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EL ALTO TUNGSTENO - Capítulo 75

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Capítulo 75: Capitulo Nro. 52 : C. = ¡Walter y su Mimosa! ( Parte: 03 )

Salió del cuarto 404. Ese lugar donde hay una mujer que se soba con impotencia su derrier: «¡Auch! ¡Cómo duele, maldita sea! Walter, me has hecho mucho daño». También donde existe una mujer con una máscara hecha a partir de un saco viejo, con ojos de botón y boca de cierre; con tan solo un orificio para ver el mundo que se va distorsionando.

Camina por el pasillo y solo ve enfermeras vestidas de color turquesa, otras de un blanco marfil.

—Señor, buenos días. ¿Le puedo ayudar en algo? —pregunta una de ellas.

—No, gracias, señorita. Estoy bien… gracias por preguntar —responde él.

Sigue caminando algo irritado porque ya no entiende qué busca en plena madrugada, siendo más que evidente que a esa hora solo va a haber mujeres que son parte del personal médico de este nosocomio: el Hospital Esperanza Baja. Al pensar mucho en lo complicado que sería robarle la ropa a una enfermera… aunque, pensándolo bien, tiene muchas ganas de ver cómo es una mujer que estudió anatomía y farmacología. Verlas indefensas y desnudas le da mucha curiosidad.

Choca con algo duro, pero de tamaño compacto. Cae al suelo y, con el ánimo de renegar, levanta la mirada.

—¿Qué le pasa? ¿No ve que estoy caminando? —dice Walter Serafín.

—Este… perdón. No me fijé —dice una mujer que llora.

Walter, molesto, solo puede ver a una mujer envuelta en un vestido largo de color blanco con estampado de ositos en celeste. Usa pantaloneta de lana por debajo del vestido; es delgada, de estatura baja (1.60 m). Su cabello es largo, frondoso, rebelde, semi ondulado y de color borgoña. Sus ojos son negros. Tiene un pañuelo en la mano derecha y se queda quieta, temblando, muda. Solo puede llevar su pañuelo al rostro y sobarse la nariz con mucha fuerza.

«Parece una presa decente, esta mujer», piensa Walter.

—Gracias, es usted muy amable, señor… —elogia ella, con una timidez que a Walter le resulta útil.

—Es mi hijo… Resultó herido en un accidente, un… mmm… asalto; bueno, eso me dijo el policía que lo auxilió —miente Walter Serafín con naturalidad—. ¿Y su hijo? ¿Se encuentra muy mal?.

—No, jajaja, se equivoca, señor. Es usted algo gracioso. Yo aún no tengo la dicha de ser madre; el que está grave es mi marido, el señor Gualberto Barrientos Infortunato. La verdad es que me desmayé por la impresión inicial; después de todo, fue el único hombre que conocí —confiesa la señora.

—¿Ah, sí? ¿Es usted tradicional, entonces? Por lo visto no ha tenido muchas experiencias… con el sexo opuesto —dice Walter, midiendo cada palabra para detectar las grietas en su seguridad.

—Pues verá, señor, está ahí… Me da algo de pena conversar con un caballero como usted —dice ella, bajando la mirada.

—¿Le parece si vamos a tomar un café? A mí me gusta amargo —propone Walter Serafín, marcando ya su preferencia por lo fuerte y lo dominante.

—Sabe, no debería conversar con un hombre que no sea el mío, pero estoy destrozada, me siento sola… Sí, creo que me haría bien su compañía. Me guía, por favor —cede ella, entregándole el control de sus pasos.

—Claro, venga por acá. ¿Señora…? —pregunta Walter, incitándola a revelar su identidad.

—Bueno, mi nombre es Ottilia Miranda Gallardo… Pero en esta ciudad, al verme con mi marido, todos comenzaron a decirme de forma inexplicable “Señora Otti”. Así que dígame así, caballero —dice ella de forma jocosa, intentando aliviar la tensión.

—Oh, está bien, lo haré —responde Walter Serafín con una sonrisa interna—. Aunque se me hace raro, porque “Señora” usted no parece.

—¿Ah, sí? ¿Cuántos años me pone, señor…? —pregunta la Señora Otti, cayendo en el juego de la vanidad.

—Le pondría… veamos… unos 21 años, seguro —dice Walter, usando el halago como una red.

—Ay, señor, qué galante. No siga, que me sonrojo con facilidad… Tengo 27 años —responde la Señora Otti, sintiendo cómo el calor sube a sus mejillas.

————Se irá actualizando en las próximas horas —–;;;;;;;;——————–

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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