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El amor esta hecho de humo - Capítulo 10

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  4. Capítulo 10 - 10 Crónicas de una ausencia
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10: Crónicas de una ausencia 10: Crónicas de una ausencia El murmullo de las teclas era la única música de mi naufragio.

Entre cada golpe seco de plástico, se escapaba un suspiro que sabía a derrota.

Otra vez el humo.

Otra vez el exilio voluntario hacia mundos que no me pertenecen.

​Debo volver a la psicóloga.

El diagnóstico es una sombra que me persigue: las grietas entre mi realidad y mi delirio son cada vez más anchas, y ya no sé de qué lado de la orilla estoy pisando.

La última vez, la risa de un fantasma se me escapó entre los labios en medio de la oficina; un destello de alegría por un chiste que solo ocurrió en mi cabeza.

Casi me descubren.

La vergüenza es un frío que se instala en el pecho, el miedo de ser una extraña que habla con sombras ante los ojos de los cuerdos.

​Mi obsesión por esos rostros de porcelana y ojos de obsidiana es un incendio recurrente.

Debo dejar de beberme la luz de sus videos, dejar de buscar refugio en la calidez de una pantalla.

Debo descender.

Bajar a la tierra donde tengo un nombre, un escritorio, un esposo y gente que me ofrece un amor de carne y hueso.

​No es que mi corazón no encuentre puerto en mi esposo.

Lo amo.

Pero hay una sed en mí que la realidad no sacia.

Me castigo pensando en ello: ¿cómo puedo añorar el tacto de hombres que habitan al otro lado del océano?

Hombres que nunca han respirado mi aire, que jamás sabrán de mi existencia.

​Suspiro, y el aire parece pesarme en los pulmones.

Me enamoré de una estatua, de un personaje diseñado para ser perfecto, de una máscara de luz y maquillaje que oculta a seres humanos reales que, probablemente, nada tienen que ver con los héroes que mi mente ha tallado.

Son humo, Danna.

Y el amor hecho de humo siempre termina por desvanecerse, dejándote los ojos rojos y el alma en cenizas.

​—Buenas tardes, mi amor —la voz de mi esposo me recibió como un puerto seguro, pero demasiado pequeño para la tormenta que yo traía dentro.

​—Bien, fue un día pesado, pero estoy bien —mentí, forzando una sonrisa que se sentía como una máscara de yeso.

Mi boca decía “estoy bien”, pero mis ojos todavía buscaban el rastro del humo.

​Cuando mencionó la cena con sus padres, un suspiro se me escapó, pesado como el plomo.

Ir a esa casa es caminar sobre cristales rotos; es sentarse a la mesa con el juicio disfrazado de cortesía.

Sé que él se esfuerza, que intenta tender puentes entre mi silencio y las opiniones afiladas de su familia.

Yo elijo el mutismo, dejo que sus palabras pasen de largo como ráfagas de viento frío.

Si no contesto, no hay guerra; si no los miro, no hay heridas.

​En un momento de tregua, busqué refugio en el cristal de mi teléfono.

La noticia me golpeó como un relámpago: él vendrá a mi país.

Su tour, su voz, su presencia real pisará el mismo suelo que yo.

Y la otra banda también.

​Respiré profundo, sintiendo un nudo de amargura en la garganta.

Sé que no iré.

Hay una parte de mí que prefiere el muro de la distancia, porque el encuentro real es el fin de la magia.

¿Y si los veo y soy solo una mota de polvo en un mar de miles de fans?

¿Y si mi mirada se pierde en la multitud y me doy cuenta de que soy invisible?

Prefería la ilusión de mis sueños, donde yo era su ancla, a la cruda verdad de ser una extraña más en un estadio.

​—¿Cómo estuvo el trabajo, hija?

—la voz de mi suegra interrumpió mi deriva emocional.

​—Ah, bien…

tranquilo —respondí, bajando la vista al plato.

​Debo recordarme, con la crueldad de un látigo, que ellos son solo fantasía.

No son así en la vida real.

Quizás, si me tuvieran enfrente, me ignorarían con la indiferencia de quien mira una piedra en el camino.

No soy la musa de sus canciones, no soy el ideal de belleza que el mundo les exige.

Soy solo Danna, una mujer cansada en una cena familiar, tratando de que el humo no se le escape por los ojos ante la mirada de los demás.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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