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El Amor de Mi Acosador - Capítulo 40

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40: Capítulo 40: Noche de cita – Parte 1 40: Capítulo 40: Noche de cita – Parte 1 Que mi madre me cancelara el vuelo a Connecticut fue desolador.

Tengo tantas ganas de irme de este lugar, sobre todo después de la agresión, pero todavía tengo asuntos pendientes de los que debo ocuparme antes de marcharme.

Además, no podré hacer gran cosa si me voy ahora con las costillas rotas, así que será mejor que me quede aquí hasta que al menos pueda moverme y hacer las cosas por mi cuenta un poco más.

Todavía no le he dicho nada a Jace sobre que me voy.

Dependiendo de cuál sea mi decisión, puede que no se lo diga en absoluto.

Esa es una de las razones por las que acepté ir al cine con él esta noche.

Ha pasado casi una semana desde que volví a casa del hospital, y ha estado viniendo después de clase para ayudarme en casa cuando no hay nadie.

Sigue viniendo aunque no necesite ayuda, y la verdad es que ha sido agradable.

He visto mucho del antiguo Jace, pero no estoy segura de si es porque mi familia está cerca o si de verdad está intentando ir despacio por mí.

Cuando me ha preguntado esta mañana si iría al cine con él esta noche, no le he dicho que sí solo porque sea una cita, sino porque necesito salir de esta casa y mis padres no me dejan ir a ningún sitio sola, y Jace tampoco.

También quiero intentar conocerlo de nuevo, me ayudará a tomar una decisión, pero me pone nerviosa que el abusón que lleva dentro salga en el momento en que me quede a solas con él.

Un cosquilleo me recorre las entrañas al pensar en esa posibilidad, y frunzo el ceño, molesta conmigo misma.

¿Cómo puedo seguir diciéndole a Jace que no sea así, y que luego mi cuerpo reaccione ante la posibilidad de que haga exactamente eso?

Se me escapa un profundo suspiro cuando mi teléfono vibra.

Al mirarlo, veo que es un mensaje de Jace que dice que estará aquí en cinco minutos.

Tras echarme un último vistazo en el espejo de cuerpo entero, bajo lentamente las escaleras para esperarlo.

Justo cuando pongo el pie en el último escalón, suena el timbre.

Mamá es más rápida que yo y deja entrar a Jace tras recibirlo con una cálida sonrisa.

Nuestras madres están en una nube al saber que vamos a tener una cita.

Jace me dijo que a su madre se le llenaron los ojos de lágrimas cuando se lo contó.

Me enseña su deslumbrante sonrisa cuando me ve al pie de la escalera.

No me he arreglado ni nada, pero me he puesto un poco de brillo de labios y rímel para que parezca que me he esforzado.

No es que no me haya visto en mis peores momentos.

Le devuelvo la sonrisa y me acerco a él mientras me sujeta el abrigo para que meta los brazos.

Estoy bastante segura de que lo hace solo porque sabe que todavía no puedo hacerlo por mi cuenta, y no porque sea un caballero.

—¡Adiós, chicos, pasadlo bien!

—grita mi madre mientras salimos por la puerta.

—¿Qué es tan gracioso?

—pregunta Jace cuando me río de las palabras de mi madre.

—Siempre seremos «niños» a los ojos de nuestros padres —le lanzo una mirada de reojo—, tienes casi diecinueve años y todavía te llaman niño.

Se encoge de hombros antes de abrirme la puerta del coche de su madre.

—La verdad es que me da igual.

Solo hay una persona que necesita saber, y entender, que ya no soy un niño.

—Me guiña un ojo mientras me ayuda a acomodarme en el asiento.

Ahí está el Jace que sabía que aparecería en algún momento de la noche, pero no se lo tendré en cuenta porque no estaba intentando ser un capullo.

Quiero decir que, después de todo, pensó en mi comodidad al usar el coche de su madre en lugar de su jeep.

Me habría costado más subirme al suyo que ahora, y creo que fue un detalle por su parte.

Incluso cuando me pasa el cinturón de seguridad por delante y lo abrocha, solo está velando por mi seguridad.

Un escalofrío me recorre cuando su mano me roza brevemente el muslo al retirarla para cerrar la puerta.

Creo que ha visto mi reacción, porque cuando levanto la vista para darle las gracias, tiene una sonrisita arrogante en la cara.

Durante el trayecto en coche, hablamos de lo que estaba pasando con mi caso.

Me dijeron que todos habían pagado la fianza después de ser detenidos y que se habían declarado «no culpables» de todo.

Ahora todos estamos esperando la fecha del juicio, y tendré que ir a testificar, junto con Jace, porque fue él quien vino a buscarme.

Es todo un lío y ojalá desapareciera, pero por supuesto, como eso me facilitaría la vida, no va a suceder.

El cine no estaba muy lleno, así que no tardamos en coger las bebidas y las palomitas, y luego encontrar un buen sitio.

Ambos estamos en silencio mientras comemos palomitas y vemos los tráileres de las próximas películas.

La primera vez que oigo a Jace reírse de una escena una vez que empieza la película, me le quedo mirando.

Hacía años que no oía su risa de verdad, y la echaba de menos.

Me mira de reojo.

—¿Qué?

—sonríe.

—Nada —le devuelvo la sonrisa—, es que es agradable volver a oír esa risa, eso es todo.

Me estudia durante unos segundos y luego vuelve a centrarse en la película, pero también levanta el brazo y lo apoya en el respaldo de mi asiento.

Al final, su brazo baja sobre mis hombros y me acerca más a él.

No me resisto porque, sinceramente, sienta bien y es casi natural que me toque así.

Me muerdo el labio y me acurruco un poco más, apoyando la cabeza en él.

Siento sus labios posarse brevemente en mi coronilla antes de volver a la película.

Su embriagador aroma me da ganas de hundir la cara en su cuello y no volver a salir a tomar aire, pero me controlo y me concentro en la película.

Permanecemos así durante el resto de la película y, cuando empiezan a pasar los créditos, ninguno de los dos tiene muchas ganas de levantarse.

Nos quedamos en nuestros asientos hasta que salen los demás espectadores.

Estar tan relajada durante la película, y no moverme demasiado, hace que mi cuerpo, todavía en recuperación, esté un poco más dolorido de lo normal.

Jace me da la mano y me ayuda a levantarme, pero no me la suelta hasta que llegamos al coche, donde no tiene más remedio que soltarla para que pueda entrar.

—Ha sido una película bastante buena, me alegro de que eligieras esa en lugar de una mierda romántica.

—Suaviza sus duras palabras guiñándome un ojo.

Sí, Jace Palmer acaba de guiñarme un ojo…

¡y ha sonreído al hacerlo!

Cuando se me pasa el shock por el comportamiento de Jace, me doy cuenta de que probablemente debería responderle algo.

—Bueno, recuerdo cuando te obligué a ver la película «After» y me la arruinaste haciendo comentarios durante toda la película porque te aburrías.

—Oh, la película no era tan mala, solo quería molestarte —se ríe entre dientes.

—¿En serio?

—le lanzo una falsa mirada de enfado.

Asiente con la cabeza y sonríe.

—Sip.

—Eh, bueno, entonces supongo que no tendrás problema en ver las dos películas que salieron después de esa —sonrío, y espero su reacción.

—¿Me estás diciendo que hicieron otras dos películas después de esa?

No era tan buena —murmura, dándose cuenta, después de su pequeño arrebato, de que lo he engañado para que admitiera que no le gustó.

—Sí, las hicieron.

Deberíamos hacer un maratón de películas en mi casa.

Ya sabes, para ponerte al día.

Tengo las tres en Blu-ray.

—Por supuesto que las tienes —pone los ojos en blanco—.

¿Qué gano yo si sufro este maratón contigo?

—me enarca una ceja.

Me llevo un dedo a la boca y finjo pensar.

