El amor imposible de lucian y Elena - Capítulo 37
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- Capítulo 37 - 37 El plan de Gabriel comienza
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37: El plan de Gabriel comienza 37: El plan de Gabriel comienza Lucián se quedó despierto toda la noche junto a los guerreros, observando los alrededores con atención.
A su lado, Elena dormía plácidamente, y verla así lo hizo sonreír.
Se sintió el hombre más feliz de su mundo, a pesar de la amenaza que se cernía sobre ellos.
—Elena, despierta.
Es hora de que sigamos nuestro camino —dijo Lucián con suavidad, acercándose—.
Ya falta poco para cruzar hacia las montañas.
Por favor, no me sueltes.
No tengas miedo; siempre te protegeré.
Sé que no te traté bien al principio, pero tienes que entender que cuido a los míos.
Elena abrió los ojos y asintió con determinación.
—No te preocupes, Lucián.
No te soltaré.
Me defenderé; me has enseñado bastante.
Y, por cierto… gracias.
Lucián frunció el ceño, aunque una sombra de alivio cruzó su rostro.
—De nada, Elena.
Lucián se dirigió entonces al grupo, su voz recuperando el tono de autoridad.
—Todos saben lo que nos espera tras las montañas.
Debemos estar alerta.
Los hombres dragón no son amables con los vampiros, y el rey dragón no se alegrará de que crucemos sus tierras.
Derel y Aurora, manténganse informados.
Aurora, por favor, ayúdame a cuidar a Elena.
El camino hacia las montañas se volvía cada vez más estrecho y pedregoso.
Las rocas afiladas dificultaban el avance, y el aire se cargó de tensión.
Ante la dificultad del terreno, Lucián cargó a Elena sobre su espalda, al igual que Derel hizo con Aurora.
Todos avanzaban con los sentidos aguzados, pendientes del menor movimiento que delatara la presencia de dragones.
Pero todo estaba inquietantemente tranquilo.
La velocidad con la que los vampiros descendían por la montaña dejó a Elena y Aurora agitadas.
Decidieron hacer una pausa para descansar y comer algo, aunque la calma del lugar no hizo más que aumentar la tensión del grupo.
—Muy bien, Elena.
Es hora de partir —anunció Lucián, poniéndose de pie.
En ese instante, una figura surgió entre las sombras.
Era Gabriel.
—Mi querido Lucián, ¿adónde vas con tanta prisa?
No has querido que te visite en tu palacio, pero mírame, aquí estoy.
Vine a verte.
Pero, ¿por qué no me presentas?
Dime, ¿quién es ella?
Es una mujer muy bonita.
Lucián se interpuso de inmediato entre Gabriel y Elena, con los ojos encendidos de furia contenida.
—No la toques ni te acerques a ella, Gabriel.
No sé qué haces aquí, pero será mejor que te vayas.
Si estás tramando algo, el consejo lo sabrá y estarás cometiendo traición contra tu rey.
Lo sabes.
Gabriel sonrió con desdén.
—Por favor, Lucián, tú sabes que el rey debería ser yo.
Pero esto… se termina aquí.
Desde detrás de las rocas emergieron hombres dragón y más vampiros leales a Gabriel.
La tensión estalló en un instante.
Lucián desenvainó su espada.
—¿Qué estás tramando?
Será mejor que no lo hagas, o no me detendré hasta matarte, Gabriel.
—Lo siento, Lucián —respondió Gabriel con frialdad—, pero eso no pasará hoy.
En un abrir y cerrar de ojos, los hombres dragón se transformaron en bestias escamosas y aladas.
Lucián dio la orden de ataque.
De pronto, el aire se llenó con el sonido de rugidos y el crepitar de llamas escupidas por los dragones.
Los vampiros se movían a velocidad sobrenatural, intentando arrancar alas y cabezas.
Nyx controlaba a los dragones mediante sombras, dando a los vampiros una oportunidad contra las poderosas bestias.
Mientras tanto, Aurora tomó del brazo a Elena para alejarla del combate.
Sin embargo, no detectó la presencia de Sophia, que surgió silenciosamente detrás de ellas.
—Lo siento, querida —dijo Sophia con una sonrisa siniestra—, pero Elena es mía.
¡Sombras y tinieblas, movilícense!
¡Llévensela y aliméntense de ella!
Elena gritó con todas sus fuerzas, interrumpiendo el hechizo antes de que Sophia pudiera completarlo.
Enfurecida, Sophia la levantó del suelo con telequinesis y comenzó a estrangularla con su magia.
Elena sintió cómo el aire escapaba de sus pulmones; todo se volvía negro alrededor.
Creía que era su fin cuando, de repente, sintió una presencia familiar acercarse…
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