EL ALTO TUNGSTENO - Capítulo 60
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Capítulo 60: Capítulo Nro. 45 = Daniela Moreno García.
De forma tajante ella se detuvo. Justo en el momento más intenso para Mauricio, se levantó y lo miró con ternura.
—Me imagino que no te gustó que me detuviera, pero no quiero que termine ahora… Como te dije, necesito de ti, pero no como te imaginas —explicó Daniela.
Ella comenzó a quitarse la gargantilla con la piedra de obsidiana en forma de una lágrima gigante invertida, dejándola caer en el suelo. Se quitó el chaleco de cuero, se desabrochó la blusa blanca de lino y se bajó el cierre de la falda; se desprendió de ella como un pedazo de tela que cae al suelo de forma lenta y suave.
—¿Te gusta lo que ves? —dijo Daniela de forma coqueta—. Ahora puedes quitarme lo que falta.
Mauricio tragó saliva, se acercó a Daniela y la tiró a la cama con un leve empujón. Le quitó sus pantis de red, tomó sus piernas y las juntó para desatar cada una de las correas que conformaban sus botas. Jaló para desprender la bota de su pie descalzo. No puede evitar pensarlo: necesita sentir algo aunque sabe muy bien que ella no lo quiere de esa manera. ¿Pero qué daño hace tocar? Así que toca.
Desliza su palma por la planta de su pie, coge las pantorrillas con fuerza hasta que ella gime por el dolor o la incomodidad; tal vez porque él esperaba una respuesta de vulnerabilidad… como toda mujer que ya rozó la piedra varonil y machista de este mundo.
Daniela sabe que el macho Alfa prefiere sentir que una mujer es de cristal, aunque, pensándolo mejor, Mauricio parece más un macho Beta. Mauricio sigue su camino, bajando lentamente hasta llegar a su pelvis. Le quita de forma lenta su braga… Está hipnotizado, así que sigue bajando.
Con la yema de sus dedos quiere, anhela ingresar. Daniela le sujeta la mano para que no siga avanzando.
—Te dije que necesito de ti, pero no de la forma que te imaginas, y para llegar a este punto debes tenerme paciencia —dijo Daniela Moreno García.
—Está bien —respondió Mauricio.
Ella se acercó al filo de la cama y condujo las manos de Mauricio para que le desabrochara el brasier. Él lo hace con cierta torpeza, pero al final logra su objetivo.
—Deseo que me atiendas, que me bañes y me acaricies con ansiedad solo por mirarme. ¿Sí? —pidió Daniela Moreno García.
Él, al ver que ya está completamente desnuda, la cogió de las piernas y la espalda y la cargó. La condujo al interior del baño y la puso dentro de la bañera de cerámica. Abrió las llaves de agua caliente y fría.
El chorro que emanaba del grifo era tibio, un líquido que reconfortaba el cuerpo de Daniela. Usó un jabón de espuma para crear burbujas. Con una esponja recorrió la piel trigueña de Daniela, su contorno, las irregularidades hasta la curva que existe entre su cuello, sus senos, sus caderas, su culo… Talló su cuerpo con paciencia, mordiéndose la lengua, cohibido de actuar o decir algo inapropiado.
Porque no era su deseo el que se albergaba en sus pantalones, en su entrepierna, sino que era, en toda regla, el deseo caprichoso de Daniela: la mujer que aún quiere seguir siendo una niña de 20 años actuando en él.
—¿Te gusta tu baño de espuma? —preguntó Mauricio.
—Sí, está maravilloso —respondió Daniela—. ¿Por qué lo hiciste?
—¿Cómo que por qué? Tú me lo pediste… De repente, muy en el fondo, quiero que seas, aunque sea en la ficción, mi hija.
—Pero tarde o temprano a mí me vas a follar —declaró Daniela Moreno García.
—Sí, y quiero que pase… Solo te pido que no me juzgues —respondió Mauricio.
Daniela sonrió con cierta tristeza.
—Creo que ambos estamos rotos: heridos de diferente manera —dijo Daniela Moreno García.
Mauricio guardó silencio mientras seguía acariciando con la esponja cada parte, sin importar si eran íntimas.
Daniela estaba chapoteando, jugando con sus manos, observando las burbujas que se formaban, estallaban y volvían a emerger. Volaban como un pequeño espectáculo.
Por un momento pensó que estaba alucinando o estaba soñando: vio que el agua adquiría un color blanco, casi como una hoja de papel, y sobre la superficie acuosa se veía el contorno de letrinas y mayólicas que formaban el piso.
Se formó en el agua la silueta de una mujer tirada en el suelo que luchaba por levantarse, pero no podía… Con mucho esfuerzo, solo lograba sentarse sobre su propio trasero.
Su piel no se veía muy bien porque estaba manchada con un tenue color rojo, quizá era sangre. Daniela observó con cierto horror que esa chica, esa mujer indefensa, ese ser humano que en apariencia estaba siendo tratado como un pedazo de carne, era su hermana Valeria.
—¿Qué es esto? ¿Una visión, un sueño lúcido? ¿Esto será real? —murmuró Daniela Moreno García.
—¿Qué has dicho? No te entendí lo que dijiste —respondió Mauricio.
Ella no podía apostar porque fuera su hermana, solo debía creer y quizás arriesgarse… así hiciera el ridículo frente a un hombre que solo quería acostarse con ella sin problemas.
—¡Mastica, pequeña! ¡Hermana, por favor… mastica! Hasta que el amargor te devuelva lo que ese animal te está quitando. Si te apagas ahora, si te rindes aunque sea un segundo de más… me dejarás sola en este tablero, en este odioso mundo —dijo casi gritando Daniela Moreno García.
CONTINUARA:::============}}} A LA VUELTA DE LA ESQUINA EN…………
“ECOS EN EL AGUA. Donde el grito de una hermana es el único mapa para salir del infierno.”
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