamá.
—Thiago.
—Sí, claro —dice la niña, corriendo hacia Betzabeth con el paquete y el chocolate en mano.
Betzabeth lo abre, lee la nota, y al levantar la vista busca a Thiago.
Lo encuentra.
Él evita su mirada.
La nota decía: “Cuando nos volvamos a ver…
espero que lo lleves puesto”.
Betzabeth y Carmila se alejaron hacia el horizonte, mientras la luna intensificaba su luz sobre la cancha como un reflector del destino.
Thiago se quedó solo.
Solo con el eco del partido en su mente, con el sabor del triunfo en la boca…
y con la duda punzante de sus propias intenciones.
Sabía que lo que acababa de iniciar no era un gesto inocente, ni un detalle casual.
Era el comienzo de un nuevo juego…
uno que solo se aprende a sostener entre sudor, lágrimas y ese extraño éxtasis que rosa lo prohibido.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES EvaMaria_Sa_Me Carmila Flynn Montalvo.____ Soy pequeña.
Siempre lo he sido.
Mi mano se pierde dentro de la mano de mi mamá cuando me lleva a la cancha, allá donde la arena de Tungsteno se mete en los zapatos y no sale nunca.
No sé por qué vamos tantas veces a la semana, ni por qué a veces mi mamá se queda quieta, como congelada, cuando aparece ese chico alto y joven… ¿cómo se llama?
Ah, sí: Thiago Serafín.
Serafín suena como el dibujo que veo en la tele, el de los ángeles que salvan el día.
Me pregunto si él también será un héroe.
Yo no sé bien qué es un héroe.
Mi papá casi nunca está y cuando lo veo usa ropa distinta: a veces parece heladero, otras mendigo, otras barrendero.
Mamá dice que tiene muchos trabajos.
Una vez encontré una placa rara entre sus cosas, como las de los policías, pero no pregunté.
Me gusta Thiago porque me habla, me pregunta cómo estoy y me regala chocolates.
Cuando sonríe, siento algo bonito, como cuando uno cree que todo va a estar bien.
A veces imagino que sería lindo que alguien me diga lo que nunca escuché: “Carmila, eres la niña de mis ojos”.
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