EL ALTO TUNGSTENO - Capítulo 53
- Inicio
- Todas las novelas
- EL ALTO TUNGSTENO
- Capítulo 53 - Capítulo 53: CAPITULO N° 42 : B = Daniela Moreno García.
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 53: CAPITULO N° 42 : B = Daniela Moreno García.
— ¿Me disculpas? Estaba conversando con mi hermana, Valeria — dijo Daniela.
— No te preocupes. Verás que soy muy comprensivo; la sangre es la sangre, siempre lo he dicho — dijo Mauricio.
— Me alegra saber que seas así. Si supieras lo difícil que es encontrar hombres de ese tipo… — respondió ella.
Daniela se dio cuenta de que el barman sacaba una charola de acero para llevar un cóctel de piña colada y un whisky al rincón donde Mijael bailaba con Valeria.
— Gracias. Sabes… hace muchos años perdí a una hija. Digamos que murió de una forma muy grotesca, producto de un asalto a mano armada — confesó Mauricio —. Por más que intento olvidarlo, no puedo dejar de sentir que soy padre… quiero decir, que fui padre.
— Cuánto lo siento, no sabía sobre tu pérdida — respondió Daniela.
Ella observó cómo el barman regresaba con las copas y el vaso vacío, para luego servir otros dos tipos de trago: un “Besos de Azufre” y un “Tungsteno Sour”. Era evidente que su hermana estaba aprovechando la generosa hospitalidad de Mijael Pavblov.
— Sabes… yo siempre he anhelado un padre que me peine y cepille el cabello, que me bañe, que me mime, pero jamás lo tuve — confesó Daniela.
— Sí, debió de ser difícil tu niñez; aunque al verte a simple vista, pareciera que tu vida hubiera sido perfecta — dijo Mauricio.
— Mi vida ha sido todo menos perfecta — sentenció Daniela.
— Lo siento si te incomodé. Sabes… es muy bueno encontrar a alguien que te escuche y te entienda, así sea solo eso, una ilusión — dijo Mauricio.
— A veces las ilusiones, si son duraderas o delicadas en su participación, pueden ser mejor que muchas realidades — dijo Daniela —. Me disculpas un rato.
No podía dejar de ver cómo Valeria bailaba “perreo” con Mijael y la cara de excitación que ese señor dibujaba en su rostro, como si disfrutara cada roce que su hermana le profería. Sabe bien que Mijael es muy amigo de Glenda —o “Glam”, como él le dice—, así que era obvio para ella que usaría, tarde o temprano, el Regaliz Verde. Sabe que con eso su hermana mayor no tiene oportunidad. Así que tiene que hacerlo.
— Disculpe, señor… ¿usted es el barman, el encargado de la barra? — preguntó Daniela.
— Así es. Soy el dueño de este pequeño lugar donde las papilas gustativas se vuelven tu mejor afrodisíaco o droga — dijo el barman.
Daniela se apoyó en la barra y se acercó mucho al hombre.
— Quiero saber si me podría dar hachís… o si tuviera cannabis sativa sería excelente — soltó Daniela.
El barman tosió y comenzó a limpiar la barra con su trapo.
— ¿Me escuchó, señor? — insistió ella.
— Se le escuchó, pero… no tengo esa clase de cosas. Aparte, no está en el menú — respondió él.
Daniela se rió. En un momento de distracción, lo cogió del elegante chaleco negro y tiró de él, haciendo que el barman quedara tan cerca de su rostro que sintió un leve miedo por su atrevimiento.
— Mejor le diré a todo el mundo que usted es un cantinero de mala muerte, porque da a escondidas droga disfrazada de Regaliz Verde. A ver si la policía viene un día para analizar esa mierda que esconde debajo de su barra. Así que me das lo que pido o te hundo, maldito — amenazó Daniela.
— Tranquila, señorita… Como usted habla tan lindo, le daré de mi ración, pero ojo: no es algo que venda constantemente — dijo el barman, sacando de su cajón un “pucho” envuelto en papel negro —. Sabes, esto es cannabis, pero le inyecto algo especial para alegrar un poco el corazón, ¿me comprendes?
— Sí — dijo Daniela, sacando de su bolsillo cuarenta Intis para pagar el cigarrillo.
— Recuerda: jamás conversamos, niña. — Obvio — respondió ella.
Daniela volvió con Mauricio, cogió su vaso y brindó con él diciendo: “¡Salud!”. Se despidió con un pequeño beso en sus labios; él se quedó sorprendido.
— Me iré a despedir de mi hermana y luego nos vamos. Me gustaría caminar o, si me enseñas tu cuarto, sería genial. ¿Sabes?
— ¿Qué acabas de decir? — balbuceó Mauricio. — Ya me escuchaste.
Daniela caminó y se acercó al lugar donde Mijael estaba bailando merengue con Valeria.
— Bueno, señor Mijael, gracias por su hospitalidad. ¿Me deja despedirme de mi hermana? — preguntó Daniela.
— Sí, claro, adelante — dijo Mijael, volteándose para darles algo de privacidad.
Daniela abrazó efusivamente a Valeria, colocándose cerca de su oído.
— Este es un regalo, recuérdalo, por favor. Si sientes que tu cuerpo no te pertenece, tómalo; estarás despierta — susurró Daniela. — Te irás con Mauricio, ¿cierto, Daniela? — susurró Valeria. — Sí… solo quiero que me mimen y me den cariño, así que estaré bien. — ¿Y mi Thiago? — No lo sé… solo madre lo sabe.
Dicho esto, Daniela le sonrió a su hermana y se fue caminando lentamente hacia la penumbra para coger del brazo a Mauricio y cruzar la puerta de salida. Mientras, Mijael volvía a tomar la cintura y la mano de Valeria para bailar un tango de Mendoza.
— ¡Un Bloody Mary más, por favor! — gritó Valeria Rodríguez García.
— ¿Qué esperas, barman de pacotilla? ¿No escuchas las órdenes de la señorita? — amenazó Mijael Pavblov.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com