—Mmm, a ver…

—En realidad —me interrumpe—, debería elegir yo, ya que soy el que va a sufrir.

—¿Y qué es lo que quieres a cambio?

—Oh no, será una sorpresa, y la querré en cuanto empiecen a pasar los créditos de la última película.

—Mantiene los ojos en la carretera, pero veo la sonrisa maliciosa en su rostro, advirtiéndome de que o no me va a gustar o me va a gustar demasiado.

Creo que es mejor dejar el tema, así que le pregunto a dónde vamos, porque no nos dirigimos a casa.

Cuando me dice que me lleva a tomar un helado, el estómago se me empieza a revolver.

No sé si estoy preparada para enfrentarme a nadie todavía.

Al menos en el cine está oscuro y nadie puede verte la cara, a diferencia de la heladería, que está muy iluminada.

Sin embargo, hacérselo notar no sirve de nada.

Se niega a dejar que me esconda a puerta cerrada.

—Ella, tienes que demostrarle a todo el mundo que no te han doblegado —afirma.

—No es tanto por eso; ¡estoy horrible con todos estos moratones que se están quitando!

—Mi voz se eleva un poco, pero lo suficiente como para ganarme una mirada severa de su parte.

—Cuida ese tono, Ella.

Te voy a llevar a tomar un helado, y punto final.

No voy a dejar que esos gilipollas arruinen el buen rato que paso con mi chica, y tú tampoco vas a hacerlo —se estira y me coge la mano—.

Es nuestra primera cita, así que disfrutémosla, y que le den a quien tenga el descaro de quedarse mirando a la hermosa mujer que tengo a mi lado.

Resoplo.

—¿No querrás decir la Novia de Frankenstein?

Da un volantazo para meterse en una plaza de aparcamiento, echa el freno de mano y se gira en su asiento para encararme.

—¡No vuelvas a hablar mal de ti misma, Ella!

—¡Ah, se me olvidaba, tú eres el único que puede insultarme, culpa mía!

Puede que me haya pasado un poco, porque se estira y me agarra la mandíbula con fuerza.

—¡En eso tienes toda la razón!

—me mira con dureza solo un momento antes de que sus facciones se suavicen y suspire—.

Escucha, sé que te he insultado algunas veces en el pasado por despecho, pero todo eso fue antes de lo que sé ahora, y estoy intentando compensarlo —mira a su alrededor antes de que sus ojos se posen de nuevo en los míos—.

Pero en el futuro llamaré a las cosas por su nombre, cuando por fin me entregues ese cuerpo tuyo.

Serás mi pequeña zorra, no porque crea que lo eres, porque estás lejos de serlo, sino que lo diré porque sé que una vez que esa dulce cereza tuya se vaya a la porra, vas a dejar que te folle cuando me dé la gana, y te va a encantar…

te lo prometo.

Te humillaré y te hablaré con desprecio mientras te follo, porque sé que eso te pondrá cachonda, pero solo en la cama.

Vas a ser una pequeña zorra para mi polla, y solo para mi polla, ¿entiendes lo que digo, Ella?

Eh, sí, ¿se puede ser una zorra antes de perder la virginidad?

Sus palabras han ido directas a mis entrañas, provocando un frenesí palpitante.

Nunca supe que se podía casi llegar al orgasmo con solo escuchar a alguien decirte guarradas.

Sus palabras combinadas con su voz profunda…

¡Dios mío!

Todo lo que puedo hacer es asentir con la cabeza.

—Palabras, Ella.

—S-sí, Jace, lo entiendo.

Su agarre se afloja y acaricia la zona que estaba sujetando.

—Esa es mi buena chica.

Sabía que lo entenderías.

Estoy a punto de mandarlo todo a la mierda y dejar que me haga una mujer aquí y ahora, pero la otra parte de mí, la buena, me grita que me aparte y me controle.

Quiero hacer ambas cosas, pero sé que solo puede ser una o la otra, así que, en lugar de eso, agarro la manija de la puerta.

—¿Qué tal si vamos a por ese helado?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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