El amor imposible de lucian y Elena - Capítulo 28
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28: la sopa del ogro 28: la sopa del ogro Elena: Gabriel, ¿quién eres en realidad?
Tus palabras no dejan de resonar en mi mente, como un eco en una cueva olvidada…
El camino hacia las Tierras Licántropas es inquietantemente silencioso, demasiado tranquilo, y eso es precisamente lo que hace que Lucian se tense como un lobo al olfatear peligro.
¿Debería preocuparme o simplemente confiar en que todo estará bien?
Y luego está la Reina Hada…
¿Qué quiso decirme con ese mensaje enigmático?
Otro misterio, otra carga sobre mis hombros.
Maldita sea, si tan solo no hubiera salido de mi cama aquella noche… Ahora estaría calentita bajo las cobijas, en lugar de aquí, sintiendo el viento helado de estos bosques malditos arañándome la piel.
Lucian (con los músculos tensos, los ojos dorados escudriñando la espesura): —Aurora, algo no está bien.
El aire huele a traición.
Mi guerrero no responde, y eso… eso no es una buena señal.
Debemos movernos más rápido.
—El Rey Licántropo y Darius… No sé si son aliados o si solo tienen algún pacto oscuro.
Pero si Darius está detrás de esto…(sus garras se extienden levemente, brillando bajo la tenue luz de la luna)…le arrancaré el corazón con mis propias manos.
Aurora (con los brazos levantados, un brillo plateado comenzando a envolver sus dedos): —Lucian, ¿oyes eso?
(un crujido de ramas, demasiado cerca) ¡Algo se acerca!
¡Cuidado!
¡Derel, ayuda a Lucian!
Lucian (esquivando con un movimiento felino las garras de una bestia que surge de las sombras): —¡Maldición!
¡Un licántropo!
(su voz es un rugido) ¡Derel, alerta a los demás!
¡Elena!(grita, extendiendo un brazo hacia ella) ¡Ven aquí, ahora!
(La agarra del brazo con suavidad pero firmeza, arrastrándola hacia un escondite entre las raíces de un árbol antiguo.
Sus ojos brillan con intensidad, casi fosforescentes en la oscuridad.) —Quédate aquí.
No te muevas, no hagas ruido.
Los licántropos son rápidos, fuertes… pero yo soy más rápido.
(Su sonrisa es feroz, mostrando un colmillo afilado.) (En un instante, se lanza al combate.
Su cuerpo se convierte en un torbellino de movimiento: esquiva, ataca, desgarra.
La sangre oscura de los licántropos salpica el musgo del suelo mientras él bebe de su fuerza, haciéndose más letal con cada enemigo caído.) —¡Si su Rey quiere guerra, la tendrá!
(ruge hacia la noche, desafiante.) (Aurora, en medio del caos, alza las manos y un estallido de luz cegadora envuelve a las bestias, dejándolas aullando de dolor.
Lucian aprovecha el momento, y junto a sus guerreros, los reduce a cenizas.) Elena (temblando en su escondite, abrazándose a sí misma): —No entiendo qué está pasando… Los rugidos, los huesos rompiéndose… cada sonido me hace estremecer.
Pero…(siente una presencia) …no estoy sola.
(Un gruñido rasposo la hace girar.
Entre las sombras, dos ojos amarillos la miran.
Un licántropo, más pequeño pero igual de letal, se arrastra hacia ella.
Su pelaje está enmarañado, sus fauces gotean saliva.) —¡Aléjate!
(su voz tiembla, pero su mano cierra con fuerza el collar que lleva en el cuello.
De repente, la piedra en el centro comienza a brillar con un calor abrasador.) (El licántropo se lanza, pero ella, instintivamente, le agarra la zarpa.
Un grito desgarrador llena el aire mientras la bestia empieza a convulsionar.
Su piel se agrieta, volviéndose grisácea, petrificándose hasta quedar convertida en una estatua grotesca.) (Lucian llega en ese momento, sus manos ensangrentadas la levantan con urgencia.) Lucian (con voz ronca, casi desesperada): —¡Elena!
Elena (tocando su rostro, calmándolo): —Estoy bien… Estoy bien, Lucian.
(Horas más tarde, en un claro oculto entre los árboles, Lucian enciende una pequeña fogata.
El crepitar de las llamas ilumina su perfil marcado, mientras remueve una olla humeante.) —No soy un cocinero… pero esto debería servir.
(murmura, sirviéndole un plato de sopa de papas.) (Elena sopla suavemente antes de probarla.
El sabor, simple pero reconfortante, le hace sonreír.) Elena (con suavidad): —Es… la mejor sopa que he probado.
(sus ojos se encuentran con los de él, y por un momento, el peligro parece lejano.) (Lucian gruñe, pero hay algo cálido en su mirada.
Quizás no es el ogro que todos creen.)
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