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EL ALTO TUNGSTENO - Capítulo 63

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  4. Capítulo 63 - Capítulo 63: Capítulo Nro. 48 : A = Valeria Rodríguez Garcia.
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Capítulo 63: Capítulo Nro. 48 : A = Valeria Rodríguez Garcia.

El apéndice de Mijael, de dimensiones grotescas, se filtraba con fuerza en Valeria. Los líquidos que ella secretaba, sin poder evitarlo, resulta desagradables, mojando el suelo en una reacción biológica que la sumía en la vergüenza.

No había disfrute; al contrario, sentía un odio profundo, un asco que achica su estómago. Pero una bruma en su mente le impedía conectar con su propio cuerpo. Llora, gime, grita. No podía evitar abrir la boca de forma desmesurada, sacando la lengua, la cual sentía totalmente adormecida por los químicos que gobiernan su mente. Tras una quinta contracción, ella se derramó sobre la Mole.

—¿Por qué lloras, si lo estás disfrutando, pequeña Mula? —preguntó Mijael Pavlov.

—Yo… yo… no es que lo disfrute —balbuceó Valeria Rodríguez, sintiendo que las palabras se le deshacían en la boca—. No puedo moverme; siento mi cuerpo encadenado a ti, a tus órdenes. Soy… solo una espectadora de mi propio abuso.

—Eso es lo que me encanta del Gerjes Azul: deja sedada a toda mujer. Bueno, Mula, porque eso eres: solo una mula a la cual tengo que joderle el coño —sentenció Mijael Pavblov.

Él continuó empujando, pero de pronto encontró una resistencia férrea; no podía ingresar más profundo.

—¡Maldición, Valeria! ¿Qué te dije? Ábrete más para mí —exigió Mijael.

—No, yo no… ¿Acaso no te das cuenta de que ya estás demasiado profundo? —gritó Valeria, sintiendo una presión interna que amenazaba con desgarrarla.

—No es suficiente, Mula de porquería —respondió él sin rastro de humanidad.

—Ya… sal de mí, no puedo mas. —suplicó ella, con la voz rota.

—Mula, yo decido eso. Tú solo tienes que rebuznar.

Él; la sujetó las muñecas de Valeria y la jaló con violencia. Sus brazos se estiraron hacia atrás hasta que su cabeza golpeó el suelo, elevando su pelvis en un ángulo más vulnerable. Al obtener una mejor posición, Mijael descargó más fuerza, presionando hasta invadir tres centímetros más de su intimidad, venciendo su resistencia. Valeria solo pudo gritar.

—¡No más, ya no, por favor! Duele… duele mucho. —grita Valeria Rodríguez García.

La puerta del baño se abrió y dos hombres vestidos de negro, de imponente estatura, interrumpieron la escena.

—Jefe, buenas noches. Vaya, está muy ocupado. ¿Aún no acaba con esa perra? Perdón, quiero decir, con esa Mula.

—Ya casi acabo. ¿Cuántas veces tengo que decirte que no son perras, ignorante? Son Mulas, y yo soy uno de sus domadores —respondió Mijael.

En medio del dolor intenso que irradiaba desde sus caderas y su matriz, Valeria sintió una conexión repentina como una corriente de electricidad que dio paso al dolor. Que se acumuló en estas últimas horas. Se dio cuenta de que podía mover los tobillos y las muñecas. Su visión se enfocó en un solo punto; sus ojos en especial sus pupilas de color azul cobalto dejaron de tener esa apariencia desorbitada y repugnante. Estaba regresando.

—Jefe, una vez que termine, ¿nos dejará el culo de la Mula para montarla? —preguntó uno de los lacayos.

—En serio eres un animal. Ella es mi Mula, es de pura raza. Si quieres follar, en la discoteca hay varias; usa el Gerjes Azul y cualquiera será tuya, imbécil. Déjame concentrarme para terminar —dijo Mijael.

—Está bien, Jefe. A propósito, ¿la llevará después al búngalo con las demás chicas de la noche?.

—Sí. Ya te dije que después de que joda bien el coño de esta Mula, la llevaré atada a mi búngalo para seguir la noche —confesó Mijael.

Los lacayos se retiraron cerrando la puerta tras de sí. La Mole intensificó sus embestidas. Valeria aguantaba, cerrando los ojos para concentrar toda su voluntad en su pierna y su tobillo derecho. Respiró hondo, enfocándose en medio del dolor que sentía que la partía en dos. Una sensación que venía desde su derrière hasta sus clavículas.

<< Yo… yo a mi me conocen me reconocen como… La Hiena >>—piensa Valeria Rodríguez.

