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EL ALTO TUNGSTENO - Capítulo 59

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  4. Capítulo 59 - Capítulo 59: Capítulo Nro. 45 : B = Valeria Rodríguez Garcia.
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Capítulo 59: Capítulo Nro. 45 : B = Valeria Rodríguez Garcia.

Mijael, la Mole, siguió bajando la pantaloneta hasta que la lana se amontonó en los tobillos de Valeria. Se detuvo a observar sus bragas de color violeta y, tomando los tirantes con desprecio, los jaló hasta romperlos como si fuera una hoja de papel. En su monte de Venus, se hizo visible una mota de vello rojo oscuro.

—Lista ¿Estás para que entre en ti? —preguntó Mijael con descaro—. No importa, igual no interesa lo que pienses. Solo eres un guiñapo con el que jugaré un rato.

Valeria sintió la lengua enredada y pesada, cargada por el efecto de la sustancia.

—Yo… yo… so… soy Va… Va-le… ri… Yo… soy Valer… —intentó hilar las palabras, que surgían como pequeños destellos de lucidez en medio de una información oscurecida.

Mijael se despojó de sus pantalones y del bóxer. Tomó ambas piernas de Valeria con una fuerza bruta y la carga; Ella sintió que flotaba en el aire por un instante antes de que él doblara sus rodillas. Entonces, se acercó su monte de Venus a su falcus.

—Es… es… pe… No, no qui… no quiero —logró articular Valeria Rodríguez—. ¿Qué harás si… si él se entra… entera de que me vas a u… usar como un objeto de sexo?

— ¿Quién? ¿Mi sobrino? —bufó la Mole.

Ella no pudo evitar el llanto. Las lágrimas brotaban silenciosas, pero su rostro no se arrugaba; sus ojos permanecían fijos, desorbitados en el vacío.

—No creo que diga nada. Se fue con tu madre y eso me molestó… Pero si llegara a saber algo, simplemente lo negaría. Él es como un hijo para mí —confesó Mijael.

Buscó su entrada y, al encontrarla, presionó. Sin embargo, le resultaba difícil deslizarse hacia adentro. Jamás le había pasado algo así. ¿Sería que Valeria era de una talla más pequeña que él? Siguió forzando la entrada. Ella solo pudo abrir la boca de forma grotesca mientras sus piernas rodeaban la cintura de Mijael, con las botas aún enganchadas a la pantaloneta estirada por la posición forzada.

«E… Ee… Ee… Thiago… so… yo… so… solo quiero se… se.. ser tuya… per… per…dóname…»

De pronto, un sonido seco , como el de un hueso dislocándose, resonó en el baño. Sonoro un «cloc». No supo si fue por la desproporción entre su triángulo y aquel falcus, o si algo en su matriz se había desplazado, pero la Mole logró finalmente ingresar de forma atroz a un lugar que no le pertenece.

Mijael hundió sus manos grandes en su culo, enterrando sus dedos horribles y clavando las uñas en sus nalgas con la saña de quien marca a un animal, hasta hacer brotar hilos de sangre que se perdían entre la piel y la ropa.

La alzó con su fuerza bruta para enterrar más hondo, más profundo, en una invasión que raya en la desesperación y la depravación. Valeria gritaba y gemía; la desproporción era atroz. Ella, pequeña, menuda, en comparación con él, un gigante que parecía haber crecido inyectado por esteroides con furia.

—Pa… pp… para… ya… —suplicó ella entre espasmos.

—No quiero parar. No quiero detenerse. ¿Aún no comprendes lo importante que es para mí perderme dentro de una Mula? —dijo Mijael “la Mole” con un jadeo pesado—. ¿De qué sirve ser un hombre si no domina a una bestia?

—Q-qué… t-te… ri… ¿se refieres? —balbuceó Valeria, con la conciencia fragmentada.

—En el mundo animal, las bestias buscan una hembra sana que montar. A veces encuentras una yegua… pero escasean, especialmente cuando la necesidad urge. Lo que abundan son las Mulas, ya ellas se las azota sin piedad. Se las monta hasta que rebuznan. Y como la mula es terca, pero muy terca, se le jode el coño hasta que aprenda quién manda —sentenció Mijael.

Valeria no podía apartar la vista de él. Su boca permanecía abierta de forma grotesca, mostrando sus dientes blancos mientras la saliva escapaba sin control, cayendo como hilos transparentes por su boca estirada, mojando su casaca de cuero y su sujetador negro. Subía y bajaba como una muñeca de trapo, sin peso, sin fuerza, intentando no similar las ideas que el Gerjes Azul intentaba instalar en su mente: «Es tu amo, es tu señor, es tu capataz» .

