EL ALTO TUNGSTENO - Capítulo 83
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Capítulo 83: Capítulo Nro. 56 : C = ¡Sufrimiento y Juramento!
— ¿Calmarme? ¿No te das cuenta de qué es lo que me pasó? ¡En qué mundo vive, madre! Fui víctima; Por más que me defendí, no fue suficiente. ¡Demonios! Esa droga… mmm… fue demasiado fuerte para mí —dice Valeria consternada—. Pero esa fuerza que él tiene en su cuerpo no es normal, me asusta mucho.
—No estoy ciega, ¿qué crees? ¿Que no me duele lo que te pasó? ¡Ah! Lo que te hicieron no tiene nombre y no me perdono el no poder estar ahí para ti… Pero ten en cuenta que de nada sirve que llores, te deprimas o te alteres. Vas… vas a empeorar todo. Te necesito viva, ¡maldita mar! Lo que trato de decirte es que te quiero, hija, te amo —confiesa Sofía García.
Una palabra rara, extraña, como una joya perdida en un mar de basura… ¿Te quiero? ¿Te amo? ¿Desde cuándo esa mujer alta, rubia, que se mantiene de piel tersa, que hasta cierto punto es dominante porque ella decide quién la posee… dice lo que siente?
Pocas veces recuerda Valeria haberla escuchado decir palabras tan fuertes. Es más, siente miedo porque esas palabras que resuenan débilmente en su mente «quizás solo sean su imaginación».
— ¿Qué ha dicho? Y recién ahora me lo dice, cuando estoy en esta precaria situación —contesta Valeria Rodríguez.
—Es que para mí nunca ha sido fácil manifestar mis sentimientos a los demás… y más aún a mis hijas. Es que… siempre he tenido un miedo muy atroz de hacerles daño —dice Sofía García, llorando.
—Pero… yo… es que… —dice Valeria Rodríguez.
Toc, toc, toc, toc, toc, toc.
Se escucha un sonido en la puerta. Alguien toca de forma insistente. Sofía voltea a ver a Matilde, la Mimosa, pero ella no sabe qué hacer con esa orden implícita. Claro que la Mimosa sabe leer entre líneas; sus sentidos, desde su transmutación, se volvieron más finos para entender el cuerpo, la mirada e incluso el deseo ajeno como si fuera su propio cuerpo. Pero, por más que quiera, no puede seguir a una mujer desconocida para ella: una sombra gris.
—Amo… Matilde pregunta por qué esa señora fea me mira de forma tan directa. Mmm… la Mimosa se asusta.
—Solo obedece. Si mi mujer te necesita, o mis hijas, solo obedece. ¡Este es un momento crítico para mí, entiende por favor! —dice Walter Serafín.
—¡Está bien, señor! Lo que menos quiere Matilde es que usted sufra —dice la Mimosa.
Se da media vuelta, camina hacia la entrada, coge el postigo y abre la puerta. Un señor de zapatos negros camina hacia dentro del cuarto. Utilice un pantalón gris bien planchado con una correa de hebilla cuadrada, una camisa blanca y una corbata negra mal colocada, desajustada para respirar mejor bajo presión. Viste una bata blanca larga hasta rozar sus rodillas, ese uniforme propio de los médicos. Pero su cabello es su firma o característica más resaltante: es rebelde, crespo, muy despintado, de color plomo. Siempre muy desordenado porque jamás ha usado peine.
En su pecho, al lado izquierdo, lleva su apellido: L. Badnews . Es decir: Liam Badnews, especialidad Medicina General.
—Buenos días con todos. Soy el médico a cargo del caso de su hija, la señorita Valeria Rodríguez García. ¿Están los padres de la señorita? —pregunta el doctor Liam Badnews.
—Sí, doctor, presente. Soy la madre, la señora Sofía García, y también está su padre —dice Sofía.
—¿Sucede algo, doctor? ¿Es grave? —pregunta Walter Serafín.
—No, nada grave. Bueno, su hija está fuera de peligro, pero me gustaría explicarles por completo la dimensión de lo que le pasó a la señorita Valeria Rodríguez… claro, ¿si me lo permiten? —dice el doctor Malas noticias.
—Doctor, puede decirlo. Es que, la verdad, todos acá somos familia y no debería haber secretos, así que puede decirlo —interviene Daniela Moreno.
— ¿Están seguros, señores? —insiste el médico.
