EL ALTO TUNGSTENO - Capítulo 28
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
28: Capítulo Nro.
26 : EL ESPEJO DE THIAGO.
28: Capítulo Nro.
26 : EL ESPEJO DE THIAGO.
Dentro no se parece a un baño.
Es oscuro.
El fluorescente ya no expulsa su luz.
Hay reflejos púrpura, brillantes, que rodean las paredes.
Thiago solo puede ver mármol negro, como la obsidiana.
Suda.
Siente miedo, porque ese rincón -que parece el interior de una caja de música- lo ha aislado del mundo exterior.
-Oh, Dios…
¿dónde estoy?
¿Por qué estoy tan solo?
-murmura Thiago, hundido en su soledad.
Se acerca al espejo.
Está roto.
Quebrado.
Observa cómo un fragmento solo puede reflejar su ojo derecho.
Otro fragmento, más alejado, muestra su ojo izquierdo.
Su boca aparece en la parte inferior del espejo.
Su nariz, en la parte superior de la superficie.
Jamás se había detenido a pensar en su rostro.
En que sus labios son gruesos, algo grotescos para un hombre.
En que sus dientes delanteros son demasiado grandes.
En que su nariz es respingada.
En que sus cejas son pobladas.
Pero, sobre todo, en que su ceño está marcado por una cicatriz que no logra recordar con claridad.
Thiago no tolera verlo.
Su rostro es un conjunto de imperfecciones.
Errores unidos por carne, hueso y sangre.
Golpea el vidrio con su puño.
Sin pensarlo, vuelve a golpear.
Una y otra vez.
<<¿Qué estoy haciendo, mamá?>> -piensa Thiago.
Pero al mirar sus nudillos, no hay sangre.
El espejo sigue en su sitio.
Los pedazos de vidrio no se desprenden.
Tampoco se agrietan.
Sigue mostrando su ridícula fealdad.
No puede ver su rostro.
En su lugar aparece ella.
Marina Saavedra Llosa.
La cucufata.
La que se viste de madre dentro de la casa y aplica reglas como si fueran mandamientos.
La que, fuera de ella, se pone el mandil, abraza y trata con amor incondicional a niños que no son suyos.
La misma que prefiere salir con sus amigos.
Con Mauricio, un chico que conoció hace apenas dos meses, antes que quedarse a cenar con su hijo.
<<Thiago, ¿cuántas veces te tengo que decir que recojas tu copa sucia y te pongas a lavar?>> <<Ay, no me digas que otra vez perdiste la llave.
¿No ves el gasto que me ocasionas?>> <<Sabes que no me siento bien.
Toma dinero, cómprate algo de almuerzo en la calle.
Hoy no comeré.
Déjame sola, ¿no entiendes?>> Siempre deprimida.
Siempre seca.
Siempre intentando ser buena madre.
Pocas veces atenta con su hijo, que cada día se hace más hombre.
El vidrio tiembla.
Como si algo se moviera dentro del espejo.
Un temblor telúrico que lo quiebra un poco más.
Entonces ve los ojos.
Ojos de furia.
Un ceño terriblemente fruncido.
Una mirada dura como el metal Tungsteno.
Fría.
Cortante.
Inhumana.
-Oh, Dios…
¿por qué has venido?
-¡Ven acá, que te mataré, maldito desgraciado!
Intenta empujar el espejo.
Abrirlo como si fuera una puerta.
Pero no puede.
Por más que lo intente, no logra entrar en esos pedazos de cristal.
No puede alcanzar eso grotesco que desea herir.
Es imposible.
Entonces escucha risas.
Risas gruesas, como las de un ogro.
Una voz rasposa.
Las cuerdas vocales gastadas, rotas.
<<Pichón…
¿no sabes que tú eres yo y yo soy tú?>> -Estás loco, padre…
-No sabes que yo soy muy distinto a ti -murmura Thiago.
<<¿En qué?>> -Yo sí tuve los cojones de reclamarle a mi padre sus pecados.
-De herirlo.
-En cambio tú, con toda tu fuerza, jamás le dijiste nada a mi abuelo.
-Cobarde -exclama Thiago, con furia.
<<Estás muy gracioso, Thiago.
Al final volveré a someter a tu madre hasta que me ruegue que siga siendo el marido violento, cruel y machista que siempre ha conocido.>> -Si vuelves a hacer eso, te mato con mis propias manos.
-Te arrancaré los ojos para que no veas mi fealdad -sentencia Thiago.
El espejo no responde.
Pero tampoco se rompe.
Siente algo húmedo en sus pantalones; no sabe qué es, desconoce esa sensación porque nunca antes la ha sentido.
Al bajar la mirada, puede ver una hermosa cabellera pelirroja que emula al fuego; su cabello es semiondulado.
Parece que ella está arrodillada en el piso por él.
Thiago toca su cabeza intentando apartarla, pero ella, al sentir la resistencia, se aferra más a él.
Ella levanta la vista y él logra ver sus grandes ojos de azul cobalto.
Comienza a sentir un cosquilleo fuerte que lo desespera, que le hace latir fuerte el corazón.
Los ojos de ella, que no apartan la mirada, lo ponen muy nervioso.
-Abran la puerta.
¿Por qué cierran la puerta?
Tengo que ingresar al baño, es urgente.
Thiago escucha múltiples voces que se quejan de no poder entrar.
Al bajar la mirada, la imagen de la chica pelirroja se difumina como una neblina roja.
Al recobrar la conciencia, se ve dentro de un cubículo, tal vez una letrina.
Sigue viendo la hermosa y larga cabellera de la pelirroja.
Ahora puede incluso oler su aroma: L’Éclat de L’Bel.
Su minifalda está remangada en sus caderas; la pantaloneta de lana está bajada a la altura de sus rodillas.
A donde mire puede ver su piel; no sabe por qué, pero está tocando sus caderas y nota que en el glúteo izquierdo tiene un lunar color café con forma de media luna de ocho centímetros.
Ella está con las manos sobre la pared de la letrina.
Thiago no sabe por qué, pero siente instintivamente que tiene que empujar, aunque no sepa exactamente por qué lo hace una y otra vez, entre los gemidos de Valeria y los rugidos de él.
Van desapareciendo los recuerdos perniciosos de su padre y su madre en medio de una vorágine de libertad, limitada por un baño, mientras la gente reclama: -¡Quién demonios cerró el baño!
Glenda solo llega a decir: -Tranquilos, solo está en mantenimiento.
Pero los comensales insisten.
-¡Haga algo, señorita!
¡Parece que alguien se muere adentro!
REFLEXIONES DE LOS CREADORES EvaMaria_Sa_Me Yo soy hijo, tengo flama en mi pecho.
No soy cadena de mi madre ni tampoco reflejo de mi padre.
Odio a las cucufatas, pero también a las bestias de furia.
Si eres hijo como yo y repudias a tu padre como yo, compréndeme en esta mi incertidumbre.
————-Thiago Serafín Saavedra.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com