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El amor esta hecho de humo - Capítulo 15

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  4. Capítulo 15 - 15 El foco del engaño Parte 4
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15: El foco del engaño Parte 4 15: El foco del engaño Parte 4 El set estaba en silencio absoluto, solo roto por el zumbido de las cámaras robóticas.

El productor principal se paró frente a nosotros con una carpeta negra.

Los desafíos en pareja comenzaban y no quería pensar en lo que era, pero debíamos ajustarnos al guión.

​—La dinámica es simple —explicó con voz autoritaria—.

Los idols sacarán un nombre de la primera urna para elegir a su pareja.

Luego, la concursante elegida caminará hacia la segunda urna y extraerá el tema musical que deberán representar.

No hay cambios.

El destino está echado.

Varios sacaron y de nuestro grupo aun no salia nadie.

Dentro de mi pensaba, solo faltan dos.

​Kim el ante último dio un paso al frente.

Sus ojos recorrieron la fila de chicas, deteniéndose apenas un segundo en las nativas, que contenían el aliento.

Metió la mano en la urna de cristal, revolvió los papeles y sacó uno.

Lo desdobló con calma y miró directo a la cámara.

​—Danna —dijo con esa voz profunda que siempre hacía que mis amigas suspiraran.

​Sentí un escalofrío.

¿Porque yo?

Mi mejor amiga solo rió y puso su mano en mi hombro, susurrando- Suerte- Caminé hacia el centro, sintiendo los ojos de Kim fijos en mi perfil.

Me paré frente a la segunda urna, la de la música.

Metí la mano, sintiendo el tacto del papel, y lo saqué.

Al leer el nombre, una chispa de preocupación y vergüenza se apoderaron de mi.

​—”Envolver”, de Anitta —anuncié.

​El efecto fue instantáneo y dividido.

El grupo de las nativas y los jueces se quedaron en silencio, confundidos, buscando en sus tablets de qué se trataba.

Pero en el rincón de los extranjeros, estalló el caos.

Mi mejor amiga dominicana y el chico colombiano soltaron un silbido largo y sonoro; empezaron a gritar y a celebrar con una excitación que descolocó a la producción.

Sabían perfectamente lo que se venía.

​Kim me miró, confundido por la reacción de los demás.

​—¿Por qué celebran tanto?

—susurró mientras nos dirigíamos a nuestra sala privada—.

No conozco esa canción.

¿Es muy difícil?

​—No es solo difícil, Kim —le respondí, mientras mi cuerpo ya empezaba a recordar el ritmo del bajo—.

Es una canción que…

es pura piel, movimiento de cadera y una posición en el suelo que…

bueno, digamos que el mundo entero se hizo viral por ella.

Hable con producción para que pudieran cambiar la canción, pero fueron reacios antes ello.

​Entramos a la sala de ensayo y busqué el video en la pantalla gigante.

Cuando empezaron a sonar los primeros acordes y vio a Anitta bajar al suelo en ese movimiento hipnótico, Kim se quedó petrificado.

Sus ojos se abrieron de par en par y vi cómo pasaba saliva con dificultad.

​—¿Tenemos que hacer…

eso?

—preguntó, señalando la pantalla donde la química física era casi palpable.

​—Si —le dije, quitándome la sudadera y quedando en mi ropa de ensayo ajustada—.

Somos grandes y creo que no va a ser difícil, solo es bailar- suspire- necesito que dejes de ser un caballero coreano por un momento y te conviertas en mi pareja de baile.

¿Crees que puedas manejarlo?

​Él apagó la pantalla, me miró de arriba abajo con una intensidad que nunca le había visto y se acercó hasta quedar a centímetros de mi cara.

​—Danna, si tú eres capaz de bailar así frente a mí, te aseguro que el ritmo será el menor de mis problemas.

Enséñame.

En cuanto la puerta de la sala de ensayo se cerró, el silencio nos envolvió.

Kim seguía mirando la pantalla donde el video de Anitta acababa de terminar.

Yo sentía un calor punzante subir por mi cuello.

Ver esas imágenes junto a él, sabiendo que tendríamos que entrelazar nuestros cuerpos de esa manera, me hizo sentir repentinamente expuesta.

Mi mente gritaba que esto era demasiado, que mi intimidad estaba en juego, pero mi instinto de líder tomó el mando.

​Apreté los puños, inhalé profundo y enterré la vergüenza bajo una capa de frialdad profesional.

​—Es solo técnica, Kim —dije, aunque mi voz sonó un poco más aguda de lo normal—.

No te quedes ahí parado.

Necesitamos marcar los tiempos.

​—Danna, estás roja —dijo él con una suavidad que me desarmó.

No lo dijo para burlarse, sino con una curiosidad genuina, como si estuviera descubriendo una grieta en mi armadura.

​—Es el calor de la sala —mentí descaradamente, dándole la espalda para conectar mi teléfono al equipo de sonido.

​Cuando la base de reggaetón empezó a retumbar, el ambiente cambió.

Me puse en posición.

El primer contacto fue su mano en mi cintura para un giro.

Su toque fue firme, cálido, y sentí un escalofrío que me obligó a tensar cada músculo para no temblar.

​—Más cerca —le ordené, luchando contra el deseo de retroceder—.

En este género no hay espacio entre los cuerpos.

Tienes que mover la cadera conmigo, no contra mí.

​Llegó el momento del suelo.

Me arrodillé y sentí su mirada fija en mi espalda.

La vergüenza volvió a atacar, una oleada de timidez que amenazaba con hacerme fallar el paso, pero me obligué a recordar a las chicas nativas y sus burlas.

No les daría el gusto de verme pequeña.

​Bajé al suelo, apoyando los antebrazos, y ejecuté el movimiento.

Kim se quedó sin aliento; lo escuché claramente.

Cuando me puse de pie y lo miré, él estaba ahí, inmóvil, con una expresión que mezclaba el respeto profesional con algo mucho más profundo y turbador.

​—No sé si estoy listo para que el mundo te vea bailar así conmigo —confesó él, dando un paso hacia mi espacio personal.

​—No se trata de lo que el mundo vea —respondí, cruzándome de brazos para ocultar que mi corazón martilleaba contra mis costillas—.

Deja de mirarme como si fuera un fantasma y pon las manos donde la coreografía lo exige.

Tenemos cuarenta y ocho horas, Kim.

No las desperdicies con timidez.

Q-quiero que mi grupo gane, y depende de esto en parte.

​Él asintió, su rostro se endureció con determinación y, por primera vez, tomó la iniciativa, rodeando mi cuello con su brazo para el siguiente paso.

La vergüenza seguía ahí, latente, pero mi autocontrol era una jaula de hierro.

Estábamos jugando con fuego, y yo estaba decidida a no ser la primera en quemarse.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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