EL ALTO TUNGSTENO - Capítulo 14
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- Capítulo 14 - 14 CAPITULO N° 12 LAS TRES MUJERES DE LA REVELACIÓN
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14: CAPITULO N° 12 : LAS TRES MUJERES DE LA REVELACIÓN.
14: CAPITULO N° 12 : LAS TRES MUJERES DE LA REVELACIÓN.
13 de Diciembre del 2024 Las tres mujeres, al notar que Walter Serafín Polmod se demoraba en regresar al auto y al percibir una discusión creciente, decidieron bajar de la camioneta.
La primera era una mujer de aproximadamente 45 años, rubia, de ojos azules intensos y labios carnosos.
Vestía un pantalón jean ajustado metido dentro de unas botas altas de cuero cubiertas de piel de tejón, que le daban una apariencia casi melenuda.
Los tacones, de diez centímetros, realzaban su figura esbelta.
Usaba una blusa negra adornada con flores rojas que brillaban suavemente bajo la luz nocturna; una correa hecha de argollas metálicas ceñía su cintura.
Sobre todo ello llevaba una gabardina larga color marrón, de cuero impermeable.
Su cabello lacio, brillante, caía perfecto sobre sus hombros.
Pese a su edad, su belleza seguía intacta, marcada por una piel clara y una postura que denotaba seguridad.
A su derecha descendió la segunda mujer, la que capturó de inmediato la atención de Thiago.
Su cabello era pelirrojo intenso, casi una antorcha viva, largo y semiondulado, más rebelde que ensortijado.
Sus ojos azul cobalto parecían encenderse cuando miraba de reojo.
Vestía una minifalda sobre un pantalón de lana gris, combinada con unas botas negras de cuero, altas y robustas.
Llevaba una casaca de cuero ajustada a los contornos de su cuerpo atlético.
En su cuello lucía un gargantilla de cuero negro con una hebilla de metal plateado y, sobre ella, un collar con un símbolo peculiar: un corazón negro con un rombo inscrito en el centro.
Sus orejas estaban adornadas con aretes de plumas negras y varios piercings a lo largo del contorno.
Su rostro, agraciado pero desafiante, irradiaba un aire gótico y hostil.
Al acomodarse la casaca antes de cerrarla, Thiago pudo ver que no llevaba blusa debajo, sino un mini corset negro, más parecido a un sujetador deportivo reducido, que dejaba ver su abdomen plano y marcado.
La tercera mujer fue la última en bajar, y su presencia tenía un peso propio.
Su cabello negro azabache, largo y ondulado, caía como una cortina de tinta brillante sobre sus hombros.
Su piel trigueña contrastaba con la luz artificial, otorgándole un aire misterioso.
Vestía una falda larga asimétrica color carbón, que se movía como humo con cada paso.
Debajo llevaba medias de red gruesa, trazadas en patrones geométricos que destacaban sus piernas.
Sus botas eran llamativas: botas de plataforma alta, cuero negro, múltiples correas y hebillas plateadas que tintineaban con suavidad.
En la parte superior llevaba una camisa blanca sin mangas, sencilla, ajustada solo lo necesario para insinuar su figura sin exagerar.
Encima, un chaleco corto de cuero negro, decorado con pequeñas argollas metálicas en la espalda.
En su cuello brillaba una piedra de obsidiana en forma de lágrima invertida, pulida a mano.
Sus labios rojo vino oscuro contrastaban con sus ojos marrones profundos, que guardaban una expresión que oscilaba entre introspección y desafío.
Cada movimiento suyo denunciaba una personalidad fuerte, silenciosa, casi felina.
Walter se acercó a Thiago con su sonrisa ladeada de siempre, disfrutando del desconcierto ajeno.
—Antes que me vaya, te presento a mis amigas —dijo con un tono ambiguo—.
La rubia alta es Sofía García López; estoy saliendo con ella por el momento.
La del cabello pelirrojo es Valeria Rodríguez García, tiene 23 años.
Y la del cabello negro es Daniela Moreno García, tiene 20.
Walter soltó una corta risa, amarga y orgullosa.
—Antes que te des cuenta… ellas son mis hijas adoptivas.
Ahora sí.
Salúdalas.
— Walter Serafín.
Thiago se quedó paralizado.
Un instante apenas, pero suficiente para que la lengua se le trabara y su mente se enredara en pensamientos sin forma.
