EL ALTO TUNGSTENO - Capítulo 72
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- Capítulo 72 - Capítulo 72: Capitulo N° 51 : B = ¡Walter y Su Mimosa! ( Parte: 02. )
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Capítulo 72: Capitulo N° 51 : B = ¡Walter y Su Mimosa! ( Parte: 02. )
Matilde La Mimosa, ¿percibe personas? Para ella son manchas borrosas con forma humanoide de color gris; pasan por su costado diciendo: «bla, bla, bla», «block, blick, bluck», «cuak, cuak, cuak». Es que su atención solo está dirigida a Walter Serafín.
—Mira, debe ser su mula.
—Mami, mira, una loca tiene una máscara… ¿no es Halloween o sí?
—Cállate, Timy, no seas malcriado.
—¿Será su esposo? Seguro se portó mal.
—Pobrecita, debe estar enferma o, peor aún, debe ser retrasada mental.
—¿Su marido? Tal vez su hermano… ¿será su padre? Ay, no sé, pero debe ser un santo… porque solo un santo se dedica tanto a una pobre niña como esta.
Hasta que llegaron a la calle Los Crisoles de Fuego Inverso, manzana N° 08, frente a la reja negra del Hospital Esperanza Baja. Walter le enseña su carnet de identificación a los guardias vestidos de plomo. Al ver que los nombres y apellidos en el plástico coinciden con la persona, permiten el ingreso. Para ellos, es la mejor forma de identificar a un extraño.
—Señor… ya sabemos que usted es Walter Serafín Polmod, de 46 años, ID: 11-408-259… que ha venido a ver a su hijo Thiago Serafín Saavedra, que está muy mal herido. Pero desconocemos quién es su acompañante.
—Bueno, es mi protegida… mi hermana me la encargó. Está muy enferma, es mi sobrina… no sé cómo explicarlo, me da vergüenza —dice Walter, derramando una lágrima y limpiándola con la mano izquierda—. Tiene esquizofrenia; no quiero admitirlo, pero es agresiva… es lamentable.
—Vaya, pobrecita, lo lamento mucho, señor… pero eso no explica la máscara de costal, sabe… me recuerda un poco a los espantapájaros de los maizales.
—Como dije, es esquizofrénica. Ellos suelen alucinar mucho y son agresivos. Su espacio seguro de confort está al interior de esa máscara, así que siempre se la pongo, ¿verdad, Matilde? —dice Walter Serafín.
—Así es, Matilde… se siente muy bien con este nuevo rostro y quiere mucho al amo… —dice Matilde La Mimosa.
—¿El amo? ¿Qué quiere decir?
—Es que, como siempre he estado a cargo de ella y juego con ella, digamos que soy el “amo”, el que está a cargo de los juegos. Como agente de seguridad y hombre de familia, usted me entenderá, ¿cierto? —dice Walter.
—Sí, claro. Más bien, discúlpenos por interrumpir su trayecto; debe tener demasiado con esta niña encima para arruinar más su día. Puede continuar. Que se recupere de todo corazón su hijo, señor.
—Gracias, es usted muy amable —dice Walter, mientras camina con paso firme.
—¿La Mimosa se portó bien, amo? —pregunta Matilde.
—Sí, bebé… te portaste bien —responde Walter.
—¿Bebé? Aparte de la Mimosa, ¿puedo ser bebé?
—Bueno… yo soy el único que, aparte de Mimosa, puede decirte bebé.
—Está bien, amo, está bien… mmm, cuando pueda, ¿podría darle otra galleta de chocolate con mantequilla de maní a la Mimosa?
—Sí, bebé, pero pórtate bien. Obedece todo lo que te diga.
—Sí, amo, está bien… La Mimosa será muy buena con usted.
Siguieron por pasillos al aire libre unidos a los edificios principales. Tras subir varias escaleras y leer letreros, terminaron en una sala de recepciones grande, donde el suelo de mayólicas color marfil tenía huellas de frenada. Algo inusual, pues los autos deben estar fuera; y más aún en un hospital. Noto con molestia que el piso está regado de vidrios, como pequeñas esquirlas.
—Buenos días, señorita… esta es mi identificación. Vengo porque mi hijo sufrió un accidente; creo que unos policías lo trajeron.
—Buenos días, señor. Su hijo… a ver, déjeme ver mi registro —dice Vilma Impressed—. Ah, sí, vaya que lo recuerdo. Llegó muy mal herido. El policía que lo trajo fue el S3 Rodolfo Cándidas, pero por la premura del caso —bueno, eso dice el gran policía— terminó destrozando nuestra mampara. No sé cómo vamos a solventar esos arreglos.
—Vaya, ese policía en su afán les hizo daño. Pero como es por el bienestar de mi hijo, puede que los ayude, siempre y cuando tenga tiempo de hablar un día con el dueño o el encargado.
—Claro que sí, señor. Gracias por sus palabras; aunque no lo crea, lo que me dice me tranquiliza un poco. Como sucedió durante mi guardia, que aún no termina, los gastos se me van a descontar a mí. Eso me genera grandes pérdidas, en verdad —dice Vilma.
—No se preocupe, intentaré ayudarla, pero todo dependerá de usted… querida.
—Haré lo que sea necesario, señor. Un día permítame explicarle mi precaria situación.
—Sí, claro, coordinamos. Este es mi número telefónico: 999-421-508 —Walter se lo dio escrito en un folleto sobre cómo convivir con el virus de la gripe común.
—Gracias… su hijo se encuentra en el tercer piso. Suba por el ascensor llamado “El Descenso Seguro”, marque el número 03 y busque el Pabellón A, cuarto 404. ¿Me comprendió? No hay pierde.
Walter siguió las indicaciones. Encontró el ascensor y, aunque el nombre le pareció ridículo, ascendió al tercero. Se perdió un poco, pues ¿quién viene seguido a un centro de dolor y melancolía? Consultó a una enfermera de uniforme turquesa, quien lo guio hasta que vio el letrero de aluminio: “A”. Finalmente, encontró el cuarto 404. Agradeció a la señorita dándole una moneda de un Sol de Oro. Ella se fue como quien encontró un dulce que no quiere compartir.
CONTINUARÁ…================}}} A LA VUELTA DE LA ESQUINA EN…….
¿QUIEN ES LA MUJER DEL COSTAL EN LA CABEZA?
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