El amor imposible de lucian y Elena - Capítulo 27
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- Capítulo 27 - 27 El llamado de gabriel
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27: El llamado de gabriel 27: El llamado de gabriel El silencio se extendió como un manto helado, provocando escalofríos en Lucian y Aurora.
Cuando voltearon, sus ojos se encontraron con Elena.
Se paralizaron al ver cómo el collar que llevaba la joven **emitió un destello cegador, una luz tan intensa que parecía devorar la oscuridad alrededor.
Los lobos que los acechaban **aullaron de dolor, sus cuerpos retorciéndose bajo el efecto de la magia, hasta que, uno a uno, se transformaron en humanos**, desplomándose inconscientes en el suelo.
En el instante en que aquel poder se desvaneció, Elena se desplomó .
Lucian reaccionó primero, corriendo hacia ella y levantándola con cuidado antes de colocarla sobre el caballo, sus manos temblorosas por el miedo y la adrenalina.
—Ella es demasiado poderosa —murmuró Aurora, observando a los antiguos lobos, ahora vulnerables y humanos—.
Les arrebató su esencia.
Tenemos una oportunidad de llegar vivos al pantano, pero el camino sigue siendo largo.
Encontremos un refugio seguro para que Elena descanse.
Mientras cabalgaban, Elena se sumergió en un sueño inquietante.
En sus sueños, una presencia la llamaba desde las sombras.
Un hombre de piel pálida como la luna, cabello rubio que brillaba como oro bajo el sol, y ojos azules profundos, turbulentos como el mar en tempestad.
Sus dedos, fríos y suaves, acariciaron sus labios, y al contacto, su piel ardió, como si cada célula de su cuerpo anhelara aferrarse a él.
—¿Quién eres?
—preguntó Elena, su voz un susurro en el vacío.
—Soy Gabriel, Elena.
Te he esperado durante siglos.
Te he buscado a través de mares y tierras olvidadas.
Tú no me recuerdas, pero nosotros… nos amamos —sus palabras resonaron como un eco antiguo—.
No les digas que me ves en sueños… Pronto nos reuniremos.
De pronto, despertó con un jadeo, encontrándose con los ojos de Lucian clavados en ella, llenos de preocupación.
—¿Estás bien?
—preguntó él, su voz áspera por la tensión.
—Claro que no estoy bien —pensó Elena, pero solo apartó la mirada, el corazón aún latiéndole con fuerza.
Aurora, montando a su lado, rompió el silencio: —Es hora de continuar.
Lucian, Elena, debemos avanzar con más precaución.
Que un guerrero se adelante para alertarnos de cualquier peligro.
Pronto llegaremos a las Tierras de los Licántropos, y no podemos permitirnos errores.
Mientras tanto, en las sombras, Gabriel observaba desde lejos, sus ojos fríos brillando con determinación.
—Informen a los clanes —ordenó a sus seguidores—.
Díganselo al rey licántropo, Darius, que estamos cerca y que todos deben estar en posición.
Una sonrisa cruel se dibujó en sus labios al pensar en Elena.
—Pronto serás mía, mi amada.
No permitiré que nadie te toque.
Luego, girándose hacia Sophia, su voz se tornó glacial: —Destruye a Aurora.
Y asegúrate de que las brujas del pantano no descubran nuestros planes… o nos matarán a todos.
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