Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Amante del Rey - Capítulo 445

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El Amante del Rey
  4. Capítulo 445 - Capítulo 445: ¿Por qué estás aquí?
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 445: ¿Por qué estás aquí?

El sol de la tarde entraba a raudales por las ventanas abiertas, y Rosa disfrutaba de cómo iluminaba el pequeño espacio, haciéndolo parecer más grande de lo que era en realidad.

Había una pintura de Lady Delphine y un hombre mayor justo encima de la chimenea. Rosa se preguntó si sería su marido. Nunca lo había visto antes, pero no pudo evitar notar el sorprendente parecido que guardaba con su hijo, incluso en su vejez.

—¿Por qué estás aquí?

Rosa odiaba tener que preguntar eso, ya que estaba más que feliz de ver a su padre, pero no podía ignorar el hecho de que esto no era bueno. Su padre estaba en la capital, en el epicentro del peligro y, lo peor de todo, lejos de casa.

Su padre no se ofendió por la pregunta; más bien, se lanzó de inmediato a un relato detallado de cómo Thomas le había dicho que el príncipe heredero quería que viniera a quedarse en la capital, y él había aceptado.

—¿Por qué hiciste eso? No puedes estar aquí, Padre.

—Quiero estar acá. Tú estás acá.

—No es seguro que estés aquí —decía Rosa. No podía creer que el príncipe heredero hubiera hecho algo así.

—Con más razón se supone que debo estar acá. No pueo dejar que estés en peligro sola. ¿Qué clase de pa’re sería yo?

—¿Y qué hay de Madre? No puedes visitar su tumba desde aquí. Y ahora que estás aquí, ¿quién sabe cuándo podrás volver?

Vallyn apretó la mano de su hija. Era ella quien corría más peligro, y aun así se preocupaba por él. No había tomado esta decisión a la ligera, y se había estado atormentando desde que ella se fue, pensando que debería haberla seguido. Si no pudo detenerla, debería haber ido con ella. Su esposa también lo habría querido.

—Tu ma’re querría que estuviera contigo. Ahora eres mi único deber, y tu ma’re seguro que lo entenderá. Yo lo decidí. El jovencito no tuvo que convencerme. Quería venir, y me alegro de poder verte de nuevo. Quizá el príncipe heredero no sea tan cruel. Temía que nos mantuviera separa’os para siempre. No volver a ver a mi Rosie es demasia’o pa’ soportar. No me gusta estar tan lejos de ti.

Su padre extendió la mano libre hacia el rostro de ella, y Rosa apoyó la cabeza en su palma, sujetándola con fuerza mientras el agua anegaba su visión. Pensar que su padre diría eso tan fácilmente sobre el príncipe heredero solo para poder verla de nuevo.

Pero Rosa sabía que su padre no lo había olvidado ni lo había dejado pasar y, al igual que ella, estaba dispuesto a seguirle la corriente para asegurarse de que ella estuviera a salvo y él pudiera estar con ella.

—Padre —hizo un mohín Rosa, luchando por contener las lágrimas.

—Además —añadió con una sonrisa tontorrona—, si reconsideras mi oferta y decides huir, no tienes que preocuparte por mí, y podemos marcharnos fácil.

Rosa se rio entre dientes. Era triste que le pareciera divertido, pero sabía que su padre lo decía completamente en serio y, a pesar de su intensa preocupación de que pudieran tomarlo como objetivo, estaba muy feliz de que estuviera aquí con ella. Ahora podría verlo cuando quisiera, lo que probablemente significaría todos los días. No le importaba.

—¿Qué te parece esto de aquí? —preguntó Rosa, cambiando el lúgubre tema mientras se secaba la cara.

—Es encantador —dijo y miró a su alrededor—. Nunca he visto una casa tan grande. Ni la del barón se le acerca.

Rosa casi dijo que debería ver el castillo, pero no quería que su padre se acercara a ese lugar. Y aunque estaba enfadada con Caius por hacer esto, no podía negar que, en cambio, se alegraba de que su padre estuviera aquí.

—Es bastante grande. ¿Has conocido a Lady Delphine? —preguntó ella.

—Una dama maravillosa —dijo mientras asentía con la cabeza—. La dama sabe que soy carpintero y me dijo que pueo usar to’a la madera que quiera de los árboles de atrás. Me gusta estar acá.

Miró a su hija directamente a los ojos al pronunciar sus últimas palabras. No quería que ella se preocupara, y sabía que estaba muy preocupada por él. Vallyn quería asegurarle que no tenía nada de qué preocuparse.

Él también se alegraba de no tener que preocuparse demasiado por ella. No parecía enfermiza; su piel estaba bien, sus manos también se sentían más suaves de lo que recordaba y olía muy bien. No cabía duda de que la estaban cuidando.

—Me alegro —dijo ella. Y entonces su rostro se puso serio—. ¿No has estado comiendo como prometiste, verdad? Has perdido peso y tienes más canas. ¿Estuviste trabajando demasiado en lugar de descansar?

Vallyn hizo una mueca visible. Su hija era exactamente igual que su esposa. Pensó que había podido evitar esto usando el viaje como excusa, pero, por supuesto, ella no lo dejaría pasar sin más.

Poner excusas ahora solo empeoraría las cosas. El mejor enfoque era admitirlo y decirle que lo haría mejor.

—Lo siento, mi Rosie, pero comeré mejor y descansaré mucho.

Los ojos de Rosa se suavizaron de inmediato. Sabía que su padre extrañaba profundamente a su madre; trabajar duro era su forma de sobrellevar su muerte. También sabía que le debió costar mucho dejarla atrás para estar junto a su hija, pero se alegraba de que lo hubiera hecho.

Le preocupaba que estuviera solo, pero aquí sabía que Lady Delphine y las chicas cuidarían de su padre. La compañía sería buena para él; para ambos.

—Por favor, y si necesitas algo, dímelo. Quiero decirte que dejes de trabajar, pero no puedo decírtelo… sé que te encanta tu trabajo. Solo hazlo con moderación.

—Sí, mi Rosie.

Rosa se rio entre dientes ante esto. Se preguntó si habría alguna forma de vender lo que él hacía, pero no quería atraer ninguna atención hacia él, así que desechó la idea.

—Hablando de comer bien, tú no has comi’o.

—Sí, sí —dijo ella y se puso lentamente en pie—. Iré a almorzar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo