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EL ALTO TUNGSTENO - Capítulo 78

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  4. Capítulo 78 - Capítulo 78: Capitulo Nro. 54 = ¡Walter y el ultimo detalle con su Sofia!
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Capítulo 78: Capitulo Nro. 54 = ¡Walter y el ultimo detalle con su Sofia!

Al volver al cuarto 404, se volvió a encontrar con ella, su mujer: Sofía García López. Llevaba la misma ropa manchada con la sangre de su hijo.

—Bien, disculpa la demora, mujer, pero aquí tienes la ropa que pude conseguirte —dice Walter—. Lo que sí no pude conseguir, ni debería hacer, son bragas.

—Tampoco deberías… verás que no necesito esas bragas ahora, aún no viene mi periodo —dice Sofía García.

—Digas lo que me digas, sé que te acostaste con mi hijo —suelta Walter Serafín.

—Ya te dije que no lo hice… Además, tú mismo se lo dijiste —responde Sofía García López.

Ella trata de recordarle el conjunto de palabras que él profirió para referirse a ella como una propiedad: una bestia, una yegua… tan solo una hembra sana. Al mismo tiempo, comienza a quitarse la ropa; se desprende de su casaca de cuero y su blusa negra con flores rojas, desabrochando su pantalón jean y descubriéndose ante su marido, Walter, como una mujer alta, desnuda y con una piel en apariencia sin mancha.

Sofía coge la ropa que Walter le entregó y se pone el vestido de una sola pieza, acomodándose los senos en un escote que le queda chico. Ajusta el vestido a su cuerpo y se pone el suéter.

—Ahora sí te ves más presentable y, por lo tanto, más hembra, más mujer, más hermosa —dice Walter.

—Yo siempre he sido mujer y hermosa; no por ti, sino porque así me hizo la naturaleza, y lo acepto —sentencia Sofía García.

Walter cogió la ropa sucia de Sofía y la tiró a la basura.

—Mi hijo está muy grave… Así que, por el momento, no me interesa si follaste con él o no. Yo también tengo que ocuparme de mi Mimosa, así que me importa poco. Pero, por mi orgullo, tendré que hablar con Thiago; sabes, no es porque seas mi mujer, sino por un tema de machos y su dominio —dice Walter.

—¿Qué le vas a hacer cuando él se recupere? —pregunta Sofía García.

—Ya veré qué le haré. Después de todo, soy su padre. Sabes, cuando él era niño jamás cumplí sus caprichos… Ahora que se cree tan macho para elegir a la madre en vez de a las hijas, entonces probará mi caricia, mujer… Sí —dice Walter Serafín.

—No es su culpa. En realidad, Valeria lo quería para ella, pero… es que pasaron cosas. Mira, Glenda… —dice Sofía García, quedando muda porque sabe que podría arruinar los posibles negocios de Glenda con Walter.

Recordó lo que Glenda Urquide le dijo al regalarle la jarra de regaliz verde: “Si te llegas a acostar con Thiago, prométeme que me conseguirás una cita con tu marido, Walter Serafín Polmod”.

—Todo esto, incluyendo lo de tu ahijada, es culpa de Mijael Pavlov. Él no solo nos drogó, sino que abusó de mi hija, de mi pequeña —afirma Sofía García.

—¿Por qué “La Mole” iría detrás de ustedes? —pregunta Walter Serafín.

—No lo sé. Pero… si él no hubiera actuado, nada de esto habría pasado —dice Sofía García, en medio de un nerviosismo palpable en su expresión y tono de voz.

—Por qué será que no te creo del todo… Sofía. No me malinterpretes, estos últimos diez años fueron buenos, pero… siempre lo he sabido: una parte de ti ama ser dominada, sometida. Para ti, el sexo es un dulce —dice Walter Serafín.

—Te equivocas. Para mí, el sexo es libertad, no juego con él. Yo siempre te he amado, pero tú no eres sano. Me humillas con tus palabras, con tus exigencias, con esa forma que tienes de tocarme. A veces estoy tan, pero tan lastimada por la acumulación de recuerdos de tu maldita forma de ser, que no me corro. No tengo orgasmos contigo y es frustrante amar a un hombre y no poder venirme —Sofía García llora y no puede evitar sentir que una verdad negra y oscura quiere salir en forma de vómito.

El cuarto, pese a estar bien iluminado, se siente falso; las paredes, los muebles e incluso la cama pierden relevancia. Se difuminan en la percepción de un hombre y una mujer que se aman desde que él era un adolescente flaco y soñador, y ella una niña estúpida por ilusionarse, usando trenzas con el cabello mal lavado y peinado. Pero siempre terminan lastimándose el ego y el cuerpo, usando el sexo como excusa para perdonar por la superficie.

—Sabes que estoy harta de ti y de tus celos, de tu forma de humillarme… ¿Crees que se siente bonito sentir que el hombre que conoces desde niña —como amiga, como amante y luego como conviviente— te mira como una hembra sana, como un recipiente para sus perversiones? ¡Sabes qué! Sí, es cierto: me cogí a tu maldito hijo. Y sabes que él no me hizo el amor, me poseyó, me arrancó la ropa, me partió en dos… ¡Pero me gustó! No sabes cuánto. No porque fuera dulce, sino porque, pese a su brutalidad al tocarme, fue cincuenta veces mejor que tu forma de amarme, de sentirme, de someterme —grita Sofía García.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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