<< mula, mula, mula, mula, mula, mula, mula, mula, mula, mula, mula, mula >>

<< rayos no soy una bestia soy algo mas… soy yo si soy si soy una ella, una esa, una mu… mu… mujer tengo vulva soy mujer… >> —piensa Valeria Rodríguez García.

Pero su mente, invadida por una densa oscuridad que invalida muchos recuerdos, se ve asaltada por el Gerjes Azul: << jajaja ¿de qué estás hablando?… si estas Mulas tienen coño para deleite de sus machos >>

<< ¿Qué so… so… soy… un… ella una mu… mujer o una hembra… ¿solo una bestia en celo? >>

Pero algo en su núcleo resistía como una chispa que ilumina tenuemente su mente, incluso mientras la sustancia quemaba su estómago y se alojaba en su vejiga.

—E-en… entonces… qué… yo… yo… ¿harás? —logró preguntar, sintiendo el vacío de su propia voluntad.

— ¿No te das cuenta aún? Hace un buen rato que estoy sumergido en tus profundidades y no pienso salir. Eres una buena mula, Valeria.

En medio de esa oscuridad química, una imagen comenzó a dibujarse en su mente: un envoltorio. Un regalo de alguien querido. Un artículo pequeño que cabía en la palma de la mano. Un objeto olvidado que seguía allí, esperando en el bolsillo de su minifalda, justo donde el invasor no podía observar. Con mucha dificultad intenta usar su brazo izquierdo. Pero no responde; Es muy difícil, más que de costumbre, concentración para mover un músculo… Su cerebro da múltiples órdenes a su brazo izquierdo, pero este no responde.

«Muévete vamos hazlo articula mi codo, mi muñeca alcanza el bolsillo izquierdo de mi mini falda… Vamos por favor tu puedes» —piensa Valeria Rodríguez García.

—Vamos Mulita, dame más de ese placer delicioso que tú solo sabes darme —gritó Mijael “la Mole”, su voz retumbando en las paredes del baño como un mazo golpeando metal.

Por desgracia, Valeria llegó a la conclusión de que, por más que su brazo reaccionara a tiempo… no podría usar el regalo que su hermano le dio de la forma convencional. No había tiempo para encender nada, no había aire para fumar. Así que, en un último arranque de voluntad, cogió con fuerza el cuello de la camisa de Mijael, usándola como palanca para acercarse. Aunque no tenía fuerza, su mente estaba fija en un solo nombre, en un solo rostro, en su Thiago .

—Te… te… O.. di… —murmuró Valeria Rodríguez García, el odio siendo el único combustible que le quedaba.

—¿Qué me quieres decir mi mulita hermosa? Parece que el Gerjes Azul ya te reclamó por completo —dijo Mijael, soltando una carcajada de triunfo mientras sentía la supuesta rendición de la chica.

Valeria se acercó lentamente hasta rozar el oído de Mijael. Él solo podía sentir su aliento caliente y errático; la lengua que a Valeria le costaba no mostrar debido a la parálisis química. Al notar la textura de la piel, Valeria abrió más su boca, mostrando sus dientes blancos y grandes con la intención de cerrarlos de forma arbitraria.

Convirtió su mandíbula en una prensa humana , un mecanismo de defensa animal diseñado para cercar una pequeña parte de él. Era su ofrenda; un pedazo de carne de “La Mole” un cambio de haber convertido su cuerpo en un guiñapo, en un altar de depravación, semen y culpa.

¡GRACITO!

CONTINUARÁ…… .——————————————————–> A LA VUELTA DE LA ESQUINA EN: *******************

Mientras que a mi me convertí en un altar profanado por un Mole…….. ¿mi hermana que estará haciendo?

De forma tajante ella se detuvo. Justo en el momento más intenso para Mauricio, se levantó y lo miró con ternura.

—Me imagino que no te gustó que me detuviera, pero no quiero que termine ahora… Como te dije, necesito de ti, pero no como te imaginas —explicó Daniela.

Ella comenzó a quitarse la gargantilla con la piedra de obsidiana en forma de una lágrima gigante invertida, dejándola caer en el suelo. Se quitó el chaleco de cuero, se desabrochó la blusa blanca de lino y se bajó el cierre de la falda; se desprendió de ella como un pedazo de tela que cae al suelo de forma lenta y suave.

—¿Te gusta lo que ves? —dijo Daniela de forma coqueta—. Ahora puedes quitarme lo que falta.

Mauricio tragó saliva, se acercó a Daniela y la tiró a la cama con un leve empujón. Le quitó sus pantis de red, tomó sus piernas y las juntó para desatar cada una de las correas que conformaban sus botas. Jaló para desprender la bota de su pie descalzo. No puede evitar pensarlo: necesita sentir algo aunque sabe muy bien que ella no lo quiere de esa manera. ¿Pero qué daño hace tocar? Así que toca.

