El Amor de Mi Acosador - Capítulo 125
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- Capítulo 125 - 125 Capítulo 125 Vale tanto la pena - Parte 1
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125: Capítulo 125: Vale tanto la pena – Parte 1 125: Capítulo 125: Vale tanto la pena – Parte 1 Después de nuestro pequeño revolcón mañanero, nos aseamos y luego bajamos a mi apartamento y nos duchamos.
No sé cómo logramos pasar la ducha sin tener sexo en ella, pero lo hicimos, y luego salimos por la puerta.
Tengo ganas de enseñarle dónde trabajo, y ya que estamos allí, podríamos desayunar y tomar un buen reconstituyente de la cafetería.
A Becky se le cae la boca al suelo en el segundo en que entramos cogidos de la mano y se da cuenta de que soy yo.
Una vez que pasa la sorpresa, la emoción ilumina sus ojos y nos dedica una enorme sonrisa.
Todavía hay un cliente delante de nosotros antes de que pueda empezar a ser la cotilla de siempre.
Al menos, eso le da a Jace tiempo para decidir qué quiere.
Me pregunta qué está bueno y todo eso, pero ambos sabemos que va a pedir un café solo con crema sin azúcar.
Finalmente es nuestro turno de acercarnos al mostrador.
—Debes de ser el famoso Jace —le sonríe Becky.
Jace le devuelve la sonrisa con su sonrisa sexi.
—Eso depende de lo perverso que Ella me haya hecho parecer —le guiña un ojo a mi compañera de trabajo.
Becky se vuelve hacia mí y menea las cejas.
—No entra en detalles, pero puedo adivinar lo malo que eres por la mirada perdida que se le pone cuando habla de ti —se ríe.
—¿Ah, sí?
—Se vuelve hacia mí, levanta una ceja y esboza una sonrisa socarrona.
Le doy una palmada juguetona en el brazo.
—Para, apenas hablo de ti.
—Eso no es verdad en absoluto; no le mientas.
Miro a mi amiga, sorprendida.
—¿En serio, Becky?
—¿Qué?
¿No te das cuenta de que hablas de él más de lo que crees?
—Le toca a ella guiñarle un ojo a Jace, y tiene suerte de que no pueda alcanzarla por encima del mostrador.
Becky se ríe una vez más y luego toma nota de nuestros pedidos.
—¿Y bien, cuándo es el día D?
—¿El día D?
—preguntamos Jace y yo a la vez.
—Sí, ya sabéis, el día de la mudanza.
¿Cuándo te mudas aquí por fin?
—Oh —se ríe Jace entre dientes—.
Por desgracia, me queda un mes de clase, pero después, seré todo de Ella.
—Me rodea con sus brazos por la espalda.
—¡Oh, qué bien!
Sois monísimos juntos.
Yo, por mi parte, me alegro de que Ella por fin tenga novio —se vuelve hacia mí—.
Sin ofender, pero siempre parecías muy triste.
Me río entre dientes.
—Vaya, gracias, Becky.
La campanilla de la puerta suena, indicando la llegada de otro cliente, así que nos apartamos a un lado para esperar nuestro pedido.
Jace me da mi moca blanco y coge su café, y vamos a sentarnos a una mesa para comernos los dónuts que compramos en la pastelería.
Es agradable tener a alguien con quien hacer esto en lugar de hacerlo sola.
Lo malo es que tiene que volver a casa más tarde.
Parece que acaba de llegar.
—Oye, ¿a qué viene ese ceño fruncido?
—pregunta él, frunciendo el ceño también.
Me encojo de hombros.
—Ojalá no tuvieras que irte luego.
Me dedica una pequeña sonrisa.
—Yo también, bebé, pero solo son unas semanas más, y luego estaré aquí para siempre.
—Lo sé, pero este próximo mes se va a hacer lentísimo, lo sabes, ¿verdad?
Riéndose entre dientes, me coge la mano por encima de la mesa.
—Lo sé.
Tendremos que hacer videollamadas cada vez que podamos.
Dentro de poco, el «día D» —cita a Becky haciendo comillas con los dedos—, llegará.
—¿Puedes hacerlo otra vez?
—le pregunto mientras le sonrío desde el otro lado de la mesa.
—¿Hacer qué?
—Da un sorbo a su café.
—Hacer las comillas en el aire a lo Becky —digo, y se me escapa una carcajada—.
Estás adorable haciendo eso.
Sonriendo, me hace la peineta.
—Pórtate bien o te pondré sobre mi rodilla y te azotaré.
—No me amenaces con pasármelo bien, señor Palmer —meneo las cejas.
—Jesús, he creado un monstruo.
—Pellizcándose el puente de la nariz, niega con la cabeza, riéndose entre dientes.
—No, tu monstruo —bajo la mirada—, ha creado una ninfómana.
