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El Amor de Mi Acosador - Capítulo 151

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151: Capítulo 151 Libro 2 – Confesiones 151: Capítulo 151 Libro 2 – Confesiones Acomodo a Elise en nuestra habitación en cuanto llegamos a casa.

No pregunta por qué no le damos nuestro cuarto de invitados para dormir y se lo agradezco.

Es demasiado joven para enterarse de las cosas que Jace y yo hacemos detrás de esa puerta, lo que me recuerda que tengo que asegurarme de que la puerta esté cerrada con llave en todo momento.

—¿Tienes hambre, Elise?

—pregunta Jace mientras empieza a sacar cosas de la nevera.

—Claro, pero no tienes que prepararme nada, seguro que encuentro algo de comer —afirma mi hermana.

—Jace cocina siempre que tiene ocasión —río entre dientes—.

Siempre está aprendiendo platos nuevos.

—Vale —se encoge de hombros Elise—, como sea.

No soy muy tiquismiquis.

—¡De acuerdo!

¡Macarrones con queso, en marcha!

—Jace levanta el puño en el aire.

Elise me mira y levanta una ceja.

—Vaya, tienes que ser un genio para saber preparar ese plato —dice en broma.

—Ah, no son de los de caja, y que nunca te pille comiendo de esos —digo en voz baja mientras me inclino hacia ella—.

Él los hace desde cero, y una vez que los pruebes, no volverás a querer los macarrones de caja.

—Muy bien, entonces… —sus ojos recorren el apartamento—.

¿Te importa si me doy una ducha rápida?

—En absoluto.

Tienes tu propio baño mientras estés aquí, así que adelante con la ducha.

—Intento mantener una actitud positiva y de verdad espero que podamos resolver nuestros problemas mientras esté aquí.

En cuanto Elise desaparece en su habitación, Jace viene, me levanta en brazos y presiona sus labios contra los míos.

Parece que siempre sabe cuándo lo necesito sin que tenga que decírselo.

Me vuelve a poner de pie y me lleva la mano a la mejilla, acariciándomela con el pulgar.

—¿Estás bien?

—pregunta con cierta preocupación.

Asintiendo, sonrío con dulzura.

—Sí, estaré bien.

—No quiero irme solo para volver y encontrarme un cadáver del que tenga que ocuparme —bromea, por supuesto, pero sé que le preocupa que estemos solas.

Ahora riendo, le doy una palmada juguetona en el pecho.

—Estaremos bien, y no puedes faltar a tu primera noche de trabajo, Jace.

—Mmm, ¿me esperarás cuando llegue a casa?

—Mueve las cejas de arriba abajo.

—Sabes que lo haré, y espero que esa habitación esté lo bastante insonorizada —Enarco una ceja.

—No importará si te amordazo, ¿verdad?

—Se acurruca en mi cuello y ya puedo sentir el calor subiendo entre mis piernas.

—¡Para!

¡Me niego a sufrir hasta que llegues a casa!

Si me pones a mil, ME tocaré y te lo enviaré solo para provocarte mientras estás atrapado en el trabajo.

—Escucha a mi pequeña ninfómana, pensando que no será castigada por tocarse sin mi permiso.

Me mordisquea el lóbulo de la oreja mientras su mano se desliza por el hueco entre mis piernas.

Ahuecando la mano sobre mi sexo, me recuerda—: Esto es mío, y nadie lo toca a menos que yo lo diga.

Me estoy quedando sin aliento.

—Quizá debería añadir una cosa más a mi lista de límites infranqueables entonces.

—Mmm, ¿cuál?

—Que tú tampoco puedes correrte a menos que yo lo diga.

De repente, todas las caricias cesan y él se aleja.

—De acuerdo, pararé.

—Me da un piquito en la nariz y vuelve a los fogones.

