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EL ALTO TUNGSTENO - Capítulo 66

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  4. Capítulo 66 - Capítulo 66: Capitulo Nro. 49. : A = ¡Thiago no te mueras!
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Capítulo 66: Capitulo Nro. 49. : A = ¡Thiago no te mueras!

Sofía García conduce la Chevrolet C10 con una ferocidad que raya en la locura. Acaban de dejar atrás la calle Rukuna Chihua N.° 3111, en el distrito de Santa Maultier de Nanay. Ella no mira el velocímetro; solo siente el rugido del motor y el peso de la sangre de Thiago enfriándose en el asiento de cuero.

—Pero ¿a dónde debo ir exactamente? —murmura Sofía en voz alta, con las manos apretando el volante hasta que le duelen los nudillos.

—El único hospital… solo hay uno en… en Tungs… —Tungsteno —balbucea Thiago, luchando contra el delirio y la pérdida de conciencia.

—Tranquilo, mi niño, déjame pensar… —Sofía busca desesperadamente en su memoria—. Sí, lo recuerdo. Cuando Walter ingresó al Tungsteno, lo hizo por la carretera El Umbral Cosmopolita, milla 156 de Tawantinmarka, ¿cierto? Pasó por la Plaza de Armas y, cerca de la siguiente manzana, está el centro médico… ¡Sí, ya recordé! —grita con una mezcla de alegría y terror puro.

—Perdóname, Sofía… —Thiago empieza a llorar, su voz es un hilo de culpa—. Sé que eres la pareja de Walter, pero… no sé… ¿A dónde vamos? Perdóname por tenerte… por cogerte de esa manera tan horrible. —Su mente se pierde entre el deseo y la agonía.

—No digas más, niño. Ya sabes que no me gusta llorar por cosas que no se pueden cambiar —lo corta Sofía con desesperación—. Deja de hablar y conserva tus fuerzas. ¡Debo concentrarme!

Ella repite la ruta como un mantra mientras cambia la palanca a quinta, devorando los kilómetros de la madrugada vacía: —Una vez que llegue a la Plaza de Armas, doy la vuelta a la siguiente manzana a la derecha. Ahí está esa calle… ¿Cómo se llamaba? ¡Ahí está! Calle Los Crisoles de Fuego Inverso, cuadra N.° 8. Ahí está el Hospital Esperanza Baja. Lo vi cuando Walter me trajo a la ciudad por primera vez.

La máquina sigue rugiendo, avanzando con ferocidad. En su desesperación, Sofía olvida las señales de tránsito; ¿Quién podría pensar en ser un ciudadano correcto en una situación tan crítica?

—¿Sabes? Tienes unas hijas hermosas, Sofía… jajajaja —Thiago se ríe sin sentido, perdido en la bruma—. Corrección, mujer… mejor dicho, tienes una niña hermosa.

—Estás delirando… ¡Rayos, no te duermas, bebé! Vamos, máquina de mierda, no me falles ahora, sigue avanzando… mmm, maldita sea, faltan todavía dos kilómetros —grita Sofía, devorada por la angustia—. ¿Por qué tu madre vive tan lejos, Thiago?

—Esa niña de cabellos de fuego… esa mariposa que vuela en mi cabeza… cómo quisiera tener tiempo de un trago más y un baile más —murmura él, hundiéndose en un delirio febril.

Thiago sigue perdiendo sangre, a pesar de la presión que ejerce con esa franela vieja con la que Walter limpia el auto en los días de lluvia. Ya no puedes diferenciar los recuerdos del pasado del presente; Está lejos de recordar cómo se sintió el órgano estrecho de Sofía fundido al suyo.

En su mente, no puede dejar de ver a la mujer de cabellos de fuego, a la mujer de ojos grandes color azul cobalto. Es hermosa; su silueta es perfecta para él y sus labios rojos son un manjar a la vista. Muchos hombres, desde el prejuicio, dirían que es una “zorra” o una “perra”, que seguro la follan todos los fines de semana entre varios… pero esas creencias están lejos de formarse en la cabeza de Thiago.