—Matilde dice que ella se tapará los oídos si así la familia está más tranquila. Miren, así… ¿Ven? La Mimosa es muy considerada. La… la… la… la… —dice la Mimosa.
El doctor Sr. Badnews la ignoró; él no presta atención a estúpidos andantes.
El Doctor Badnews se acomodó la bata blanca, que le quedaba ligeramente larga, y ajustó su corbata negra con un gesto impaciente. Sus ojos, cansados pero analíticos, pasaron de Sofía a Walter sin detenerse en Matilde, tratándola como si fuera un mueble más de la habitación.
—Bien —comenzó el médico, con una voz carente de inflexiones—. El cuadro clínico de la señorita Valeria Rodríguez García es complejo, no por el riesgo vital inmediato, sino por la naturaleza de los agentes externos.
Sofía apretó los puños, conteniendo el aliento. Walter dio un paso al frente, con la mandíbula tensa.
—Hablando en términos estrictos —continuó Badnews—, su hija presenta una neuropatía por compresión severa en la extremidad inferior derecha. El agresor ejerció una fuerza mecánica tal que ha causado una axonotmesis; es decir, los axones de los nervios ciático y femoral han sufrido una interrupción funcional. Por eso no siente la pierna. Sumado al esguince de tercer grado en la izquierda, la bipedestación es imposible. Valeria deberá usar una silla de ruedas por tiempo indefinido hasta que la conducción nerviosa se restablezca… si es que lo hace.
—¿Y las marcas, doctor? Tiene el cuerpo destrozado —intervino Walter con voz ronca.
—Presenta equimosis multiformes y un surco equimótico cervical compatible con una maniobra de estrangulamiento moderado —respondió el doctor sin pestañear—. Sin embargo, lo más preocupante es el barrido toxicológico. Encontramos un cóctel de alcaloides derivados de la hoja de coca, benzodiacepinas de acción rápida y un agente neurotóxico no identificado que los registros preliminares sugieren llamar mmmm verán ya hemos tenido varios casos parecidos, se realizaron a esos pacientes los mismos exámenes dando el mismo resultado por lo cual nosotros al no identificar la procedencia del agente o narcótico exacto……. Decidimos llamarlo: Blue Slavery (esclavitud azul)
El doctor hizo una pausa está sudando, mirando sus notas con una curiosidad casi científica, ajeno al dolor de los padres.
—Qué quiere decir Doctor no lo llego a comprender del todo… ¿ Blue Slavery?. —pregunta Walter Serafín.
—Verán Señores como explicárselos bien mmm miren……. este componente azul actúa como un depresor del sistema nervioso central con efecto de sumisión química. Provocó en ella una parálisis flácida coadyuvante. Básicamente, sus músculos perdieron el tono de resistencia mientras su consciencia quedaba atrapada. Hubo un desgarro vaginal de primer grado, pero es mínimo comparado con la magnitud del agresor; esto se debe a que la droga anuló la respuesta de defensa del organismo. “Lo siento” perdonen mi francés: Este factor permitió una penetración sin rigidez muscular. El cuerpo “se dio”, por así decirlo, ante la intoxicación.
—¡Doctor, por favor! —exclamó Sofía, cubriéndose la boca.
Valeria abrió su boca quedando congelada en una expresión que ella ya no controlaba del todo. Sus pupilas de sus hermosos ojos azul índigo se dilataron, haciendo la escena: “El Medico y sus padres” borrosa irreal como si fuera una pesadilla mal contada…… Se puso a pensar: ¡como diablos llegue a esta situación, es mi culpa es mi responsabilidad lo que me esta pasando…… no… no… no.
—Es la realidad médica, señora García —sentenció Badnews con frialdad—. Su hija está viva de milagro, nose si me terminan de entender que la señorita Valeria fue sometida a una fuerza inhumana que raya en lo fantástico… me atrevería a decir quien la maniato debió ser una maquina es imposible que un solo ser humano sea capaz de tal atrocidad, pero lo mas grave o lo que nos da mas intriga es que su sistema nervioso ha sido vulnerado desde dentro. La rehabilitación será larga…… Y se que no sirve de nada pero en nombre de todos mis colegas le pido perdón por no poder hacer mas por su hija… lo siento enserio.
El doctor Sr. Badnews, esta llorando Walter, Sofia, Daniela no saben porque el llora… Matilde la Mimosa se pone a pensar que una sombra hable tanto pero tanto y llore poco pero poco.
