El amor imposible de lucian y Elena - Capítulo 30
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30: El ataque de hombres serpientes 30: El ataque de hombres serpientes Los senderos hacia la Segunda Tierra son muy amplios, pero tenebrosos.
Estas tierras no están habitadas por vampiros, sino por criaturas aún más siniestras: los Hombres Serpiente.
Sus cuerpos están infestados de serpientes vivas, cada una con mente propia.
Son seres hábiles, letales, capaces de hipnotizar a quien los mire fijamente a los ojos.
Y junto a ellos, acechando en las sombras, están los Grillards, seres espectrales que se deslizan como niebla negra.
Lucian, con voz tensa, se dirige a Aurora: —Aurora, tú te encargarás de los Grillards.
Esperemos no encontrarnos con ninguna de esas cosas.
Avanzaremos por las orillas.
Derel y los guerreros nos acompañarán; ellos se moverán rápido.
Solo tú y Elena deben esconderse si aparecen.
Aurora asiente y se vuelve hacia Elena, entregándole un pequeño amuleto brillante: —Toma esto.
Te ayudará a agudizar tus sentidos.
Podrás ver sombras y criaturas ocultas.
Si ves una, avísame de inmediato y escóndete.
No dejes que te detecten.
Y aléjate de cualquier serpiente… No las mires demasiado tiempo, o caerás bajo su hipnosis y te devorarán.
¿Entendiste?
Elena asiente, apretando el amuleto con fuerza.
El camino es angosto y peligroso, flanqueado por un río turbulento cuyas aguas oscuras reflejan la luz mortecina del cielo.
Los árboles, retorcidos y cubiertos de musgo, forman un túnel natural, sus ramas gimiendo con el viento como si advirtieran del peligro.
De pronto, un sonido escalofriante rompe el silencio: el siseo de serpientes.
Todos se detienen, alerta.
Al principio, no ven nada… hasta que, del otro lado del río, una serpiente gigante surge de la maleza y arrastra a un guerrero hacia las profundidades.
Lucian reacciona en un instante, corriendo como un rayo y decapitando a la bestia con un solo tajo.
Pero ya es demasiado tarde.
El aire se llena de más siseos, y de entre la espesura emergen cinco monstruos grotescos: los Hombres Serpiente.
Sus cuerpos son una amalgama de carne humana y reptiles.
Tienen brazos que son serpientes vivas, diez por cada criatura, retorciéndose con avidez.
Sus rostros son una pesadilla: cabezas humanas deformadas, con ojos de reptil y bocas que se abren en sonrisas imposibles.
Aurora jala a Elena hacia un árbol y conjura una barrera mágica alrededor de ella.
—Quédate aquí.
Nada podrá tocarte.
Pero el miedo sigue atenazando el corazón de Elena.
Desde su refugio, observa con horror cómo Lucian y los guerreros se enfrentan a las criaturas.
Lucian grita órdenes mientras blande su espada: —¡Todos saben lo que hacer!
¡No les den ventaja!
En un abrir y cerrar de ojos, los guerreros se posicionan detrás de los monstruos, pero estas criaturas son rápidas y astutas.
La batalla es caótica, serpientes silbando, garras desgarrando el aire.
Con un movimiento brutal, Lucian atrapa a uno de los seres por la cabeza y le clava una estaca.
El monstruo chilla como un demonio, retorciéndose en agonía.
—¡Hay que rematarlo antes de que llame a más!
—ruge, acabando con él de un tajo
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