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EL ALTO TUNGSTENO - Capítulo 56

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Capítulo 56: Capitulo N° 44 : A = Daniela Moreno García.

Al salir de la discoteca, notaron que había mucha gente en la parte de afuera: hombres y mujeres vestidos con pantalones de vestir y camisas de diferentes colores; algunos llevaban polos largos con inscripciones en la tela que parecían grafitis, zapatillas de horma ancha y casacas largas abultadas. Había mujeres que usaban pantalones jean ajustados al cuerpo, botas que cubrían hasta la rodilla, blusas y sacos de cuero; pocas eran tan atrevidas como para usar vestidos sobrios o estridentes en un frío tan intenso, y si lo hacían, era con un calentador que les cubriera de forma discreta la entrepierna.

Al sentir el frío de Tungsteno, Daniela tomó la mano de Mauricio. Él no cuestionó la acción; más bien, siguió el juego tácito que se formaba entre ellos. Cruzaron la pista con cuidado, pues por esa carretera transitaban varios tráileres, autos y camiones que transportaban ganado. Al cruzar, Daniela no pudo ignorar que en la calle por la que caminaban se había malogrado el alumbrado público. ¿Por qué habría sucedido eso? ¿Error humano o de la empresa de luz de esta ciudad?, pensó. El suelo no era de concreto; le faltaba asfalto y estaba formado por tierra seca y árida, con cascajo y piedras deformes de tamaño pequeño.

Le llamó la atención el sicomoro, un árbol extraño de apreciar en el país y más aún en Tungsteno. Pero allí estaba: alto, frondoso. Recordó que, cuando llegaron a la discoteca The Raw Overload, habían estacionado la camioneta Chevrolet C10 al costado de ese árbol. Daniela no pudo evitar voltear a todos lados en medio de la penumbra de la calle.

Miró hacia las puertas de las casas que se alcanzaban a ver desde donde estaba parada. En la fachada de la discoteca, adornada de azul, morado y rosa por las luces de neón, vio a la multitud que hacía cola para entrar, pero no logró divisar el rostro de Thiago ni, peor aún, el de Sofía. ¿A dónde se habrán ido esos dos?, era el pensamiento recurrente en su mente. ¿Acaso Sofía habrá convencido a Thiago para tener sexo? De solo pensarlo, se le revolvió el estómago por el cinismo de su propia madre.

—¿Estás bien? Te veo algo preocupada, como si buscaras algo —dijo Mauricio.

—No me pasa nada, estoy bien… Más bien, me gustaría cerciorarme de si Sofía está por acá cerca. No me voy a demorar; podrías ir adelantándote para buscar un taxi —respondió Daniela.

—Sí, claro… está bien. Ten cuidado —dijo Mauricio, apartándose de su lado.

Daniela se acercó al sicomoro y, al caminar, notó que algo pegajoso sonaba bajo sus pies. Sacó su celular y alumbró el piso. Notó que había un charco de sangre considerable y, en medio de esa mancha grotesca, un objeto: un cuchillo de filo curvo. ¿Por qué habría un cuchillo tirado en el suelo, justo donde recordaba que estaba la camioneta de Walter?, pensó.

Hizo lo que creyó más seguro: cruzó la pista corriendo y se acercó a una señora que estaba en la esquina donde la discoteca operaba. La mujer, de tez trigueña cobriza, vestía polleras multicolores.

—¿Señora, me podría vender una bolsa, por favor? —preguntó Daniela.

—¿Es una emergencia, señorita? —respondió Maruja Fierro.

—Sí, así es —dijo Daniela, volteando la cabeza para mirar hacia el árbol.

—Tome, señorita, y no se preocupe, no es nada. Yo no vendo bolsas, vendo Incandescente y pan con queso —dijo Maruja Fierro.

—Gracias, algún día se lo pagaré —dijo Daniela.

Volvió a correr, cruzó la carretera mirando a ambos lados y, usando la bolsa de plástico negro como un guante, cogió el cuchillo manchado de sangre. Lo envolvió en la misma bolsa y lo guardó en su cartera.

Al final del camino, casi a una cuadra de distancia, vio a Mauricio esperándola en la avenida contigua, la cual sí estaba alumbrada por faroles de gas. Se le veía allí parado, esperando con una sonrisa casual que inspiraba cierto misterio. A su costado había un taxi de color amarillo, un Volkswagen Escarabajo, vulgarmente conocido como “vocho”.

Ella respiró hondo y despejó su mente para dejar de pensar tanto en su madre. Después de todo, Sofía sabía cuidarse muy bien y Thiago ya no era un niño; sabría cómo tratar a una mujer tan femenina e imponente como su madre. Así que siguió adelante con un pequeño trote hasta alcanzar la mano de Mauricio. Él abrió la puerta, invitándola a pasar como un caballero.

— Maestro, ¿conoce la calle Cromo de la Corrosión N° 556? —preguntó Mauricio.

— Mmm, creo que sí. Me debe estar hablando del distrito Titanio Foolish, ¿cierto? —dijo el taxista.

— Así es, maestro —respondió Mauricio.

El taxi avanzó por calles donde el asfalto cedía ante la resistencia del neumático, gimiendo bajo el peso del viejo Escarabajo. El distrito Titanio Foolish se revelaba como una zona de fábricas abandonadas y edificios de fachada gris; un lugar que servía de testimonio a las glorias pasadas de una Revolución Industrial ahora marchita. Eran modelos de negocio que fueron abolidos en décadas pasadas por ser extremadamente nocivos para la salud, dejando atrás estructuras óseas de metal y concreto que exhalaban el veneno de otros tiempos.

— ¿Cómo sabré cuál es la casa? —preguntó el conductor, ajustando el espejo retrovisor.

— Es fácil. Está justo a unos metros de la heladería El Llanto del Fauno. No tiene pérdida —respondió Mauricio con una sonrisa triste.

Daniela Moreno García no dejaba de ver la calle, que pasaba ante ella como un folio de celuloide; imágenes silenciosas deslizándose frente a sus ojos. La preocupación no la dejaba en paz; no era ruido en su cabeza, sino un dolor creciente en el pecho que intentaba controlar. Sí, estaba asustada por su hermana, pero también sabía que, de alguna manera, “La Hiena” saldría a relucir.

Si algo le enseñó Valeria a través de los años en que vivieron juntas, jugando por las calles de su pueblo natal, es que no importa qué tan alto o pesado sea su contrincante: ella siempre buscará la manera de castigarlo o, en su defecto, de marcarlo. Porque, como dice su hermana: hasta el ratón, antes de ser devorado por un halcón, es capaz de roer a su depredador con tanta fuerza que, incluso cuando este ha sido digerido, el dolor que crispa la piel se sigue sintiendo en el ave rapaz mientras vuela.

CONTINUARÁ ===============➤ A LA VUELTA DE LA ESQUINA…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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