EL ALTO TUNGSTENO - Capítulo 20
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- Capítulo 20 - 20 CAPÍTULO Nro 18 LA HIENA REBELDE
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20: CAPÍTULO Nro 18 : LA HIENA REBELDE.
20: CAPÍTULO Nro 18 : LA HIENA REBELDE.
13 de Diciembre del 2024.
—¡Esperemos que sea cierto, Thios!
¿Te puedo decir de cariño Thios?
—dijo Daniela Moreno García, abrazando a Thiago por el cuello en señal de afecto.
Thiago solo se rio, rascándose la cabeza con su mano derecha, señal de vergüenza.
—Madre se está demorando mucho…
Dani, ¿crees que estará bien?
—preguntó Valeria Rodríguez García, mirando con fijeza hacia la puerta del baño.
—¿Vamos a verla, Vale?
—respondió Daniela.
—Vamos…
pero yo voy detrás de ti, señorita —dijo Valeria.
—¿Pero?
¿Pero…?
—replicó Daniela.
En ese momento, Daniela se dio cuenta de que Valeria no le quitaba la vista de encima a Thiago.
No indagó más; era evidente que, por alguna razón, su hermana quería quedarse a solas con el chico.
Sin decir palabra, se retiró en dirección al baño.
—¿Te gustó, verdad, Thiago?
—soltó Valeria, poniendo la pregunta sobre la mesa sin rodeos.
Thiago se quedó mudo.
Succionó sus labios hacia adentro porque la pregunta lo desarmó.
Es muy distinto planear una conquista o dar el primer paso, que ser confrontado por el deseo de otro.
Cuando el punto más débil es evocado y la otra persona toma la iniciativa antes de que uno pueda procesarlo, la ecuación se vuelve difícil de resolver.
—Este…
bueno, no sabría decirte porque…
—tartamudeó Thiago Serafín Saavedra.
Valeria se acercó con rapidez.
Puso su dedo índice sobre los labios del joven para silenciarlo.
—Shh, shh.
No digas más, ¿sí?
—sentenció Valeria—.
Yo soy como una hiena: una rebelde que avanza y jamás piensa en detenerse.
Soy un sigilo perturbador.
Mi corazón es mi brújula y mi sexo es mi cruz, porque el “potro salvaje” siempre ha querido domesticarme.
Pero yo no soy solo una chica, una muchacha o placer.
Soy adrenalina y soy herida.
Al terminar, rodeó el cuello de Thiago sin ejercer fuerza, solo para sentirlo.
Acarició su mandíbula de varón y olfateó profundamente su aroma a violetas silvestres, terminando muy cerca de su oreja.
—Ya vuelvo, niño.
Espérame —susurró Valeria antes de retirarse.
Valeria se alejó hacia el baño, dejando atrás a un Thiago desconcertado que se llevó la mano al oído izquierdo, sintiendo que una idea nueva le hacía cosquillas en la mente.
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