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EL ALTO TUNGSTENO - Capítulo 32

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  4. Capítulo 32 - 32 Capitulo N° 30 = El padrino
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32: Capitulo N° 30 = El padrino.

32: Capitulo N° 30 = El padrino.

—¿Mi señora, a quién llamó?

—pregunta Roberto Gomes.

—A Mijael Pavlov —responde Glenda.

—Ah, Mijael Pavlov…

—dice Roberto Gomes—.

Pero jefa, él es casi mafioso.

—No parece mafioso, pero tiene una discoteca —contesta Glenda.

—Pero solo invita al hombre que le cae bien.

—asegura Roberto Gomes.

—Y no solo eso —dice Glenda—, dicen que usa a las mujeres en su bungalow.

—Pero, mi señora, ¿no cree que se excedió un poco?

—pregunta Roberto Gomes.

—Ellos se excedieron.

Mira a los clientes: se van en nuestra cara.

—responde Glenda.

—Rogaré para que al señor Thiago le caiga bien —dice Roberto Gomes.

Glenda se queda en silencio.

Intentan convencer a su cliente de que no se vayan, de que ya pronto acabará.

Daniela y Valeria están aferradas al cuerpo de Thiago, mientras él solo se limita a bailar, como si escuchara un blues.

Al pasar veintiún minutos desde que Glenda Urquide hizo la llamada por el teléfono público negro, un hombre ingresa por la puerta.

La campana suena.

Mide 1 m.

95 cm.

Es musculoso.

Sus enemigos le dicen “la Mole”.

Es pelado, blanco ario, de manos grandes.

Camina como gorila.

Usa terno morado, abrigo de piel de oso negro, lentes negros aunque es de noche.

Para él, primero es el estilo que la utilidad.

Mijael atraviesa caminando hacia donde está ocurriendo el baile erótico.

Él solo ve a través de sus lentes negros.

Un hombre flaco de tungsteno que, por suerte, consiguió tres putas y quiere follarlas.

Como se siente afortunado, las presume.

Coge sus puños y los hace sonar.

—Le daré una golpiza, que no olvidara en toda su vida —murmura Mijael.

Sin pensarlo mucho.

Para él solo son negocios.

Coge de la cintura a Valeria.

La carga y la deja caer a un lado.

—No molestes, niña —dice Mijael.

Toma del hombro al chico y lo voltea de forma brusca.

Levanta su puño.

Al bajar la mano con toda su fuerza para darle en la nariz y marcarle el rostro con su anillo, Mijael se detuvo.

Se dio cuenta de que lo conoce.

—¿Hijo?

—dice Mijael.

—¡Padrino!

—responde Thiago.

El mismo que está sudando por el baile, pero suspira al sentir cómo le roza levemente el anillo de dieciocho quilates de Mijael Pavlov.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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