EL ALTO TUNGSTENO - Capítulo 29
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29: Capítulo Nro.
27 : PERCEPCION 29: Capítulo Nro.
27 : PERCEPCION Justo cuando los señores que necesitaban el baño de forma urgente estaban a punto de rendirse, regresando a sus mesas furiosos, y las señoras -con el rollo de papel higiénico en mano- se despegaban de la puerta tras tanto insistir, la cerradura cedió.
La puerta se abrió con un seco «click».
Primero salió caminando un chico alto, de jeans húmedos y la frente sudada.
Sus ojos estaban inyectados en sangre y llevaba la casaca hecha un nudo entre las manos.
Tras él, el aire se sentía caliente, pesado, como si adentro se hubiera encendido una caldera.
Luego salió una mujer, más baja que él, de un metro sesenta y cinco.
Vestía una casaca de cuero negra e intentaba, con movimientos nerviosos, acomodarse la falda; con una mano revisaba que la pantaloneta gris no estuviera arrugada ni desalineada.
—Uff…
¿a qué huele el baño?
—menciona un señor, que fue el primero en ingresar.
—Parece que en este baño los dos han jodido bien —comenta una mujer de vestido elegante.
Valeria se hace la sorda.
Le conviene ignorar esos comentarios lascivos; ella sabe cuál es su verdad y punto.
Al llegar a la mesa 21, Thiago se desploma en la silla con expresión cansada y los brazos colgando.
Sofía observa que Valeria tiene los cachetes rojos.
Está algo agitada, cansada y sudada.
Se pone de pie para darle el alcance a mitad de camino y la jala del brazo.
—¿Qué tanto han estado haciendo adentro tú y Thiago solos en el baño, niña?
—pregunta Sofía.
Valeria baja la mirada.
Se sujeta el brazo izquierdo con una expresión tétrica.
—Madre…
la verdad, estoy algo asustada.
Al entrar para ver cómo se encontraba Thiago, lo vi mirando al espejo con los ojos casi en blanco.
Primero decía que su madre era una «cucufata» que solo sabe irse con Mauricio.
¿Quién será ese hombre?
Estaba llorando de impotencia, o al menos eso parecía en ese momento.
También dijo que odia a Walter, que lo va a matar si vuelve a tocar a su madre.
¿Por qué, si la ama tanto, reniega también de ella con lágrimas?
No lo sé, pero me dolió tanto verlo así…
Me quedé en silencio hasta que lo vi levantando los puños contra el espejo.
Tuve miedo de que se cortara o resultara herido, así que intenté sujetarlo del pecho, pero es tan alto y fornido que no pude.
Por último, tuve que gritarle, suplicarle arrodillada para que entrara en sí, que recordara dónde estaba…
Creo que funcionó, porque se detuvo, quedándose como congelado mientras respiraba y yo estaba a su lado consolándolo.
—cuenta Valeria.
—Vaya, en verdad le afectó mucho esa bebida verde.
Tal vez deberíamos tener cuidado al tomarla —responde Sofía.
Ve a su hija con lágrimas en los ojos, tan desconcertada por lo que vio, que le cree cada palabra sin lugar a dudas.
Valeria recibe el abrazo de su madre y luego se desprende de ella para regresar a la mesa junto a Daniela.
«Menos mal que no me preguntó por qué la puerta del baño estaba cerrada», pensó Valeria Rodríguez.
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