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El Amor de Mi Acosador - Capítulo 145

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145: Capítulo 145 Libro 2 – Ella no es preciosa 145: Capítulo 145 Libro 2 – Ella no es preciosa Jace me viste con otro modelito escandaloso y me lleva al Club Desvergonzado.

Esta vez es un vestido ceñido sin tirantes muy corto.

Me llega justo por debajo de las nalgas y tiene aberturas horizontales en ambos lados que van de delante hacia atrás.

Es de color azul real, y aun así es más de lo que llevan otras, aunque parezca mentira.

También llevo un par de tacones de quince centímetros a juego.

En resumen, parezco una prostituta callejera, lo que me hace preguntarme si eso es lo que tiene en mente para mí esta noche: usarme como una puta sucia.

La idea me excita y me pongo cachonda.

Sin embargo, tengo que controlarme, porque Jace no me ha permitido llevar ropa interior esta noche, y lo último que necesito es gotear de excitación.

Dijo que era parte de mi castigo.

Es humillante, como poco, porque con lo ceñido que es el vestido, estoy bastante segura de que unas cuantas personas ya han podido entrever mis partes íntimas las pocas veces que el vestido se me ha subido demasiado.

Jace me da un agua de la barra y coge otra para él antes de guiarnos a través del club hasta un reservado apartado.

Elias está sentado entre dos mujeres que no llevan más que joyas corporales.

Los ojos del dueño del club recorren mi cuerpo antes de encontrarse con los míos y sonreír.

Sin embargo, como soy la sub de Jace, no puede decirme nada directamente, así que, sin apartar los ojos de mí, dirige su comentario a Jace.

—Tu sumisa está muy deliciosa esta noche, Maestro Jace.

¿Estás seguro de que no quieres que le haga compañía un rato?

Jace se aclara la garganta.

—Con el debido respeto, Elias, ya he mencionado que no comparto a mi sub, pero estoy seguro de que en algún momento podrás vernos en una sesión juntos.

Una chispa cálida se enciende en mi interior al pensar en que Elias nos vea a Jace y a mí juntos.

Al igual que cuando Kia vio a Jace meterme los dedos, me excita.

Bajo la mirada al suelo para que nadie pueda ver el deseo que surge en mi interior.

Sin embargo, siento un tirón de la correa y levanto la vista hacia Jace.

—¿No sería genial?

¿Que el dueño del club nos viera en una sesión juntos?

—pregunta Jace con una sonrisa socarrona.

—Si eso es lo que desea, Señor.

Sin previo aviso, su mano está entre mis piernas, y pasa sus dedos por mi humedad.

—Eso me parece un sí definitivo, Ella.

Estás empapada.

¿Te excita pensar en Elias viéndome joderte?

Me quedo callada, pero me pellizca el clítoris a modo de advertencia.

—Sí, Señor.

La idea me excita…
Me dedica una sonrisa socarrona y luego vuelve a dirigir su atención a Elias, que ahora luce una sonrisa de emoción.

—Cuando mi sub termine su castigo, podemos volver para darte un espectáculo.

—¿Por qué no esta noche?

—dice el dueño, poniendo un puchero.

Jace se ríe.

—Ella no tiene permitido correrse, así que el espectáculo sería aburrido, como poco.

Mi chica es una eyaculadora, y estoy seguro de que eso sería un espectáculo más entretenido para ti.

Siento que la cara se me pone al rojo vivo porque Jace está revelando mis detalles íntimos, pero supongo que todo forma parte de este estilo de vida.

He oído a otros hablar de su sub de esta manera, como si no hubiera secretos entre los Doms.

Lo único que puedo hacer es inclinar la cabeza y seguir mirando al suelo.

—¿Está todo listo para mí?

—pregunta Jace a Elias, haciéndome preguntar qué es lo que ha preparado.

—Lo está.

Ve a la habitación cuatro y encontrarás todo lo que necesites.

