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El amor esta hecho de humo - Capítulo 4

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  4. Capítulo 4 - 4 El efecto resaca Parte 4
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4: El efecto resaca Parte 4 4: El efecto resaca Parte 4 Las horas de ensayo se sentían como plomo.

La coreografía era densa, cargada de una energía pesada que se filtraba hasta en mis propios músculos; la frustración del grupo era contagiosa.

Cuando llegó el descanso para el almuerzo, decidí no salir.

Necesitaba silencio.

Me puse los auriculares y comencé a bailar la canción a un ritmo lento, buscando relajarme, hasta que un sonido sutil cortó la música: un sollozo.

Caminé en silencio hacia el origen del ruido.

Detrás de las pesadas cortinas del fondo, encontré a Fénix, el líder del grupo, desmoronado.

—Ey, ¿qué sucede?

—pregunté con voz dulce, fingiendo sorpresa—.

¿Quieres que llame a alguien?

Él levantó la vista, con los ojos enrojecidos, y me detuvo con un gesto brusco.

—No.

Déjame solo.

No le hice caso.

Me senté a una distancia prudencial, lo suficiente para darle espacio pero no tanto como para que se sintiera abandonado.

—¡Que me dejes solo!

—gritó, esta vez con una rabia nacida del miedo.

Lo miré fijamente y esbocé una pequeña sonrisa.

—¿Y hasta ahora te ha funcionado estar solo?

—pregunté.

El silencio que siguió fue mi respuesta.

Su rostro era un mapa de verdades amargas que no se atrevía a decir en voz alta.

—¿Qué pasa, Fénix?

—insistí.

—Es que…

—susurró antes de romper a llorar de nuevo.

Le extendí un pañuelo perfumado, uno de esos que siempre llevaba conmigo y que ya eran mi marca personal.

Lo tomó con manos temblorosas.

—Siento que estoy fallando como artista.

Me siento atrapado en una rutina —dijo sin mirarme—.

Pero qué vas a saber tú…

—Tienes razón —contesté con calma—.

No lo sé.

Pero sé que estás frustrado y que no es bueno que llores a escondidas solo para no afectar al resto.

Ese fue el detonante.

Fénix se desahogó, soltando todo el peso que cargaba: la presión de un álbum que sentía puramente comercial, los títulos de las canciones que le parecían ridículos y el terror constante de perder a sus seguidores.

—Nuestras fans son de estilo dark, ¿sabes?

—dijo con amargura—.

Y “Sonrisas en el parque”…

—Suena patético —murmuré.

—Exacto —coincidió él, mirándome con una chispa de alivio al sentirse comprendido.

—Piensa en esto, Fénix —dije con tono pausado—.

Ahora es comercial, de acuerdo.

Pero míralo como una oportunidad para demostrarte que puedes hacer famoso lo que sea, que tus fans te seguirán incluso en este terreno.

—Lo sé…

pero es difícil.

Tenemos que rendir cuentas a gente con mucho poder —dijo, refiriéndose a los veteranos y, probablemente, a Kim.

—Eres joven —le recordé—.

Negocia.

Dales algo que ellos quieran a cambio de lo que tú necesites.

¿Qué tienes que perder?

¿Fans?

Creo que eso ya está pasando gracias a “Sonrisas con tu parque”.

Hice una mueca de burla y, por primera vez en días, Fénix soltó una carcajada limpia.

La puerta que estaba cerrada entre nosotros se acababa de abrir de par en par.

Los días transcurrieron y el semblante de Fénix experimentó una transformación radical.

La sombra de la derrota había desaparecido de sus ojos.

Entonces, llegó el momento decisivo.

—Necesito que vengas conmigo —me dijo Fénix, interceptándome de camino a los camerinos.

Me llevó directamente hacia la sala de juntas de la planta superior.

Me quería allí como su apoyo moral, su ancla en medio de la tormenta.

—Si me trabo o pierdo el hilo, por favor, ayúdame —me suplicó con los nervios a flor de piel.

Al cruzar el umbral de aquella sala solemne, no pude evitar pensar: «¿En qué lío me he metido ahora?».

Para mi alivio, Kim no estaba presente.

En su lugar se encontraba Seok, otro de los veteranos de la empresa.

Fénix, con una seguridad que no le conocía, expuso su situación.

Seok escuchó en silencio, evaluando cada palabra.

Finalmente, la negociación llegó a buen puerto: el grupo se comprometía a un mes intensivo de transmisiones en vivo para las fans —lo que significaba una carga de trabajo agotadora—, pero a cambio, tendrían libertad creativa absoluta para definir la estética de su álbum.

Al salir de la reunión, la luz del pasillo indicaba que ya era tarde.

De repente, sentí un abrazo fuerte y cálido que me envolvió por completo.

—Gracias —susurró Fénix contra mi hombro.

—No es nada —respondí, dándole unas palmadas suaves en la espalda, marcando una distancia amistosa para no confundir su gratitud con algo más—.

Me alegra verte triunfante.

Lucha siempre así por tu arte.

—Déjame invitarte una copa —dijo él, y por la forma en que me miró, noté un destello de interés que iba más allá de lo profesional.

—Lo siento —contesté con una sonrisa amable pero firme—.

Mañana debo madrugar y no puedo permitírmelo.

Pero considéralo un favor que me debes, ¿hecho?

Extendí mi pulgar hacia él y le guiñé un ojo con complicidad.

—Hecho —contestó él, rendido ante mi negativa.

Cuando me disponía a marcharme, me llamó desde la distancia: —¡Espera, tu pañuelo!

Hice un gesto con la mano indicándole que se lo quedara, un pequeño recordatorio de mi presencia en su bolsillo.

Mientras me alejaba por el pasillo vacío, solté un suspiro de alivio.

Al fin parecía que tendríamos una semana agradable…

o eso quería creer.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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