—¡Oh, sí, Valeria! Así… ya casi llego. ¿No me sientes? Ya me vengo, Valeria… ¡Aquí te vengo! —gritó él.

Aun con la repugnancia en la boca del estómago y la sensación de una invasión profana recorriendo sus rincones más oscuros, Valeria abrió los ojos. Movió las caderas de forma brusca.

Aprovechando que Mijael la tenía contorsionada y sus piernas estaban libres, lanzó una patada con el 110% de su fuerza directo al mentón de la Mole.

El impacto fue seco y brutal, arrojando a Mijael al suelo y expulsando su falcus de forma grotesca de su cuerpo. Él quedó allí, asombrado y tambaleante; intentaba levantarse, pero su mandíbula, desencajada por el golpe, no le permitía cerrar la boca.

La visión de Valeria se aclaraba por segundos; la confusión la había abandonado y ya no estaba aturdida. Sabía que no tenía tiempo, así que se arrancó las botas y se despojó de su pantaloneta de lana gris. Del fondo de su bota izquierda extrajo una navaja pequeña, sutil, pero de hoja curva y un filo peligroso.

Mijael se arrastraba hacia atrás, impulsado por un miedo primitivo de supervivencia al sentir la rebelión de su “Mula”. Valeria sacudió la cabeza para despejar los últimos restos del azul ese Gerjes azul y se puso en pie. Aunque se tambaleó al principio, se lanzó sobre Mijael, montándolo con una ferocidad que él jamás esperó.

—¿Ahora te parezco muy “Mula”? —sentenció Valeria Rodríguez García—. ¡Yo creo que no!.

—¿Có… cómo te li… liberaste del Gerjes Azul? —balbuceó Mijael, con la voz rota por su mandíbula torcida.

—Eso no importa, maldito animal. Lo que realmente importa es que yo… ¡Yo soy Valeria Rodríguez García! ¡La Hiena! ¿Me escuchaste bien? La Hiena… ¡Va – Va – Valeria, maldito hijo de puta! —gritó con una fuerza que parecía nacer del fondo de sus viseras.

Mientras repetía su nombre como un mantra de poder, comenzó a marcar de forma frenética y obsesiva el pecho de la Mole. El acero cortaba la piel como si fuera papel, dibujando una y otra vez la sílaba de su nombre: VA – VA – VA.

—He dicho que no puedes olvidarme, imbécil de mierda. ¿Entiendes? Soy Va. soy Va de Valeria, ¡la maldita Hiena! —continuaba diciendo con vehemencia—. Ahora, que te lleve la chingada… Te haré ver a la huesuda, cabrón.

Valeria levantó la navaja lo más alto que pudo y la descargó en el aire con toda su fuerza acumulada Asia el corazón de su captor del violador que la torturo.

Pero Mijael, impulsado por una voluntad que rayaba en la locura, detuvo la hoja con su mano derecha. La sangre comenzó a gotear lentamente sobre su pecho empapando las múltiples heridas que la Hiena le tatuó con su navaja. Valeria no podía creerlo; estaba tan cerca de hacerle pagar por cada gramo de dolor y humillación que él le había infligido a través de su sexo. Pero él se resistía.

—¡Demonios, muérete ya! —exclamó ella, volcando todo su peso sobre el arma, intentando vencer el único brazo que la separaba de su venganza.

A pesar de sus gritos y el sudor que empapaba su rostro, el brazo de Mijael no cedía. Al sentir que la fuerza de él era excesiva y ante el pavor de volver a ser violentada si él recuperaba el mando. Valeria soltó la navaja. Con su puño derecho, golpeó dos veces, de forma seca y letal, la tráquea de Mijael Pavlov. Él emitió un sonido ronco, como el estertor de una locomotora, y su mano cayó inerte a un costado. Quedó inconsciente, desmayado sobre el suelo asqueroso de aquel baño.

Valeria se aparto del cuerpo del grandulón. Permaneció allí a un costado, incapaz de asimilar las últimas tres horas. Abrazaba sus rodillas casi en una posición fetal donde ella se mece adelante y atrás. Los recuerdos se desbloqueaban como ráfagas de fuego. Solo pudo gritar, hundiéndose los dedos en su cabello pelirrojo, queriendo arrancar los mechones por la náusea que la invadía. El dolor más intenso no estaba en su matriz, sino en su dignidad como mujer; su belleza interna y su autoconcepto se sentían rotos, marchitos y destruidos por la obra sadomasoquista de un misógino.

CONTINUARA:::=============}}} A LA VUELTA DE LA ESQUINA EN…………

UNA AYUDA INESPERADA LA MESERA… INDISCRETA.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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