Él solo sabe que le fascina su forma de llevar esa casaca de cuero, de pararse con las manos en los bolsillos de la minifalda, de apartarse el cabello cuando quiere cortar la conversación. Esa libertad de mostrar su sujetador en medio de un baile, solo porque se siente cómoda con quien es… Para él, esa es la definición de una mujer que no respeta ninguna regla hecha por los hombres. Aunque suene contradictorio para su joven mente distorsionada, esa cualidad lo hechiza. Desea saber… desea ser parte de esa pelirroja, de su mujer de fuego: Valeria Rodríguez García.

—Niña de cabello de fuego, ¿eh? Espera un momento, ¿me estás hablando de Valeria, cierto? —dice sorprendida Sofía García.

Aun así, Sofía se calma al recordar que en el restaurante de Glenda Urquide se rifaron al chico. Una cosa es que su hija quiera probar una “presa nueva”, un hombre guapo en su cama; eso es comprensible y hasta aceptable para ella. Pero que ese chico, en tan poco tiempo —¿nueve horas?— haya desarrollado tal afinidad, le resulta increíble.

Especialmente teniendo en cuenta que ellos dos ya tuvieron sexo y que fue una locura de placer para ella… aunque jamás se lo diría al muchacho por pudor y por la razón más fuerte de todas: sigue siendo la mujer de Walter Serafín Polmod, a quien sus hijas llaman “padre”.

—No seas ridículo, Thiago, no la conoces bien, no sabes lo malcriada que es… Aparte, ella no te dará tanto como yo, no te dará todo como yo lo he hecho. Es muy mujer para ti. No sé si me entiendes; Ella piensa que un hombre es un opresor. Cree que la mejor forma de conocerlo es jugando con sus sentimientos con la expectativa de llevarlo a la cama. Jajajaja, al final, si no tienes tino ni cuidado, terminarás odiándola como a veces lo hago yo —dice Sofía García con cierto rencor en su corazón.

—Solo sé que cuando me miran esos ojos no recuerdo bien mi nombre ni a dónde debo ir, solo sé que… solo sé que… —dice Thiago, pero se queda en completo silencio.

—Solo ¿sabes qué cosa, niño? —pregunta Sofía García sin escuchar respuesta.

Al volear, ve al chico como dormido. Con su mano derecha intenta despertarlo, pero no reacciona. Se ha desmayado. El corazón de Sofía se acelera y el calor que genera su pecho se vuelve insoportable.

—No te mueras, Thiago, por favor, no te atrevas a morir, mi niño bello —grita Sofía García, llorando desesperada con los ojos rojos.

Sofía vuelve a pisar el acelerador con los ojos nublados por las lágrimas. De pronto, el chirrido de una sirena desgarra el silencio de la madrugada.

Al observar por el espejo retrovisor, descubre las luces azules y rojas de un patrullero que intenta alcanzarla; Seguramente, los oficiales notaron que ella ha infringido varias normas de tránsito en su carrera desesperada hacia el hospital.

—¡Atención, atención! Detenga el vehículo que está conduciendo en este momento, ¡es una orden! —Una voz varonil y gruesa, amplificada por un altavoz, retumba en el silencio absoluto de las tétricas calles del Tungsteno—. Póngase a la derecha. Si muestra señales de resistencia, abriremos fuego.

“Sofía siente el aliento helado de la ciudad colándose por las rendijas de la ventana. Por más que desea acatar las órdenes, no puede hacerlo; por eso, su pie sigue hundido en el pedal.

Tiene la certeza de que, si se detiene, el hombre con el cual compartido su carne morirá. Y ella no desea que ese muchacho muera. No solo porque es el hijo de Walter, sino por la razón más fuerte de todas: aunque ya lo disfrutó, aún no ha terminado con él.

“Después de todo, Probar un lomo de corte asimétrico de una res de buena calidad por primera vez, deja un rastro extraño en la boca cuando el paladar no está acostumbrado a tal refinada exquisitez. Solo después de haber devorado de forma desesperada el mismo corte, en distintas ocasiones y lugares, podrá decir que es una mujer enteramente satisfecha. Y por lo tanto, dichosa.”

CONTINUARÁ…================}}} A LA VUELTA DE LA ESQUINA EN…….

UN CÁNDIDAS QUE SE CREE EL GRAN JEFE…………………………………………………………..

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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