—Guiño un ojo y luego le hinco el diente a mi rollo de canela.
Jace echa la cabeza hacia atrás y se ríe a carcajadas.
Me encanta el sonido de su risa natural.
Por alguna extraña razón, me hace sentir cálida y feliz por dentro.
Ambos guardamos silencio mientras desayunamos y bebemos nuestro café, pero seguimos lanzándonos miradas como si acabáramos de empezar a salir.
Supongo que, en cierto modo, es así, porque solo llevamos poco más de un mes de relación oficial y solo hemos tenido una o dos citas antes de ahora.
Sintiéndome un poco juguetona, me quito el zapato y recorro su pierna con el pie antes de seguir subiendo.
Sus ojos permanecen fijos en los míos, y sonríe, pero no hace nada para detenerme.
Siento una contracción dentro de sus vaqueros y una comisura de mis labios se eleva, al igual que una de mis cejas.
—¿Quieres saber qué me parece muy divertido, Ella?
—pregunta mientras se termina su garra de oso.
—¿Qué es, Jace?
—digo su nombre de la forma más seductora que puedo.
—Que sigas haciendo lo que estás haciendo y te olvides de que en algún momento tenemos que volver a tu casa, donde no hay nadie para presenciar cómo castigo ese trasero.
—Se muerde el labio y mira hacia arriba como si estuviera pensando, lo que, al parecer, está haciendo—.
¿No te debo unos cuantos castigos de todas formas?
Es mi turno de morderme el labio.
—Sí, pero no pasa nada si no nos da tiempo antes de que tengas que irte.
—Me aguanto la sonrisa.
—¿Qué clase de Dom sería si no castigara a mi chica traviesa?
—Su sonrisa socarrona me dice que planea disfrutar cada segundo del castigo que voy a recibir.
—Tienes razón, ¿qué clase de Dom serías si dejaras que tu sub siguiera haciendo travesuras sin una reprimenda?
¿Dolerá?
—sonrío con picardía.
—Sí, pero no de la forma que crees.
Mejor no hablemos de eso ahora.
Quiero disfrutar de este día con mi novia.
¿Estás lista para enseñarme un poco los alrededores?
—¡Oh, sí!
—Me meto el último bocado en la boca y recojo nuestra basura para tirarla al salir.
—Adiós, Becky, nos vemos mañana.
—Nos vemos, Ella.
Ha sido un placer conocerte, Jace, nos vemos en unas semanas.
—Sí, encantado de conocerte también —responde Jace mientras me abre la puerta.
Antes de que pueda poner los dos pies fuera, choco contra un pecho duro.
Dos pares de manos me sujetan antes de que pueda caer, pero es el par que está detrás de mí el que aprieta su agarre y tira de mí hacia atrás.
Cuando levanto la vista, Gabe parece arrepentido hasta que mira detrás de mí y frunce el ceño ligeramente.
—Lo siento, Ella, ni siquiera te vi.
—Mi amigo vuelve a mirarme.
—Oh, no pasa nada, parece que yo tampoco estaba prestando atención —me río entre dientes—.
Vienes a por tu dosis diaria, por lo que veo.
Le toca a Gabe reírse entre dientes.
—Me conoces muy bien, Ella.
—Mira a Jace con aire divertido.
Siento que el agarre de Jace se tensa un poquito y luego se afloja de inmediato.
—Deberíamos irnos ya, bebé.
—Jace presiona sus labios en mi nuca.
Cuando me vuelvo y lo miro, sonríe.
—Todavía tenemos mucho que hacer antes de que vuelva a casa.
—Me guiña un ojo, y sé que está intentando poner celoso a Gabe, pero simplemente le dejo que se salga con la suya.
—Sí, vale —le devuelvo la sonrisa y luego me vuelvo hacia Gabe—.
Nos vemos luego, ¿vale?
—Por supuesto que nos veremos.
Pásate cuando estés libre.
—Me dedica su sonrisa coqueta e ignora a Jace por completo.
Una vez que vamos calle abajo, Jace me coge de la mano y me la aprieta.
—No creo que le caiga muy bien a tu amigo.
—Se le pasará.
Cuando se dé cuenta de que estás en mi vida para quedarte, pasará página.
Sin embargo, no deberías intentar entrar en una competición de a ver quién mea más lejos con él.
Solo servirá para provocarlo más —le advierto.
—Tienes razón.
Me portaré bien de ahora en adelante.
—Me atrae hacia sus brazos y me besa en medio de la acera.
Cuando se aparta, tardo un momento en recuperar la compostura—.
Muéstrame nuestro nuevo hogar para los próximos años, Ella.
—Su sonrisa hace que mi corazón dé un vuelco, y entonces nos ponemos en marcha, mientras él tira de mí calle abajo.
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