Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El amor imposible de lucian y Elena - Capítulo 36

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El amor imposible de lucian y Elena
  4. Capítulo 36 - 36 La isla de las sirenas
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

36: La isla de las sirenas 36: La isla de las sirenas Beth: Darius, ya no necesito que me ayudes con Lucian, querido.

En realidad, ni siquiera sé si quiero ayudarte.

Debes saber que Lucian, tan pronto regrese de su viaje, se casará conmigo.

Darius: Déjate de tonterías, Beth.

Sabes muy bien que si Lucian recobra la memoria, se dará cuenta de que su verdadera compañera es Elena, ¿verdad?

Beth: No me importa.

Él será mío.

Pronto tendré un hijo de Lucian, y bien sabes que él necesita un heredero.

El Consejo lo obligaría a casarse conmigo.

Darius: Ojalá nunca se entere de que lo engañaste, Beth.

Beth: A ti tampoco te conviene que se entere, Darius, y lo sabes, querido.

Molesta, Beth continuaba planeando cada detalle.

En realidad no quiero hijos, pensó, pero un heredero es un futuro asegurado.

Mientras Lucian esté conmigo, le daré todos los hijos que sea necesario.

Me encargaré personalmente de que nunca recuerde a Elena.

Le diré todo a mi padre y él me ayudará.

Tengo que ir a verlo pronto al clan.

Darius: Estúpida Beth.

No sé cómo logró hacer esto, pero debo informarle al Consejo para que se comuniquen con Gabriel.

El plan está saliendo como lo planeamos, solo necesitamos la señal de Gabriel y Sophia para que todo siga el camino correcto.

Mientras tanto, el camino hacia las islas había transcurrido con una calma engañosa.

Elena y Lucian se habían vuelto inseparables durante la travesía, y él no podía alejarse de ella ni un momento.

De repente, Derel se acercó a Lucian.

—Hemos llegado a la isla de las sirenas —anunció con voz grave.

Lucian, con la autoridad de su rango, ordenó: —Derel,comunica a los guerreros que se preparen con los tapones para los oídos.

No deben quitárselos bajo ninguna circunstancia.

El canto de las sirenas provoca alucinaciones violentas.

—De acuerdo.

Aurora y yo ya planeamos esta parte del viaje.

Enseguida se lo comunico a todos para evitar percances —respondió Derel.

El sendero que serpenteaba entre la densa vegetación de la isla era sofocante y húmedo.

El aire, cargado de salitre y el aroma de flores exóticas, resultaba pesado para pulmones no acostumbrados.

El calor tropical empapaba las ropas de los viajeros, quienes ansiaban encontrar un claro para descansar y refrescarse.

Dyx, ágil y sigiloso, se adelantó para asegurar que la ruta estuviera despejada de amenazas.

Mientras, Derel y Aurora recolectaban ramas secas para encender una fogata y preparar una sencilla pero reconfortante sopa.

En un claro iluminado por los rayos del sol que se filtraban entre los árboles, Lucian aprovechaba el momento para entrenar a Elena en técnicas básicas de defensa.

Los presentes observaban con discreta sorpresa al poderoso vampiro, conocido por su ferocidad en la batalla, mostrando una paciencia y dedicación inusuales con la joven.

El ambiente, a pesar de la tensión latente, se impregnó de una armonía y paz poco comunes.

—Todos hemos comido y la noche se acerca —dijo Lucian, rompiendo el silencio mientras las sombras empezaban a alargarse—.

Necesitamos descansar, pero… Su frase se cortó de golpe.

Un sonido etéreo y de una belleza sobrecogedora comenzó a flotar en el aire, tan hipnotizante que varios guerreros se detuvieron en seco, sus miradas perdiendo el enfoque.

Aurora, previsora, actuó con velocidad, tapándole los oídos a los más cercanos.

—¡Alerta!

—gritó Lucian, su voz sonando como un trueno en el hechizo silencioso—.

¡Confíen en su vista!

¡No escuchen!

Para un vampiro como él, con sentidos hiperagudizados, privarse del oído no era una desventaja.

Su mirada se volvió más intensa, escaneando la espesura con una determinación inquebrantable, listo para proteger a su grupo—y especialmente a Elena—de la mortal seducción que emanaba de la selva.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo