El Amor de Mi Acosador - Capítulo 1
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1: Capítulo 1: Amigos ya no – Pte.
1: Capítulo 1: Amigos ya no – Pte.
—¡Ella, date prisa o vas a llegar tarde al instituto!
—Es la segunda vez que mi madre me grita desde abajo, pero yo me quedo aquí sentada, en el borde de la cama, con la mirada fija en la pared.
Me digo a mí misma que va a ser un buen día, pero ¿a quién quiero engañar?
No he tenido un buen día en el instituto en dos años.
Solo me quedan seis meses de mi último año y entonces todo habrá terminado.
Todavía no estoy segura de cómo me siento al respecto, y esa es la parte más jodida.
Tengo dieciocho años, estoy a punto de graduarme del instituto y tengo una beca completa para prácticamente cualquier universidad a la que quiera ir.
Me llamo Ella Baxter y soy una nerd sin amigos, nunca rompo las reglas y tengo una profunda necesidad de complacer a todo el mundo, menos a mí misma.
No siempre he sido así, pero las circunstancias provocan cambios y, para mí, no fue para mejor.
Solía tener muchos amigos; dos de ellas eran mis mejores amigas, Amy y Bree.
Fuimos inseparables durante la primaria y la secundaria.
No fue hasta principios de mi segundo año cuando tuve que distanciarme de todo el mundo en mi vida, excepto de mi familia.
—¡Cariño!
¿Vas a bajar o no?
—Una vez más, la voz de mi madre llega hasta mí.
Suspirando, me agacho, cojo la mochila y bajo antes de que a mamá le dé un infarto.
Dibujo una sonrisa en mi cara mientras doblo la esquina hacia la cocina, donde mi hermana pequeña y mi hermano están sentados con un tazón de cereales.
Eli, mi hermano de nueve años, tiene el tazón inclinado hacia atrás mientras sorbe la leche.
Mientras tanto, mi hermana de quince años, Elise, gotea leche sobre la mesa cada vez que se lleva una cucharada de cereales a la boca porque tiene los ojos pegados al móvil.
Esto es algo que ocurre a diario en la casa de los Baxter.
Pongo los ojos en blanco y me inclino para darle un beso a mi padre en la mejilla.
—Buenos días, papi.
—Buenos días, cariño, ¿te has vuelto a quedar dormida?
—La preocupación por mi bienestar se le nota en la cara.
Siempre he sido su niñita y se nota en la forma en que me mima por todo.
No me quejo, porque necesito todo el amor y la atención que pueda conseguir estos días.
—No, papi.
—No añado nada más, pero le sonrío.
Podría haber mentido e inventado algo, pero, de nuevo, soy una niña buena; nunca les mentiría a mis padres.
Solo duda un momento antes de volver a su periódico.
Tomo asiento junto a mi padre y mi madre pone delante de mí mis dos tostadas con crema de cacahuete y un plátano.
A diferencia de mis hermanos, no soy muy fan de los cereales fríos.
Prefiero algo más sustancioso en el estómago antes de empezar un día agotador en el instituto.
—Es el tercer día seguido que tengo que gritarte más de una vez para que bajes, Ella.
Mamá toma asiento frente a mí, al otro lado de mi padre, mientras sorbe su café solo.
—Por favor, que no se convierta en una costumbre, me empieza a doler la garganta.
Mi padre se ríe por lo bajo detrás del periódico, ganándose una palmada en el brazo de su mujer.
—¡Pórtate bien, Ethan!
He estado cerca de mis padres lo suficiente como para saber cómo son.
Ambos rondan los cuarenta y pocos años y aún conservan su atractivo.
Por desgracia, también tienen todavía un alto deseo sexual, así que solo puedo imaginar lo que insinuaba la risita de mi padre.
Al estar con ellos todos los días, te acostumbras.
Además, me parece muy tierno que, incluso después de todos estos años, sigan locamente enamorados el uno del otro.
Espero encontrar un amor como el suyo en mi vida.
—¡Ah!
Antes de que se me olvide —se vuelve mamá hacia mí—.