Levanto la vista justo a tiempo para ver la sonrisa cómplice que Elias y Jace comparten.

~~~~~~~~~~~~
Jace me guía hacia la zona de las mazmorras, pero luego se detiene frente a una puerta con el número cuatro.

La abre y entra, tirando de mí con la correa.

Mis ojos se abren como platos cuando veo la habitación llena de todos los instrumentos que puedas imaginar.

¿Va a usar Jace algunos de estos en mí?

La emoción me recorre mientras contemplo los numerosos azotadores, fustas, varas y látigos.

Oh, pero hay mucho más, algunas cosas que creo que no he visto nunca.

—Quítate los zapatos y arrodíllate, Ella —dice Jace, señalando un gran cojín en el suelo, y yo me apresuro a obedecer su orden.

Observo cómo Jace se quita la camisa y la deja sobre la única silla de la habitación.

Se acerca a una gran ventana y levanta las persianas, para que otros puedan ver.

Esto me confunde, sin embargo, porque le acaba de decir a Elias que no podía vernos en la sesión, pero aparto la idea de mi cabeza mientras espero pacientemente la siguiente orden de Jace.

Sin embargo, la orden que he estado esperando nunca llega.

En su lugar, se abre una puerta y entra una mujer desnuda.

Es de ascendencia asiática y es absolutamente preciosa.

Tiene más o menos mi altura y mi peso, pero parece mayor que Jace y que yo.

Mi primer pensamiento es que se ha equivocado de habitación, pero sus siguientes palabras desgarran todo mi ser.

—¿Dónde me quiere, Maestro Jace?

Mi cabeza se gira bruscamente hacia Jace, pero él ni siquiera me dedica una mirada mientras sonríe cálidamente a la otra mujer.

A estas alturas, mi corazón late de forma errática.

No puede ser que… no puede estar haciendo una sesión con otra mujer, ¿verdad?

—¿Cuál es tu nombre, hermosa?

—pregunta Jace, con su voz aterciopelada resonando en la habitación.

—El que usted quiera, Maestro Jace.

¿Acaba de llamarla hermosa?

¿Están coqueteando delante de mis narices?

Miro con incredulidad a mi novio.

¡No puede estar usando esto en serio como parte de mi castigo!

Si cree que voy a arrodillarme aquí y ver cómo complace a otra mujer delante de mí, ¡lo lleva claro!

Es diferente cuando está haciendo su trabajo en el Centro de Entrenamiento, pero durante su tiempo personal, ¡definitivamente no está bien!

Intento levantarme, pero Jace se apresura a señalar de nuevo el cojín, como si no me hubiera quitado el ojo de encima en todo este tiempo.

Con su severa voz de Dom, me ordena que me siente y no me mueva.

Vuelvo a sentarme automáticamente.

Vuelve a centrar su atención en la otra mujer.

—Déjame pensarlo un momento.

Mientras tanto, quiero repasar la sesión y asegurarme de que tengo tu consentimiento.

—Sí, Maestro Jace.

—Planeo calentarte con un azotador hasta que tu piel esté bien rosada.

Luego pasaré a una pala o un cinturón de tu elección, y después voy a azotar esa hermosa piel hasta que alcances el subespacío.

¿Qué te parece?

—Mmm, ya estoy húmeda, Maestro Jace.

¡Por favor, haz que duela rico!

—dice la mujer.

—Ese es mi plan.

Ahora, la parte más importante es que puedes correrte tanto como quieras.

¿Te parece bien?

—pregunta Jace con una amplia sonrisa.

—¡Oh, Dios!

Gracias, Maestro Jace, es usted demasiado amable.

Jace se ríe.

—Dices eso ahora, pero creo que mi propia sub no estaría de acuerdo en este momento.

Ambos me miran.

Los ojos de Jace me recorren de arriba abajo.

—Abre las piernas, Ella.

Quiero ver cómo se moja ese coño de zorra mientras me ves hacer que otra sub se sienta bien.

Gimo, pero aun así abro las piernas porque, por muy dolida y enfadada que esté con Jace ahora mismo, mi cuerpo me está traicionando.

Jace se acerca y se pone en cuclillas justo delante de mí.

Desliza un dedo entre mis piernas y se ríe justo antes de chupárselo.

—Sí, la pequeña zorra codiciosa está bien despierta, ¿verdad?

—Sí, Señor.

—Inclino la cabeza, pero él me la levanta de un tirón.

—Verás esta sesión, Ella, hasta el último segundo.

Luego, cuando termine con ella, haré que me chupes la polla, ¿qué te parece?

—pregunta mientras me pasa el pulgar por el labio inferior, de un lado a otro.

—Está bien, Señor.

Sin pensarlo dos veces, se aparta de mí y coge el azotador que la mujer ha elegido para que lo use con ella.

—Ve a la cruz de San Andrés —le ordena a la otra sub.

Una vez que ella está de cara a la gran X, Jace le esposa las muñecas y los tobillos.

—Ahora podemos empezar.

Da un paso atrás, pero se detiene.

—Oh, todavía necesito un nombre para ti, ¿no?

Mmm, qué tal si te llamo… Preciosa.

Mi mundo se desmorona mientras mi corazón se hace millones de pedazos al oír sus palabras.

No puede decirlo en serio.

Ella no es Preciosa… ¡lo soy yo!

¿Cómo puede ser tan cruel como para darle a otra sub mi apodo?

No estoy segura de cómo encuentro la fuerza para hacerlo, pero lo que sí sé es que no puedo seguir sentada aquí siendo torturada de esta manera.

—¡Piña!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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