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EL ALTO TUNGSTENO - Capítulo 51

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  4. Capítulo 51 - Capítulo 51: Capítulo Nro. 41 : C. = ¿Dónde está mi Madre?.
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Capítulo 51: Capítulo Nro. 41 : C. = ¿Dónde está mi Madre?.

Así que subió las escaleras al segundo nivel y caminó por el corredor que daba al balcón con vista al jardín trasero de la casa. El cual, con mucha dedicación, su madre formó arando la tierra, plantando pasto para que germine y colocando plantas aromáticas y cuentas en macetas.

También algunas hortalizas básicas para el menú del día. El muro de madera pirca está intacto, así como tampoco había señal de ella en su jardín.

No tocó la puerta, solo entró al cuarto de su madre. Por un momento pensó en encontrar una escena grotesca y carnal. Pero solo vio una toalla que ya estaba seca sobre la cama, sandalias húmedas y el olor al perfume Chanel Nro. 5. Ese que usa solo cuando sale con ese tal Manuel, pero… Mamá no ha estado con él.

<<¿Por qué Manuel ha estado tomando con Sofía en la discoteca?>>

<<¿Se habrán llegado a ver o acaso Marina jamás llegó a verlo?>>

<<¡Todo esto es muy extraño!>>

Le comenzó a doler la cabeza; salió del cuarto. Bajó las escaleras convencido de que su madre no se encontraba en la casa. Llegó tarde por las puras; se emocionó en vano por encontrar a su madre. Se sintió medio tonto por haber salido corriendo a buscar a su mamá, atravesando todo Tungsteno solo para ver si estaba bien…

— Pero bueno, sea donde sea que esté de seguro que está bien —piensa en voz alta Thiago—. Aunque eso no lo haría un buen hijo… podría subir a la camioneta y buscarla, ¿por qué no?

Sentía que estaba caminando dentro de una piscina de alquitrán; todo su cuerpo le dolía, pesaba más de lo usual, la visión se le oscurecía por momentos y el corazón le latía muy fuerte.

— ¿Pero qué me está pasando? —dice Thiago, que no se da cuenta de que está hablando solo.

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La cabina de la camioneta está muy oscura. Por más que intenta buscar su celular, Sofía no logra ver nada, ni siquiera sus propias manos. Así que buscó con los dedos el interruptor de la luz en el techo del auto. Al encontrarlo, lo presionó; una luz amarilla alumbró el lugar: el tablero de mando, los asientos negros, el parabrisas. Sacó su celular y se dio cuenta de que no tenía llamadas perdidas de Valeria, ni siquiera de Daniela…

— ¿Estarán bien mis hijas? —murmuró Sofía.

Al bajar la vista del celular, lo vio: el asiento del chofer, donde hasta hace un momento estaba sentado Thiago, está manchado de sangre de un color negro brillante. Cuando ves una escena similar, al principio no lo crees; tu mente se niega a aceptarlo, así que lo asocia con kétchup o con pintura, hasta que la razón se da cuenta de que es una idea incongruente y te golpeas con la verdad: un ser humano dejó una parte de su ser regada por la tierra. En este caso, una parte considerable de su ser está pegada ahí, representada por manchas frescas de sangre.

— ¡Thiago se está desangrando! —gritó Sofía.

Su corazón se aceleró. Pensó en llamar a Walter, pero se dio cuenta de que lo primero era buscar a Thiago. Se bajó de la camioneta y caminó hacia la única luz que estaba presente en el lugar: las ventanas de la casa de Thiago. Al tocar la manija, sintió temor de lo que encontraría adentro… Pero no había tiempo para dudar, así que entró. Pasó por la sala, se asomó a la cocina y no lo vio. Al avanzar más hacia el fondo, lo pudo visualizar: estaba parado al costado de la escalera, intentando llegar a la sala.

Sofía sintió mucho miedo, al punto de aterrarse; la casaca de Thiago estaba tiñéndose de un rojo oscuro. Su pantalón tiene manchas grandes de sangre. Ella no pudo más y lo abrazó, porque parecía que él se caía.

— ¿Estás bien, Thiago? ¿Dónde te cortaste? —dice Sofía.

— ¿Me corté? —responde Thiago.

— ¿Que no lo sientes? —dice Sofía.

Sofía le muestra su propia ropa, que se mancha cada vez más de sangre ajena.

— Creo que fue en la pelea con ese tal… ¿cómo se llama? Mmm… creo que Gualberto. ¿El flaco Barrientos, dijo? —dice Thiago.

Sofía tomó el brazo de Thiago, intentando ser un apoyo para él. Era difícil porque él es muy alto. Aun así, se las arregló para hacerlo caminar varios metros hasta salir de la casa… A lo lejos, vio cómo en una casa vecina se prendía la luz; una sombra los veía desde lo alto, pero ella intentó no distraerse porque cada vez el cuerpo de Thiago se ponía más pesado, como si sus fuerzas poco a poco se esfumaran.

Lo subió al asiento del copiloto. Cerró la puerta y abrió la del chofer, pero le dio asco. Tenía que sentarse en ese asiento y mancharse con la sangre del niño. Pero si no lo hacía, jamás llegarían al hospital… Así que tragó saliva y se sentó; encendió la camioneta Chevrolet C10. La llanta derrapó un rato por la velocidad que Sofía puso al pedal y arrancó; en medio de la oscuridad desapareció, dejando la calle Rukuna Chihua N° 3111 en una profunda penumbra. Con la incertidumbre de algunos vecinos, una pregunta se repetía en sus cabezas:

¿quién era esa mujer, a quién le pertenecía la camioneta y por qué estaba con el hijo de la profesora Marina Saavedra Llosa?

CONTINUARA =============>>A LA VUELTA DE LA ESQUINA.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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