Quería saludar… pero ninguna palabra salía.
Como si su cerebro hubiera activado todos los botones equivocados a la vez.
Valeria Rodríguez lo notó.
Y sonrió con esa sonrisa suya: burlona, felina, provocadora.
Avanzó hacia él con pasos rápidos y seguros; lo tomó de la mano sin pedir permiso, se inclinó, se puso de puntitas para alcanzar su rostro y le dio un beso—no en la boca, pero sí demasiado cerca—un beso suave, pero peligrosamente sensual.
Luego le susurró algo en el oído, cálido, eléctrico.
—Mucho gusto de conocerte.
Siempre escuché de ti… pero no imaginaba que fueras tan alto.
— Valeria Rodríguez.
Thiago sintió cómo el odio que tenía hacia su padre se apagaba por un segundo, como si alguien le hubiese desconectado el rencor del cerebro.
Se llevó la mano derecha a la frente, aturdido.
Sofía García extendió la mano con elegancia.
—Qué bueno que por fin nos conozcamos.
— Sofía García.
Daniela Moreno, en cambio, se limitó a mirarlo fijo, con ese aire suyo entre indiferente y analítico.
—La verdad no sé qué decir… pero supongamos que es bueno que nos conozcamos.
— Daniela Moreno.
Walter Serafín bufó.
—Pensaba ir a tomar una cerveza con mi hijo.
Me encanta la de trigo, ya lo sabes… pero me doy con la ingrata sorpresa de que me tiene un resentimiento terrible, ¿sabes?
— Walter Serafín.
Lo dijo demasiado fuerte.
Un reproche disfrazado de queja.
Y también porque intuía que alguna de sus hijas políticas había hecho que Thiago cambiara de opinión.
Solo no sabía cuál.
Thiago respiró hondo, apretó los dientes.
—No hay necesidad de ser tan dramático, padre.
Está bien… vamos por esas cervezas.
Pero imagino que… ¿pagarás tú?
— Thiago Serafín.
—¡Claro que sí!
Siempre.
Aparte… eres mi hijo.
Es mi deber.
— Walter Serafín.
Y sin más discusión, Thiago subió a su moto Yamaha YZ125 azul Detrás de él, Sofía, Valeria y Daniela se acomodaron en los asientos posteriores de la camioneta: una rubia clásica, una pelirroja incendiaria, una morena enigmática.
El motor rugió la camioneta avanza con gran facilidad, por el camino empedrado.
La moto se queda atrás siguiendo a cierta distancia de la máquina.
Las luces del campo deportivo quedaron atrás.
La camioneta se internó en la noche, rumbo al bulevar de discotecas: lugar de cuerpos mezclados, bebidas calientes y frías, música que borra el nombre propio, y esa oscuridad dulce donde uno olvida quién es, con quién está… y en la piel de quién terminará.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES EvaMaria_Sa_Me Sofía García: =====Soy la mujer que todo el mundo ha deseado por mi altura, belleza y por mi cabello largo rubio…
mucho me han dominado.
Someterme es tu deber como hombre; muchos compartieron el lecho conmigo, soy la yegua arisca.
Soy la mujer a la que le gusta el trato rudo pero…
¡no te olvides que, a pesar de todo, sigo siendo mujer y duele!
—————————————————————————————————————————————— Valeria Rodríguez García: ==== Soy rebeldía.
Corro, con piernas o motores, eso no importa porque no me detendré; soy viento como una tormenta en medio de Haití…
Soy lo último que verás si me traicionas, soy la hiena… Los potros salvajes me quieren domesticar, pero lo único que consiguen es cansarse y hay arrebato.
Antes de que me robes el corazón, te robaré todo lo que tienes… Solo un macho alfa que lleve su vida al límite conseguirá mi amor.
—————————————————————————————————————————————— Daniela Moreno García: ====No recuerdo haber tenido padre, y si lo tuve, jamás me dio atenciones…
No deseo ser sometida como mi madre, tampoco me gusta rebasar los límites de velocidad o cometer actos ilícitos.
Soy paz, soy tranquilidad, y si me visto así —como gótica, modo zen o taichí— es porque finjo ser otra por mi familia…
Busco una compañía más que un amor; deseo como cualquier otra mujer, pero me gustan mucho las atenciones, los cuidados.
Ámame como un padre y te entregaré mi corazón… Búscame como una mujer y jamás me volverás a ver.
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