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EL ALTO TUNGSTENO - Capítulo 55

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  4. Capítulo 55 - Capítulo 55: CAPITULO N° 43 : B = Valeria Rodríguez García.
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Capítulo 55: CAPITULO N° 43 : B = Valeria Rodríguez García.

— No se ensucien las manos, Lezcano. Ella ya decidió comer la comida que le serví, ¿cierto, querida? — informó Mijael.

— Sí… sí, ya comprendí qué debo hacer — dijo Valeria.

Mijael hizo una señal y sus guardias la soltaron. Ella cayó sobre la silla; se tocó la cabeza porque le dolía lo que esos hombres le habían hecho. Temblaba al sentir los deseos de tres hombres distintos y esa voz desganada de Santiago que le heló hasta los huesos. Cogió los cubiertos y comenzó a desgarrar la carne para comer. Tomó el palo de los anticuchos, metiéndose los corazones en la boca casi sin saborear. Come, muerde, desgarra y traga, pero no siente sabor, solo miedo y duda. Siente, poco a poco, la amarga verdad: esta noche recién empieza para ella.

El barman vino y, con una botella de vino en la mano, sirvió las copas. Mijael bebía, pero Valeria tomaba ávidamente, como si quisiera ahogarse en jugo de uva fermentado. ¿Qué sentido tiene disfrutar de los placeres efímeros si ya han decidido tu destino como carne de camal?

— Más vino, por favor, barman. Deme más… solo deseo tomar más — pidió Valeria.

Después de un rato, comenzó a sentirse mareada. Sintió la urgencia natural de ir al baño tras beber casi ochocientos mililitros de vino tinto. Se puso de pie y caminó tambaleándose. Al entrar, se miró al espejo. Vio en ese cristal a una mujer hermosa, de cabellos largos y color encendido. Sus ojos reflejaban una seducción a la que difícilmente un hombre se resistiría, pero, a pesar de eso, se sentía insignificante ante la mole, ante la sombra densa de Mijael Pavblov.

Pensar de forma infantil que era una “Hiena” ya no era suficiente. Sabe que él se la va a devorar; es más, ya lo hizo con sus ideas, desmoronando su mente por no ver cómo él acomodó el tablero sobre las dudas de Thiago. Su precioso y amado Thiago… jamás entendió por qué siempre lo quiso al punto de olvidar su propio instinto de supervivencia.

Al terminar de usar el baño y salir de la letrina, chocó con un muro de terno elegante. Era Mijael. La tomó del cuello con ambas manos y la ahorcó antes de que pudiera gritar, levantándola en peso. Valeria flotaba; sus tacones no tocaban el suelo. Sus ojos se pusieron blancos hasta que él la bajó. Estaba exhausta, incapaz de hablar.

Mijael sonrió y sacó del bolsillo un tubo, como la boquilla de una botella. Lo introdujo a la fuerza en la boca de Valeria. Su espíritu de batalla se había apagado. Estaba con la boca abierta por el tubo, la cabeza inclinada hacia el techo.

— Hoy conocerás qué es el Gerjes Azul; nunca lo olvidarás, te lo prometo — dijo Mijael.

Levantó una botella de cristal con un líquido azul Persia. Destapó el corcho con los dientes y vació el contenido en el embudo. Valeria sintió cómo un líquido espeso, con sabor a jarabe de uva y cereza fermentada, bajaba por su tráquea hasta tocar el estómago. Poco a poco, fue olvidando por qué decidió ir a comer patasca, por qué repetía tantas veces “mi Thiago”, por qué tenía que escapar… Las palabras de advertencia de su hermana Daniela se confundieron en su mente. Su mirada se perdió; sus pupilas se desviaron en diferentes direcciones, como si hubiera perdido el eje del mundo.

“Solo comencé a entender una triste y amarga verdad: ese gigante de traje elegante y fuerte, que con su sombra tapa mi pequeña humanidad de mujer, es a quien debo obedecer a toda costa. Complacerlo… porque si no lo hago, ¿para qué existo como mujer?”

CONTINUARÁ…======= >> A LA VUELTA DE LA ESQUINA

GRACIAS POR SU TIEMPO Y DEDICACIÓN, ESTIMADO LECTOR. Tu apoyo es el motor que mantiene viva la llama en las frías minas de Tungsteno.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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