—No puede ser… es que… esto es irreal. ¿Me está diciendo que no voy a volver a caminar porque un animal… no… un monstruo decidió violarme? ¿Y que al hacer eso me dejará postrada en una silla de ruedas? —alza la voz Valeria Rodríguez, desesperada.
—Sí, lo siento mucho, señorita Rodríguez… no hay nada que hacer —confirma el doctor Badnews.
Valeria sentía que una parte muy querida y profunda de ella se rompía como un espejo. Las motos, las fiestas, la playa, bailar, su amor lindo con Thiago… todo se desvanece como bruma en el mar.
Coge el catéter y se lo arranca de un tirón. En el rostro del médico se dibuja una expresión de miedo. Al acercarse Walter para intentar detenerla, ella lo frena con su pie derecho para luego empujarlo sin dudarlo; se arranca los cables de la cabeza. Daniela no lo intenta porque conoce muy bien a «la Hiena»; solo se aparta dando tres pasos hacia atrás.
Sofía intenta abrazarla, pero Valeria hace dudar a su madre al clavarle una mirada azul, tan fría como el hielo de la Antártida, pero tan afilada como el titanio. Al tenerla cerca, no duda en darle una feroz cachetada que la tiró al suelo. El médico, al ver tal escena, lejos de intervenir, salió del cuarto gritando a viva voz:
—¡Código verde, repito, código verde! ¡Vengan enfermeras y traigan un tranquilizante potente! —ordena el doctor Badnews.
Matilde, la Mimosa, se agachó para tocar el hombro de su amo, intentando darle apoyo moral. Duda en intervenir porque sabe que Valeria es la «Niña de Fuego Pirotécnico» del amo.
—Matilde quiere que sepa, amo, que más tarde le dará su “zona feliz” para que se le pase este dolor.
—Ahora no, Mimosa, no es el momento —responde Walter, preocupado.
Valeria se sienta para luego aventarse al piso. Cae, se golpea las costillas, pero ese dolor punzante no la detiene; se arrastra, rampa por el suelo. ¿Qué quiere hacer? Solo desea que lo que el médico dijo sea una mentira, un chiste cruel… todo menos la triste verdad. Pero a medida que avanza, se da cuenta de que su pierna izquierda no le responde; es como un ancla pesada, se siente ajena a su cuerpo. Su cadera le duele como si tuviera una piedra de cinco kilos atravesada y la parte interna de su vientre arde. Duele mucho, muchísimo.
—¡Oh, Dios! Madre, dime que no es verdad… Thiago, ¿dónde estás? Te necesito, bebé… por favor, ven por mí… Tú fuiste la única idea que me mantuvo viva. ¿Dónde estás? —suplica Valeria.
Las enfermeras vestidas de turquesa irrumpen en la habitación 421. Ven a la mujer pelirroja, aquella señorita de cabellos de fuego que grita, llora y se arrastra con rapidez, suplicando por un chico que ellas desconocen totalmente.
Intentan agarrarla de los brazos y piernas para devolverla a la cama, pero ella, aunque delicada y lastimada con dolores que superan cualquier nivel de tolerancia, se resiste. Como profesionales, sienten que no hay otra opción, así que se abalanzan sobre ella, maniatándola y levantándole el camisón para destapar su nalga derecha y clavarle una aguja, introduciendo lentamente el calmante.
—Pobre mi bebé, mi niña hermosa… cariño, por favor —dice Sofía García.
Valeria siente que algo dentro de ella se va apagando. Todo se vuelve más lento, el mundo pierde nitidez antes de que la oscuridad la cubra por completo.
—Padre… prométeme, por favor, prométeme… ¡Hazlo! Que si alguna vez me amaste como hija, me vengarás. Solo haz que paguen esta maldita degradación por la que he pasado. Soy mujer y me violentaron, fui tu niña y me humillaron… Solo deseo ver un campo lleno de cuerpos hechos estatuas de carne… llantos, pesadillas, mucho sufrimiento para los desposeídos que me hicieron esto —delira Valeria, entrando en el profundo sueño producido por la inyección.
—Te lo prometo, hija… mi niña de fuego. Jamás he querido que sufras de esta manera. No sé cómo, pero le haré pagar a ese idiota cada lágrima que derramaste, hasta que se arrepienta de haber nacido —dice Walter Serafín—. Esto no se quedará así. Veremos quién de los dos domadores es el más macho, entre los machos el más fiero.
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