EL ALTO TUNGSTENO - Capítulo 19
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19: CAPITULO NRO 17 : ¡ESA!
LA YEGUA ARISCA 19: CAPITULO NRO 17 : ¡ESA!
LA YEGUA ARISCA 13 de Diciembre del 2024 ¡Esa!
hembra sana, muchas veces considerada así por hombres.
Que solo recuerda como machos altos, de caja torácica amplia, pero con ojos oscuros como sombras y libido de adolescente que raya en la obsesión…
del sexo.
Sofía sujetaba con fuerza la jarra de cristal que contenía el Incandescente.
Se servía con total soltura, engullendo vaso tras vaso de ese aguardiente de caña que todos en Tungsteno idolatran.
Esa, que siempre fue demasiado fina para tales insultos a su paladar y a su hígado, hoy se sentía como una yegua arisca e indomable.
Al llegar al séptimo vaso, casi lamía el frío cristal, metiendo la lengua en el interior del recipiente para llevarse a la boca las últimas gotas.
Llora arrugando el rostro, incapaz de contener la impotencia de su belleza.
Una belleza prepotente que, según el ángulo, era bendición o maldición; una que humillaba a otras mujeres pero que la reducía a ella a una criatura tridimensional, útil solo para los gritos entre sábanas blancas.
Una jinete de la exploración que montaba incesante hasta dejar a los hombres inconscientes, pero jamás indiferentes a su gloria.
Bajó la mirada y se acomodó el cabello rubio, cubriéndose con su melena como si fuera un manto que cubría su sufrimiento ante el ojo acusador de los comensales que comenzaban a murmurar.
La mujer de principios blancos era ahora un trapo perfumado, sucio de todos los que habían aspirado su aroma hasta quedar hipnotizados.
Thiago observaba cómo esa mujer, tan alta y segura, se desmoronaba.
Sus ojos, aunque quisieran, no mentían; solo callaban.
Sofía se levantó y caminó hacia el baño.
Al entrar, abrió el grifo y se mojó el rostro, intentando recuperar una compostura que daban vueltas en su cabeza junto a las frases de su torturador: «Sofía solo es una hembra sana».
«Carne de calidad, pero carne al fin».
«Recibe tu herencia, pichón».
—Pensé que era algo más que sexo, algo más que una yegua arisca que relincha cuando la montan —susurró Sofía entre sollozos.
Afuera, el aire seguía cargado.
—Perdona a padre, Thiago.
Lo hizo otra vez, ¿cierto?
—dijo Valeria Rodríguez García.
—Sí…
Para mí, Walter es una canción mal contada que se hace cada vez más insoportable —respondió Thiago Serafín Saavedra.
—Como siempre, no tiene tacto.
Pero, al final de cuentas, es un hombre, ¿cierto?
Parece que todos los nacidos en esta maldita tierra son hielo y metal —añadió Valeria Rodríguez García.
Daniela Moreno García intervino sin asomo de sonrisa: —Él siempre olvida que somos mujeres.
Que, por más grandes que seamos, somos rosas en un desierto.
Que puede quemarnos con su hielo.
No somos máquinas ni bestias que galopan.
Espero que no seas así, Thiago; no soportaría otro frío como el de Tungsteno encima de mí.
Thiago la miró fijamente, tomando con su mano derecha las llaves que depositó en su bolsillo.
—Yo no soy Walter.
Soy Thiago, y aunque esta tierra sea fría, en mi pecho hay una flama difícil de apagar, ¿sabes?
REFLEXIONES DE LOS CREADORES EvaMaria_Sa_Me «He conocido a muchos hombres en mi vida.
Algunos tienen la libido de un adolescente; otros son machos que se imponen; algunos abusan de su poder; y otros, los más elegantes, simplemente me arrancan el corazón.
Yo ya no estoy para que me traten como a una hembra sana o una yegua arisca; estoy para ser dominada, pero amada».
_________________________Sofía García
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