EL ALTO TUNGSTENO - Capítulo 27
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27: Capítulo Nro.
25: DISTORSION.
27: Capítulo Nro.
25: DISTORSION.
Poco a poco, el recuerdo de cómo inició tomando esa bebida se fue diluyendo.
Era como si parte de su memoria a corto plazo perdiera consistencia.
Desaparecía en los rincones más alejados de su mente.
Hasta que lo escuchó.
Una pregunta que sintió que debía ignorar.
-Thiago, ¿podrías ir al baño?
-ordena Glenda.
-No quiero ir al baño -responde Thiago, aburrido.
Pero en la oscuridad de su mente algo se ilumina.
Una intensa luz verde comienza a escribir sin cesar.
<<Tienes que ir al baño, Thiago>> <<Sabes que en ese rincón húmedo encontrarás paz, Thios>> <<El Regalis Verde es fuerte.
Debes expulsarlo>> <<¿Crees que de verdad ese es mi destino…
el baño?>> <<Claro que sí, Thiago.
Claro que sí, hijo.
Claro que sí, pichón.
Ese es mi hijo.
Un caballo chúcaro de pura raza.>> Sus piernas tiemblan.
No puede ignorar la orden.
Las voces.
Solo desea sentir eso delicioso que promete el baño.
Un misterio que se esconde ahí.
¿Cuánto podría resistir una mente sugestionada a través de una orden?
Su corazón se agita.
Observa sus manos.
Están manchadas.
Su corazón se agita.
Observa sus manos manchadas.
En la palma solo distingue un color anaranjado, brillante y fosforescente.
Levanta la vista.
Ve a Valeria con los brazos cruzados, recostada sobre la mesa, aburrida.
Pero la ve temblar, vibrar, como si la línea que dibuja su silueta se contorsionara y se diluyera un poco.
No puede evitar pensar: <<¿Por qué Daniela no deja de observar a Sofía?>> Los ojos de Daniela brillan con una luz plateada que le impide distinguir sus pupilas.
Sus dientes los percibe de un color rosa claro, idéntico al de la goma de mascar.
Al momento de levantarse se sintió rígido.
No se asustó por el movimiento involuntario; en realidad, estaba emocionado.
Observa un valle de manzanos, rodeado por un campo púrpura de flores violetas.
No recuerda que, hasta hace un momento, estaba tomando una bebida verde junto a Valeria y Daniela.
Solo sabe que debe caminar de frente.
Que, por nada del mundo, debe detenerse.
Antes de terminar de cruzar el campo de flores, se dibuja una puerta marrón con un letrero que dice: bathroom.
Se limita a empujarla, sin saber qué encontrará detrás de su oscuridad.
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