EL ALTO TUNGSTENO - Capítulo 22
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22: CAPITULO Nro.
20 : GLENDA URQUIDE.
22: CAPITULO Nro.
20 : GLENDA URQUIDE.
—Perdón si fui impertinente…
estaba en el baño y no pude evitar escuchar su discusión —dice Glenda Urquide.
Así se presentó la mujer que vociferó la única solución a este dilema: ¿quién se quedará más tiempo con Thiago?
La respuesta era valerse del azar.
Sofía García, siendo en ese momento la más desconfiada, observa la superficie de la intrusa y reconoce en ella a una mujer trabajadora.
La describe como una mujer de tez morena y ojos redondos de color marrón.
Su cabello, negro azabache, es ondulado y crespo; un matorral que se enredaría fácilmente si no fuera por las cremas o por el hábito de cepillarse cuarenta veces por la mañana y otras tantas por la noche.
Su rostro muestra rasgos mestizos, más nativos que africanos.
Tiene una frente amplia y cejas depiladas con un delineador color café.
Sus pestañas, largas por naturaleza, enmarcan unos cachetes que la hacen ver como una mujer llena de vida, capaz de dibujar muy bien su sonrisa.
Sus labios son gruesos; el superior marca una «M» tan definida que hace pensar a los incautos en una sola cosa: besos furtivos.
Sus orejas son grandes.
A decir verdad, es un rasgo físico que desde niña, y con sus primeros amantes, le ocasionó problemas de baja autoestima.
Por ello acostumbra cubrirlas con su cabello, corto hasta los hombros y adornado con rayos marrón claro.
Viste un polo de lana negro con cuello en V que contiene su generoso busto, bajo una casaca de lana gris que le llega a la mitad de la pierna.
Sus pantalones jean están desgastados, con sombras blancas en ambos costados.
Sus muslos son gruesos, endurecidos por el peso que cargó durante años en trabajos eventuales mientras ahorraba.
Tiene pantorrillas delgadas que otras mujeres desestiman, pero que en ella son parte de su belleza.
Calza botines de cuero plomo con punta de acero y un tacón de cuatro centímetros que intenta disimular su baja estatura: apenas mide 1.54 m.
Es menuda.
Como accesorios, lleva un reloj de pulsera en el brazo derecho y un mandil blanco impecable, ceñido a la cadera.
No podría considerársela una chica estética o citadina; al contrario, es una mujer del campo, de la sierra fría.
Tiene caderas amplias y pies un poco más grandes, talla 39.
Sus talones son gruesos; los dedos pulgares, tanto de los pies como de las manos, son más largos y anchos.
Posee un abdomen con una complexión equilibrada entre músculo y grasa.
Muchas mujeres dicen que es gorda o llenita; algunas, más cariñosas, dirán que es una «gordita linda».
En cambio, los varones la han llamado «mamita» o «serrana», y algunos más atrevidos dicen que es una «chola brava».
En el baño, frente a las tres mujeres que acaba de conocer, Glenda Urquide mete la mano en su mandil y extrae un puñado de popotes de plástico.
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