Riéndome, voy a nuestra habitación temporal para asearme y ponerme ropa más cómoda.

~~~~~~~~~~~~
Elise y yo decidimos ver la nueva temporada de Soltero en Netflix.

Jace ya se ha ido a su primera noche en el Sin Vergüenza, no sin antes hacernos prometer a Elise y a mí que nos quedaríamos en casa por la noche y no abriríamos la puerta sin mirar antes por la mirilla.

Se quedó al otro lado de la puerta hasta que eché todos los cerrojos que tenemos, que son dos de seguridad y una cadena.

Sí, somos un poco paranoicos.

El silencio entre mi hermana y yo me resulta extraño.

Siempre teníamos algo de qué hablar, incluso cuando veíamos la tele juntas.

Así que su ley del hielo es una auténtica tortura.

Cojo el mando, le doy al botón de pausa y me giro hacia Elise.

Es casi como si hubiera estado esperando este momento.

Sigue mirando la tele aunque está en pausa, pero sé que está atenta a todo lo que hago.

Después de estudiar su perfil durante unos minutos, finalmente hablo: —¿Así que vamos a seguir así las dos semanas que estés aquí?

Ella se mira los dedos.

—No lo sé, depende.

—¿De?

Sus ojos azules se encuentran con los míos.

—De si te vas a enfadar o no por lo que tengo que contarte.

Me acerco a ella y le pongo la mano en el hombro.

—Sabes que puedes hablar conmigo de cualquier cosa, Elise.

La última vez fue duro.

Sentí que te ponías de su parte en lugar de la mía, y me dolió profundamente.

—Lo sé, y lo siento.

—Su mirada vuelve a sus dedos, que están jugueteando con un hilo suelto de su pantalón de pijama de franela—.

La he cagado, Ella.

—Cometiste un error, hay una diferencia —le aprieto el hombro.

—No, no lo entiendes.

La he cagado, pero de verdad; confié en la persona equivocada.

—Noto cómo una lágrima cae de su ojo, y ahora estoy realmente preocupada.

—Oye, ¿qué pasa?

Elise niega con la cabeza.

—Vas a odiarme cuando te lo cuente.

—Nunca podría odiarte, Elise.

Por mucho que a veces me saques de quicio, o por mucho que discutamos, al final del día, sigues siendo mi hermana.

—La rodeo con mis brazos y la abrazo.

—Fui yo —susurra ella.

—¿Qué fuiste tú?

—Dijo que me amaba y que quería estar conmigo, pero que tú te interponías en nuestro camino.

—Sigue susurrando, pero estoy lo suficientemente cerca como para poder oír lo que dice.

Frunciendo el ceño, intento encontrarle pies o cabeza a lo que dice, pero no lo entiendo.

—¿Me interponía entre tú y quién?

—No lo entiendes, Ella, fue mi primera vez, y lo amo.

Me dijo que nunca había estado con nadie como yo, y que no podía esperar a que me graduara para que pudiéramos casarnos.

¡Estaba dispuesto a esperar dos años más por mí!

—Elise se está alterando, y empiezo a tener un muy mal presentimiento sobre lo que va a decir a continuación.

—Elise, no tienes ningún sentido.

¿De quién estás hablando?

Se seca las lágrimas, pero sigue sin mirarme.

—D-dijo que si conseguía s-solo una, s-sería suficiente —empieza a tartamudear, y Elise solo tartamudea cuando está muy asustada.

—Oye —digo, y la agarro por los hombros para girarla hacia mí—, puedes contármelo, sea lo que sea.

—Solo quiero que sepas cuánto lo siento todo.

Estaba enfadada porque te fuiste así sin más, y él estuvo ahí para mí.

No me di cuenta de que solo me estaba utilizando.

¡Lo siento muchísimo, Ella!

Lo único que quiero es zarandearla hasta que me diga lo que intenta decir, pero sé que no debo.

Necesito ser paciente si quiero que continúe; de lo contrario, se cerrará en banda.

Nunca antes había visto a mi hermana así; siempre ha sido el querubín feliz con el que a todo el mundo le encanta estar.

—El, no puedo ayudarte si no me dices por qué lo sientes.

Te prometo que, sea lo que sea, pensaré antes de actuar o decir nada.

Primero lo miraré desde tu punto de vista y luego decidiré cómo manejarlo.

Cuando vuelve a mirarme, puedo ver lo arrepentida que está.

Tiene la cara roja e hinchada de llorar, y sus continuos sollozos me dicen que necesita un pañuelo, o quizá una caja entera.

Me estiro hacia la mesa que hay detrás del sofá, cojo la caja medio vacía de Puffs y se la entrego.

—Gracias.

—Coge unos cuantos y se suena la nariz antes de volverse hacia mí—.

Antes de contarte, quiero que sepas que entenderé si necesitas tiempo, y que esto puede abrir una brecha muy grande en nuestra relación, pero que sepas que te quiero y que no volveré a hacerle caso a ningún chico nunca más.

Intentando aligerar el ambiente, le doy un toquecito en el costado con el dedo índice.

—Nunca digas nunca, los hombres tienen un don para hacerte cambiar de opinión —río entre dientes.

Me dedica una sonrisa patética.

—Sí, puede ser.

—Oye, dímelo ya.

Cuanto antes te lo quites de encima, antes podremos superarlo.

Duda una última vez.

—Fui yo quien os grabó a ti y a Jace en vuestra habitación.

—Cierra los ojos con fuerza, no queriendo ver mi reacción.

Me quedo atónita, sin saber qué decir todavía.

Sentada aquí, miro a la chica que, hace menos de un año, se desgañitaba en mi coche cantando «Shivers» de Ed Sheeran mientras la llevaba al instituto.

Es la única que ha estado a mi lado durante los dos años en los que no tuve a nadie más.

Quizá no debería haberla mantenido al margen; quizá debería haberlo compartido todo con ella, y entonces no estaríamos donde estamos hoy.

Cumplo mi palabra y no salgo furiosa.

Me quedo sentada y pienso en todo lo que acaba de vomitar verbalmente para llegar a este punto.

Mi hermana: mi adorable, alegre y pequeña hermana me grabó a mí y a mi novio teniendo sexo pervertido y luego se lo entregó a alguien.

—¿Quién?

—El…
—¿Quién te hizo grabar el vídeo?

—Intento mantener la calma, pero estoy empezando a quebrarme.

—Estaba enamorada de él, Ella.

Me utilizó, lo siento.

Con los dientes apretados, le pregunto una última vez: —¿Quién.

Ha.

Sido?

—Ha sido Mason…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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