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El amor imposible de lucian y Elena - Capítulo 19

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  4. Capítulo 19 - 19 Miedo y revelación
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19: Miedo y revelación 19: Miedo y revelación El frío de la piedra del castillo se pegaba a la piel de Elena mientras corría por los pasillos oscuros, su respiración entrecortada rompiendo el silencio.

—¡Madre!—susurró desesperada, apretando el amuleto que ardía en su pecho.

—Tienes que ayudarme a salir de aquí… alguien se acerca, y tengo miedo.

¡Mucho miedo!

Una sombra alta se recortó en la entrada del corredor el aroma a tormenta y tierra mojada lo delató antes de que sus ojos lo confirmaran.

—Lucían… El rey vampiro avanzó con movimientos felinos, su mirada dorada clavada en ella como un depredador que olfatea su presa.

—Elena— dijo, su voz grave resonando en las paredes.

— ¿Qué es lo que escondes?

Elena retrocedió un paso, sintiendo cómo el amuleto latía con más fuerza.

—No sé de qué hablas— mintió, tragando seco.

—Ni siquiera yo entiendo lo que pasa.

Solo tengo…

sueños, fragmentos que no logro unir.

Lucían se inclinó hacia ella, su aliento frío rozándole la mejilla.

— ¿Qué sueñas?

Elena cerró los ojos, dejando que las imágenes la arrastraran de vuelta a esa pesadilla recurrente: —Estoy en un campo de guerra, Criaturas que nunca había visto—licántropos, vampiros, bestias de sombra—luchan entre sí.

Y yo…Su voz tembló.

—Yo estoy en medio de todo, sosteniendo una espada bañada en luz.

Luego suena un cuerno, un sonido que retumba hasta los huesos… y despierto de golpe.

Lucían se enderezó, su expresión impenetrable.

—Muy bien, esto… es algo que Aurora debe escuchar— dijo, extendiendo su mano hacia ella.

Elena dudó, pero al final, sus dedos se entrelazaron con los de él.

Y entonces sucedió.

Un choque eléctrico recorrió su cuerpo, haciendo que ambos se estremecieran al unísono.

Sus miradas se encontraron, y por un instante infinito, fue como si sus almas reconocieran algo antiguo, algo perdido.

Lucían fue el primero en soltarse, rompiendo el hechizo silencioso.

—Vamos—murmuró, su voz más áspera de lo habitual.

Caminaron en silencio, la tensión entre ellos tan palpable como la niebla que se arrastraba por los pasillos.

— La Prueba de la Piedra Celestial la oficina de lucían estaba Aurora y había iluminado con velas flotantes, sus llamas proyectando sombras danzantes.

En el centro, sobre un pedestal de ébano, yacía la Piedra Celestial, una roca lisa y brillante que parecía contener el cielo en su interior.

Aurora, con su túnica plateada, señaló hacia ella.

—Elena, coloca tus manos sobre la piedra.

No las retires hasta que yo te lo diga.

Elena tragó saliva, pero obedeció.

Sus palmas tocaron la superficie fría… Y el mundo estalló en luz.

Un resplandor blanco, puro como la luna llena, envolvió la habitación.

Era una luz que no quemaba, sino que acariciaba, como si Selene misma hubiera descendido para abrazarla.

Aurora palideció.

—¡Esto… es imposible!—gritó, retrocediendo.

—¡Es la luz de la luna!

¡Es el poder de Selene!

La piedra tembló, luego crujió… y finalmente estalló en mil fragmentos que se esparcieron como estrellas fugaces.

Elena cayó de rodillas, aturdida, su cuerpo temblando.

—¡Elena!—Lucían se abalanzó hacia ella, pero Raphael fue más rápido, levantándola en sus brazos con su fuerza de vampiro.

—Yo me encargo—gruñó, llevándola fuera de la habitación antes de que Lucían pudiera protestar.

lucían se volvió hacia Aurora, sus ojos ardiendo en demanda de respuestas.

— ¿Qué demonios fue eso?

Aurora, aún temblando, se aferró a la mesa.

—Lo siento, Lucían… Nunca había visto algo así, la piedra solo reacciona así ante una cosa: la sangre de Selene Lucían se quedó inmóvil.

—¿Estás diciendo que Elena es…?

—La renacida de la diosa.

O al menos, su descendiente—Aurora confirmó, su voz grave.

—Pero su poder está bloqueado, fragmentado.

Si queremos respuestas, hay un solo lugar donde encontrarlas.

—No—Lucían negó con la cabeza, adivinando su pensamiento.

—No iré al Pantano de las Brujas.

Es una sentencia de muerte.

Aurora lo miró con determinación.

—Iré con ustedes.

El viaje es largo—siete días a través de tierras malditas—, pero es la única manera.

Prepárate, Lucían… Porque mañana al anochecer, nos vamos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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