EL ALTO TUNGSTENO - Capítulo 40
- Inicio
- Todas las novelas
- EL ALTO TUNGSTENO
- Capítulo 40 - Capítulo 40: Capítulo Nro. 37 . A = LA DOMINACION.
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 40: Capítulo Nro. 37 . A = LA DOMINACION.
—¿Sabes? Pensé que sería feliz con ella… Después de sufrir tanto por una mujer que se olvidó de mi bienestar, se transformó en mi perdición —explica Mauricio.
—Pero por lo visto eso no pasó. Más bien te nosotros para salir y divertirte —responde Sofía—. No encuentro otra explicación para que te dejara plantado.
—No digas eso. A pesar de todo, la quiero mucho —dice Mauricio, dando otro sorbo al Regaliz Verde.
—Creo que te comprendo más de lo que imaginas. Siempre he sido tratado como una yegua sana que puede ser montada y ya… pero casi nadie me pregunta si estoy bien, si necesito algo. Me gustaría un poco más de cariño —confiesa Sofía.
—¿Y el chico con el que viniste no es mejor que muchos? —pregunta Mauricio.
—Tal vez sí, pero… no es para mí. Quizás no le importe como mujer —dice Sofía—. Al menos tengo esta copa de Regaliz Verde… mi único consuelo.
*. *. *. *. *. *. * *. * *. * *. *. *. *. *. *. * *. * *. * *. *. *. *. *. *. * *. * *. * *. *. *. *. *. *. * *. * *. * *. *. *. *
Thiago sigue de pie en un extremo de la pista de baile, con el celular en la mano. Teclea con fuerza; La pantalla se calienta.
No está paralizado ni tiene miedo. Intenta ser un buen hijo, aunque desde niño haya fallado demasiadas veces.
Mensaje de Thiago:
¿A qué te refieres, mamá? ¿Dónde estás?
Mensaje de mamá:
Visto.
Mensaje de Thiago:
“No sé qué pasó, pero sabes que estoy aquí para apoyarte.”
Mensaje de mamá:
Visto.
Poco a poco su sangre se calienta. El alcohol se pega a su sistema nervioso.
Guarda el celular con un movimiento brusco, casi violento.
El mensaje de Marina le quema el bolsillo.
Pero ya no siente compasión.
Solo indignación.
Una mujer se está saliendo del camino.
El deseo de tocarla, de hacerle sentir su fuerza —a ella ya sí mismo— se vuelve combustible.
Camina hacia la barra con paso pesado, apartando a la gente a empujones.
Su mirada se clava en la nuca de Mauricio: ese intruso que se atreve a respirar el mismo aire que Sofía.
Se detiene justo detrás de ella.
El olor del Regaliz Verde flota en el ambiente, dulce y tóxico.
Sin decir palabra, Thiago extiende el brazo y toma el hombro carnoso de Sofía.
No es un abrazo: es un peso posesivo, una marca.
— ¿Te estás divirtiendo, Sofía? —su voz suena firme, cargada de convicción.
Sofía se tensa bajo su mano. Antes de que pueda responder, Thiago hunde los dedos en su carne.
El dolor la obliga a gemir.
Thiago clava los ojos en Mauricio. La ferocidad de su mirada lo obliga a dejar el trago a medio terminar.
—Y tú eres Mauricio, ¿no? El gran novio de mi madre —escupe—. Curioso. Mi madre está sola en casa, enviándome mensajes porque se siente mal, mientras tú estás aquí, escondido en las sombras, invitando tragos raros a otra mujer.
—Thiago… no es lo que parece. Solo estábamos conversando —intenta explicarle a Mauricio, retrocediendo apenas.
—A mí no me hables de lo que parece —lo corta Thiago, avanzando hasta invadir su espacio—. Mi madre es una mujer reservada, una mujer que respeta lo que tiene. Pero tú… tú eres un gallinazo sin plumas. ¿Crees que porque ella es “hermosa” y “libre” tienes derecho a acecharla?
Aprieta aún más el hombro de Sofía.
Ella quiere hablar, pero la voz desbordada de Thiago la paraliza.
—Ella no es para ti, Mauricio. Grábatelo bien. No estás a la altura de lo que necesitas —Thiago baja la voz; ahora es peligroso—. Vuelve con mi madre y pídele perdón… o desaparece de su vida.
Luego la mira a ella.
Desliza la mano bajo la tela de su blusa y la posa sobre su clavícula, cerca del cuello.
—Y a ti… no te vuelva a tocar ni con la mirada —dicta.
Sofía intenta zafarse, pero él no la suelta.
La mira directa, ignorando por completo a Mauricio, como si ya no existiera.
—Nos vamos, Sofía. Ahora. Mi madre me necesita. Salgamos de este nido de ratas. Muévete.
No fue una invitación.
Fue una orden.
Thiago ya había decidido que la yegua regresaba al corral.
Mauricio solo fue el obstáculo que acababa de pisotear.
La toma del brazo y la arrastra a través del salón principal de la discoteca.
Por su altura y su tez, Thiago la domina con facilidad.
Sofía, aunque mayor que él, en ese instante parece indefensa.
Y él, convencido de su derecho, avanza sin mirar atrás.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com