Desliza su palma por la planta de su pie, coge las pantorrillas con fuerza hasta que ella gime por el dolor o la incomodidad; tal vez porque él esperaba una respuesta de vulnerabilidad… como toda mujer que ya rozó la piedra varonil y machista de este mundo.

Daniela sabe que el macho Alfa prefiere sentir que una mujer es de cristal, aunque, pensándolo mejor, Mauricio parece más un macho Beta. Mauricio sigue su camino, bajando lentamente hasta llegar a su pelvis. Le quita de forma lenta su braga… Está hipnotizado, así que sigue bajando.

Con la yema de sus dedos quiere, anhela ingresar. Daniela le sujeta la mano para que no siga avanzando.

—Te dije que necesito de ti, pero no de la forma que te imaginas, y para llegar a este punto debes tenerme paciencia —dijo Daniela Moreno García.

—Está bien —respondió Mauricio.

Ella se acercó al filo de la cama y condujo las manos de Mauricio para que le desabrochara el brasier. Él lo hace con cierta torpeza, pero al final logra su objetivo.

—Deseo que me atiendas, que me bañes y me acaricies con ansiedad solo por mirarme. ¿Sí? —pidió Daniela Moreno García.

Él, al ver que ya está completamente desnuda, la cogió de las piernas y la espalda y la cargó. La condujo al interior del baño y la puso dentro de la bañera de cerámica. Abrió las llaves de agua caliente y fría.

El chorro que emanaba del grifo era tibio, un líquido que reconfortaba el cuerpo de Daniela. Usó un jabón de espuma para crear burbujas. Con una esponja recorrió la piel trigueña de Daniela, su contorno, las irregularidades hasta la curva que existe entre su cuello, sus senos, sus caderas, su culo… Talló su cuerpo con paciencia, mordiéndose la lengua, cohibido de actuar o decir algo inapropiado.

Porque no era su deseo el que se albergaba en sus pantalones, en su entrepierna, sino que era, en toda regla, el deseo caprichoso de Daniela: la mujer que aún quiere seguir siendo una niña de 20 años actuando en él.

—¿Te gusta tu baño de espuma? —preguntó Mauricio.

—Sí, está maravilloso —respondió Daniela—. ¿Por qué lo hiciste?

—¿Cómo que por qué? Tú me lo pediste… De repente, muy en el fondo, quiero que seas, aunque sea en la ficción, mi hija.

—Pero tarde o temprano a mí me vas a follar —declaró Daniela Moreno García.

—Sí, y quiero que pase… Solo te pido que no me juzgues —respondió Mauricio.

Daniela sonrió con cierta tristeza.

—Creo que ambos estamos rotos: heridos de diferente manera —dijo Daniela Moreno García.

Mauricio guardó silencio mientras seguía acariciando con la esponja cada parte, sin importar si eran íntimas.

Daniela estaba chapoteando, jugando con sus manos, observando las burbujas que se formaban, estallaban y volvían a emerger. Volaban como un pequeño espectáculo.

Por un momento pensó que estaba alucinando o estaba soñando: vio que el agua adquiría un color blanco, casi como una hoja de papel, y sobre la superficie acuosa se veía el contorno de letrinas y mayólicas que formaban el piso.

Se formó en el agua la silueta de una mujer tirada en el suelo que luchaba por levantarse, pero no podía… Con mucho esfuerzo, solo lograba sentarse sobre su propio trasero.

Su piel no se veía muy bien porque estaba manchada con un tenue color rojo, quizá era sangre. Daniela observó con cierto horror que esa chica, esa mujer indefensa, ese ser humano que en apariencia estaba siendo tratado como un pedazo de carne, era su hermana Valeria.

—¿Qué es esto? ¿Una visión, un sueño lúcido? ¿Esto será real? —murmuró Daniela Moreno García.

—¿Qué has dicho? No te entendí lo que dijiste —respondió Mauricio.

Ella no podía apostar porque fuera su hermana, solo debía creer y quizás arriesgarse… así hiciera el ridículo frente a un hombre que solo quería acostarse con ella sin problemas.

—¡Mastica, pequeña! ¡Hermana, por favor… mastica! Hasta que el amargor te devuelva lo que ese animal te está quitando. Si te apagas ahora, si te rindes aunque sea un segundo de más… me dejarás sola en este tablero, en este odioso mundo —dijo casi gritando Daniela Moreno García.

CONTINUARA:::============}}} A LA VUELTA DE LA ESQUINA EN…………

“ECOS EN EL AGUA. Donde el grito de una hermana es el único mapa para salir del infierno.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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