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EL ALTO TUNGSTENO - Capítulo 15

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  4. Capítulo 15 - 15 CAPÍTULO N° 13 EL BULEVAR Chayqa wañuy mayu
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15: CAPÍTULO N° 13: EL BULEVAR “Chayqa wañuy mayu” 15: CAPÍTULO N° 13: EL BULEVAR “Chayqa wañuy mayu” 13 de diciembre del 2024 En la ciudad, todos duermen tarde.

Nadie se acuesta sin haber ingerido antes una copita de «calientito», aunque a muchos no les gusta llamarlo de forma vulgar.

Así que lo llaman «Incandescente»: una bebida caliente hecha a base de licor de caña, zumo de limón, miel, menta, canela, clavo de olor y hierba luisa que calienta el cuerpo en la temporada gélida.

Muchos lo han tomado ya como una costumbre, una tradición no escrita.

Esta ciudad tiene sus límites.

Para el que ha vivido por lo menos un par de años dentro del frío Tungsteno, entenderá que la cancha deportiva, la metalúrgica de fundición, la mina (The Sterling Tungsten Works), el cementerio (Todas las Voces) y las cuevas de Amaranta, la Catarata La Mula.

Son los hitos más cercanos.

Se distinguen porque el terreno carece de asfalto; es, en realidad, suelo agreste en estado bruto, con salpicaduras de piedra erosionada por la lluvia y el sol.

La camioneta Chevrolet C10 Crew Cab, modelo de la tercera generación, ingresó al centro de la ciudad después de recorrer la trocha de los límites; la seguía de cerca una motocicleta Yamaha YZ125 azul.

El camino se presentaba como una calzada de doble vía, visible gracias a los faroles que emitían una luz blanca, creando un aura angelical en los puntos donde estaban ubicados.

Al costado se erigían casas de quincha, material noble o adobe, siempre rodeando algún pequeño parque de esparcimiento para quienes tenían niños en casa.

En las esquinas, la oscuridad se presentaba densa, pues la luz lunar no alcanzaba los recovecos más escondidos por la arquitectura.

Personas con pantalones negros, casacas grises y chompas largas de lana o franela caminaban con gorros calados hasta la frente.

La camioneta se detuvo en una intersección en la avenida Crisantemo Blue.

Thiago no pudo evitar silbar; le desesperaba esperar la luz roja.

En el interior de la Chevrolet C10, Valeria intentaba acurrucarse en el cuero grueso de su casaca porque el frío comenzaba a volverse recio.

Daniela, por su parte, observaba la ciudad; para ella, aquello era una arquitectura nueva.

En los barrios que rodeaban su hogar solo se percibía concreto frío, suciedad y desprecio por lo honesto, pero parecía que Tungsteno le ofrecía una perspectiva diferente: paz.

La gente caminaba despreocupada, como si de verdad no les pasara nada, o al menos eso aparentaban.

El asombro la mantenía pegada a la ventana izquierda y al parabrisas.

Al elevar la mirada, algo llamó la atención de Valeria en el segundo piso de un hospedaje que lucía un letrero de neón: «Damaris».

Una ventana estaba abierta.

En el interior se veían las piernas de una mujer desprovistas de tela, cuyos talones descansaban en los hombros de la silueta de un hombre alto.

Debido a la falta de luz, la imagen de su torso se percibía tenue.

Valeria volteó para empujar a su hermana con el hombro, indicándole con el dedo la escena, pero al volver a fijar la vista, notó que la ventana ya estaba cerrada.

Daniela, por insistencia de Valeria, dejó de ver las calles para pegarse al vidrio, uniendo su rostro al de su hermana, pero solo logró ver el letrero luminoso y, más abajo, el marco de madera oscura de una ventana cuadrada alumbrada por una luz amarilla.

—¿Qué pasó, Valeria?

No veo nada —dijo Daniela Moreno García, desconcertada.

—Parece que, mientras nosotras estamos aburridas, hay mujeres que se están divirtiendo a lo grande…

qué envidia me da, ¿sabes?

—respondió Valeria Rodríguez García.

—Bueno…

no sé lo que hayas visto, pero es viernes por la noche.

Ya empezó el weekend.

Todos tenemos derecho, hermana —dijo Daniela.

—Puede…

que tengas razón —respondió Valeria con un resoplido y un suspiro de frustración.

Walter Serafín, al escuchar el sonido de Valeria, intentó tranquilizarla: —No se preocupen, ya casi llegamos.

Cenaremos pronto.

La luz cambió a verde y la Chevrolet C10 Crew Cab siguió su curso.

Thiago, dentro de su casco hermético, suspiró al llegar a la conclusión de que se encontraba siguiendo a la camioneta de su malnacido padre un viernes por la noche.

«Inició el weekend y yo siguiendo a un desgraciado por Tungsteno», pensó Thiago Serafín.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES EvaMaria_Sa_Me Nunca en mi vida había visto una ciudad así; un lugar que no fuera sinónimo de violencia o desprecio por lo auténtico y lo humano.

Me quedé impresionada con los faroles antiguos de la época de 1850; sus luces de gas despiertan en el globo ocular un aura angelical.

Sus habitantes viven y heredan este frío Tungsteno desde hace cinco generaciones…

No es perfecto, más bien todo lo contrario: el hielo se siente en el aire y me duele la cabeza cuando pienso mucho en mi Tungsteno.

Pero, aun así, hay algo especial en saludar a mi vecino, a mi hermano en el sufrimiento de vivir en uno de los rincones más apartados y gélidos de mi país.

Todo esto es tan distinto a mi pueblo, Darketernal: aquel lugar es oscuro, mentiroso y te consume.

En cambio, aquí solo encuentro amor; del que duele, del que importa.

======= Daniela Moreno García

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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