El amor esta hecho de humo - Capítulo 22
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- Capítulo 22 - 22 El foco del engaño T2
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22: El foco del engaño T2 22: El foco del engaño T2 La empresa, en un intento desesperado por limpiar la imagen de Kim y capitalizar la tensión que existe entre nosotros, nos lanza a los leones en un programa de alto impacto.
No es un reality de citas dulce; es “Fuerza Extrema: El Vínculo”, un show donde la resistencia física y la compatibilidad psicológica se ponen a prueba en retos brutales.
Eran conscientes que como bailarines correrías desventajas con otras parejas, pero que nuestra competitividad y enojo recíproco alimentaria el programa.
El contrato de coreógrafa tenía una cláusula de “promoción obligatoria” que Danna no leyó con suficiente atención.
Ahora, se encontraba bajo las luces cegadoras de un estadio subterráneo, rodeada de cámaras de alta velocidad.
A su lado, Kim.
-Malditos productores- suspire- Kim solo se limitaba a verme como cachorro abandonado.
Pero todo perro puede fingir estat herido y morder en cualquier momento.
El presentador anunció con voz atronadora: —”¡Pareja número 7!
El principe de la nación, Kim, y la arquitecta de su éxito, ¡la coreógrafa Danna!
Los algoritmos de compatibilidad los han unido por su sincronía motriz y resistencia.
¿Podrán sobrevivir al Arena?” Danna no lo miró.
Estaba ajustándose las vendas en las manos, su rostro serio, una máscara de concentración pura.
Kim, por el contrario, no podía dejar de observarla.
Ella vestía un top deportivo ajustado y leggings de compresión; se veía como una guerrera lista para la guerra.
—No tienes que hacer esto si no quieres, Danna —susurró Kim, acercándose mientras el staff preparaba el primer reto: “El Arrastre de Cadenas”.
—Ahorra aliento, Kim —respondió ella sin mirarlo—.
Si vamos a hacer este circo, vamos a ganarlo.
No voy a permitir que mi nombre quede debajo del tuyo en una tabla de posiciones.
El primer desafío era brutal: debían arrastrar una plataforma de 200 kilos a través de una pista de barro y obstáculos, unidos por un arnés corto que los obligaba a estar casi pegados.
—¡FUERA!
—gritó el juez.
Danna rugió con el primer tirón.
Sus músculos, formados por años de danza intensiva, se tensaron como cuerdas de acero.
Kim, sorprendido por la fuerza explosiva de ella, tuvo que esforzarse para seguirle el ritmo.
—¡Empuja, Kim!
¡No seas un adorno!
—le gritó Danna, el barro salpicando su rostro.
En un punto del trayecto, Kim tropezó.
El peso de la plataforma comenzó a arrastrarlos hacia atrás.
Danna clavó sus talones en la tierra, sus venas marcándose en el cuello por el esfuerzo sobrehumano.
Sin pensarlo, Kim la rodeó por la cintura para estabilizarla, uniendo sus fuerzas en un solo empuje coordinado.
Por un segundo, no había cámaras, no había pasado, no había traición.
Eran solo dos cuerpos luchando por la supervivencia, sudor contra sudor, piel contra piel.
El aroma del perfume de Danna, mezclado con el olor metálico del esfuerzo, embriagó a Kim, quien sintió que moriría allí mismo antes de soltarla.
“Esto es lo que siempre fue, ¿no, Kim?”, pensaba Danna mientras el aire le quemaba la garganta.
“Yo tirando de ti, yo sosteniendo tu imagen, yo siendo el motor oculto de tu éxito mientras tú solo sonreías a la cámara.
Estas cadenas no son nuevas.
Llevo arrastrando tu sombra desde que te conocí”.
Cada paso que lograba avanzar era una victoria sobre su propio pasado.
Sentía que con cada centímetro que la plataforma se movía, estaba arrastrando también la traición de la agencia, el dolor de su amiga y el vacío.
“Si gano esto, te gano a ti.
Si llego al final, ya no tendrás poder sobre mí”.
Llegaron a la zona de lodo profundo.
La plataforma se hundió.
El impulso se detuvo en seco.
Danna cayó de rodillas, el lodo salpicando sus labios.
El peso empezó a arrastrarlos hacia atrás, hacia el abismo del fracaso.
—¡No!
—gritó ella, sus dedos enterrándose en la tierra, intentando agarrarse a cualquier cosa.
Kim, viendo que ella se hundía, cambió su postura.
En lugar de tirar hacia adelante, se giró y rodeó a Danna por detrás, pasando sus brazos por debajo de los de ella y agarrando las cadenas con sus propias manos desnudas.
Sus pechos se pegaron; el calor del cuerpo de Kim golpeó la espalda de Danna como una explosión.
—Juntos, Danna.
A la de tres…
¡AHORA!
—le gritó él al oído.
Kim veía el cabello de Danna balancearse frente a él.
Cada vez que ella tiraba, el arnés lo sacudía a él también.
Estaban conectados por el hierro.
“Duele, pero es el único momento en que te siento cerca”, pensó con desesperación.
“Prefiero este dolor físico, prefiero que mis músculos se desgarren si eso significa que nuestras sombras están unidas por estas cadenas”.
Él sabía que ella lo culpaba de su propia inercia.
Cada vez que el hierro rozaba el suelo, Kim sentía que era el sonido de su propia conciencia.
“Perdóname por no haber sido lo suficientemente fuerte para detenerlos.
Déjame cargar con todo el peso ahora, Danna.
Déjame ser yo quien sangre por los dos”.
El grito de Kim no fue el de un idol.
Fue un grito primario, roto.
En ese momento, las manos de Kim empezaron a sangrar por el roce del metal, pero no soltó.
Danna sintió la vibración del pecho de él contra su columna y, por un segundo, su odio vaciló.
La fuerza de Kim se sumó a la suya en una sincronía perfecta.
El hierro cedió.
La plataforma salió del lodo con un estallido.
Cruzaron la línea de meta y colapsaron.
Las cadenas quedaron flojas, pero el arnés aún los mantenía a centímetros de distancia.
Cruzaron la meta en primer lugar, colapsando en el suelo, jadeando.
Kim quedó sobre ella por un instante, sus pechos subiendo y bajando al mismo ritmo.
El silencio entre ellos, en medio de los gritos del público, era ensordecedor.
—Lo logramos…
—jadeó Kim, buscando los ojos de Danna.
En su mirada había una devoción absoluta, una súplica de perdón que el programa de fuerza había desnudado.
Danna lo empujó suavemente para levantarse.
Se limpió el barro de la frente con el dorso de la mano, recuperando su frialdad.
—Sincronía motriz, Kim.
Eso es todo lo que la computadora vio —dijo ella, aunque su corazón latía tan fuerte que temía que los micrófonos de solapa lo registraran—.
Prepárate para el siguiente reto.
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