Esta tarde tengo una reunión de la PTA en el colegio de Eli.
Dejaré un guiso en el horno, pero necesito que te asegures de que tu hermano y tu hermana comen.
—Claro, sin problema.
—Mi mamá siempre está haciendo de voluntaria por aquí y por allá, y es la presidenta de la PTA, así que siempre está ocupada con eso—.
¿Estarás en casa para cenar, papá?
—No estoy seguro, cariño.
Tengo una reunión con un cliente y puede que se alargue.
Guárdame un plato en el horno por si no llego a tiempo.
—Asiento.
Mi padre es socio de su Bufete de Abogados, así que no es de extrañar que no llegue a casa a tiempo.
A veces mi mamá le lleva la cena a él y a su cliente si la reunión se alarga.
Terminando lo último de mi desayuno, llevo mi plato al lavavajillas y luego cojo mi mochila.
—¡El tren se va!
—les grito a Eli y a Elise.
Llevarlos al colegio cada mañana es nuestro pequeño ritual matutino.
Es el único momento que pasamos juntos últimamente.
Elise siempre está ocupada con sus amigos, ahora que está en primer año, y Eli se encierra en su cuarto y juega a videojuegos toda la tarde.
En cuanto entramos en el coche, Elise sube el volumen de la radio y comienza nuestra sesión de karaoke matutina.
La canción de Ed Sheeran, Shivers, la favorita de mi hermana, está sonando y ella chilla de emoción.
Empieza a bailar mientras canta la letra a pleno pulmón, y no puedo evitar reírme al ver sus rizos rubio fresa rebotar por todas partes.
Sus ojos azules brillan cuando se encuentran con los míos y me dedica una gran sonrisa.
A diferencia de otras hermanas, nosotras nos llevamos muy bien, pero en momentos como este envidio su inocencia.
Espero que nunca tenga que experimentar un día de lo que es mi vida, porque me temo que podría destrozarla.
El segundo timbre que da comienzo a la primera clase del día está a punto de sonar cuando cierro mi taquilla de un portazo.
Con la bolsa del portátil cruzada sobre el cuerpo, me dirijo rápidamente a mi primera clase antes de que nadie pueda detenerme.
El señor Miller, nuestro profesor de matemáticas, está sentado en su escritorio, revolviendo papeles mientras todos entramos en el aula.
Suelto un suspiro de alivio en cuanto mi trasero toca la silla, sabiendo que durante los próximos noventa minutos tendré una mínima apariencia de paz.
Por desgracia, el señor Miller nos tuvo trabajando en nuestra siguiente tarea, lo que me mantuvo ocupada durante toda la clase y, antes de que me diera cuenta, sonó el timbre.
Guardo el portátil, me doy la vuelta para irme y choco accidentalmente con alguien.
Maldigo por lo bajo cuando veo de quién se trata.
—¡Mira por dónde vas, nerd!
—Kaylee Simpson me fulmina con la mirada como si lo hubiera hecho a propósito.
—Lo siento mucho, Kaylee, ha sido un accidente.
—«Lo siento mucho, Kaylee, ha sido un accidente» —me imita y luego me empuja al pasar—.
¿Qué tal si te caes de un puente por accidente?
—Su amiga, Callie, se ríe de su patético intento de insultarme mientras se marchan.
Chocarme con la capitana del equipo de baile del instituto a primera hora de la mañana prácticamente me dice qué tipo de día voy a tener.
Kaylee ni siquiera sabe por qué me odia tanto.
Solíamos ser conocidas, no es que anduviéramos en el mismo círculo, pero aun así hablábamos entre clases y fuera del instituto.
Ahora me trata como si fuera la mugre bajo sus zapatos.
Como todos los demás, me descartó como a la ropa de la temporada pasada hace dos años.
Un viernes por la noche estábamos hablando en la fiesta de un amigo y, el lunes por la mañana, Kaylee y la mayor parte de la clase de último año empezaron a ignorarme.
Solo tardó una semana, y después el resto del instituto también me abandonó.
Ahí fue cuando empezó todo; fue cuando Jace Palmer decidió hacerme la vida un infierno.
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