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El amor esta hecho de humo - Capítulo 12

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  4. Capítulo 12 - 12 El foco del engaño
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12: El foco del engaño 12: El foco del engaño Las risas de mis amigas cortaban el aire de la calle como pequeñas astillas de cristal.

Se burlaban de aquel muchacho de dieciocho años, de la forma en que sus ojos se anclaban en mí con la torpeza del primer deseo.

“Tienes un imán para los jovencitos”, decían, y yo me envolvía en mi propio nerviosismo, tratando de ignorar que, incluso en mis fantasías, el mundo parecía notar una luz en mí que yo no terminaba de reconocer.

​Éramos extranjeras, cuerpos en movimiento que hablaban el lenguaje universal de la danza.

Mi mejor amiga dominicana y yo habíamos encontrado en este grupo un refugio de libertad, un espacio donde las normas sociales de este nuevo país se diluían bajo el ritmo.

Éramos reales, libres…

o eso creíamos.

​La sombra del representante cayó sobre nosotras con la frialdad de una oficina de cristal.

​—Reality show —dijo, y la propuesta nos golpeó como un vendaval.

​No era una competencia de baile; era un mercado de conveniencias.

La industria, cansada de las fans tóxicas que devoran la vida privada de sus ídolos, había decidido fabricar un destino.

Un teatro televisado donde competiríamos por el “honor” de casarnos con ellos, un plan maestro donde incluso la diversidad tenía su lugar calculado en el tablero.

​—¿Casarnos por contrato?

—mi voz sonó como una nota discordante—.

¿Ser solo las sombras que caminan al lado de hombres ricos para calmar a las masas?

​Me aterraba la etiqueta de “interesada”, la idea de que nuestras vidas, nuestra danza y nuestro sudor se redujeran a un trámite de relaciones públicas.

Pero la ambición tiene una lógica aplastante.

Mis amigas vieron el brillo de la fama, la oportunidad de usar el sistema antes de que el sistema nos usara a nosotras.

Dos o tres rondas, decían.

Solo para que el mundo sepa quiénes somos.

​Al final, la decisión fue tomada por la mayoría.

El grupo iría.

Yo iría.

​Lo que empezó como una caminata entre risas bajo el sol terminó con la firma invisible de un pacto.

En mi mente, el humo empezaba a transformarse en luces de neón y cámaras de alta definición.

El juego iba a comenzar, y yo no sabía si estaba preparada para bailar en la cuerda floja entre la fama que necesitábamos y la mentira que debíamos habitar.

​El aire en el recinto era espeso, saturado por el aliento de miles de almas que, al igual que nosotros, buscaban una rendija por donde colarse al Olimpo de los focos.

Un año de nuestras vidas reducido a tres meses de pantalla; un salario mínimo a cambio de nuestra privacidad absoluta.

El miedo me mordía los talones: ¿qué pasaría si el show nos devoraba?

¿Qué pasaría si, al final del camino, nuestro nombre quedaba manchado por el barro de la sospecha?

​—Faltan tres —susurró la realidad.

Éramos cuatro bailarinas buscando completarnos para no desaparecer.

​Mis ojos se anclaron en ella: una mujer de cabellos dorados, con la elegancia gélida de los inviernos alemanes.

Estaba sola, un náufrago en aquel mar de gente.

Con un gesto, la reclamé para nuestro bando.

Éramos cinco.

Luego vino el azar: un viejo compañero de colegio, un bailarín colombiano…

las piezas del rompecabezas encajaron con la urgencia de los naufragios.

​Pero el liderazgo es un peso que nadie quiere cargar.

Cuando el silencio se hizo denso y el micrófono pesaba más que el hierro, sentí que la oportunidad se nos escapaba entre los dedos.

Mis amigos bajaron la vista, intimidados por la luz cruda del escenario y el juicio de los jueces.

​En un impulso, el humo en mis venas se convirtió en fuego.

Tomé el micrófono.

Mi voz no era mía, era la voz de la Danna que se atreve a todo cuando el mundo es un escenario.

Presenté a cada uno, tejí sus nombres con la seguridad de quien ya conoce el final de la historia.

​—Grupo de bailarines…

interesante —dijo el juez, y esa palabra quedó suspendida en el aire como una promesa o una amenaza.

​Al bajar, la grieta se abrió entre nosotros.

La alemana y el colombiano tenían los ojos encendidos con la sed de los fans; ellos no buscaban trabajo, buscaban el altar, el anillo, la posesión de sus ídolos.

Nosotros, en cambio, solo buscábamos un horizonte más ancho.

​¿Cuánto esfuerzo debíamos poner en una mentira?

¿Hasta dónde llegaríamos antes de que la ambición de unos rompiera la lealtad de los otros?

En los pasillos de aquel estudio, me di cuenta de que la competencia más difícil no sería contra los otros miles de jóvenes, sino contra los deseos opuestos que ahora latían dentro de mi propio grupo.

-Entonces hasta el final- dijo mi mejor amiga- Yo solo suspire, no quería refugiarme en un matrimonio por dinero, pero era consciente que no podíamos seguir tirando de la misma cuerda hacia lados opuestos.

-Los ayudare llegar hasta el final- dije sabiendo que dentro de mi ya me estaba arrepintiendo todo- Ahora solo quedaba esperar, el show eligiria a cinco grupos de siete personas.

El día no se acababa, debíamos esperar por los resultado y volver en la noche a conocer el destino que nos esperaba.

-¿Porque no vamos a tomar algo para conocernos mejor?- dijo el colombiano entusiasta- Y no fue una mala idea.

Pasamos el día completo charlando, conociendo como habíamos llegado allí en el caso de nosotros, los extranjeros.

El resto contaba como vivían, sus gustos, sus miedos, sus sueños, aunque el único varón nativo era reservado y juicioso hacia nosotros sabía que no tenía de otra que adaptarse o desertar.

Todos bailaban y era impresionante como solo era un pasatiempo, tenían varios oficios detrás de ellos y todos querían una cosa, mejorar y avanzar en el ámbito laboral.

Llego la hora, debíamos verificar que futuro nos deparaba.

-Dime Danna- dijo mi mejor amiga- No me atrevo a mirar- -Yo mirare- dijo el nativo- Veamos…

-dijo bajando el dedo por aquel papel- Quedamos en cuarto lugar- -¡Entramos!- gritaron felices algunos.

Yo solo sonreí- -¿Ustedes son el grupo número cuatro verdad?- dijo un hombre de traje- Mañana los esperamos para la mudanza al edificio, arreglen sus asuntos y bienvenidos al show- En resumen, no pude dormir en toda la noche.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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