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El amor imposible de lucian y Elena - Capítulo 38

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  4. Capítulo 38 - 38 La llegada del rey dragón
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38: La llegada del rey dragón 38: La llegada del rey dragón El aire vibró con la furia desatada.

En un segundo, Lucian había agarrrado del cuello a Sophia con una fuerza sobrenatural, sus dedos como garras de acero.

Sin embargo, Sophia, con sus poderes, logró zafarse del agarre de Lucian emitiendo un pulso de energía que lo hizo retroceder.

Fue en ese instante que Gabriel se abalanzó sobre Lucian por la espalda, clavándole sus afiladas garras en la carne con un crujido siniestro.

Derel, leal hasta la médula, se apresuró a defender a su rey, pero Sophia, con un gesto de irritación, lo lanzó por los aires con un movimiento telequinético.

Aurora, con el rostro desencajado por la ira, enfrentó a Sophia.

El choque de sus poderes era tan violento que las rocas a su alrededor se hacían polvo, creando una nube de escombros que envolvía la batalla.

Mientras, en el centro del caos, Lucian y Raphael se enfrentaban con sus espadas, cada golpe generando chispas que iluminaban sus rostros marcados por la determinación y el odio.

Elena observaba la escena, paralizada.

“Tengo que ayudar a Lucian”, murmuró, sintiendo cómo su collar se calentaba de forma inquietante contra su piel.

“No sé qué me pasa…” De repente, vio con horror cómo Gabriel y otros vampiros inmovilizaban a Lucian de los brazos.

Gabriel alzó su espada, lista para clavársela en el corazón.

“¡Noooooo!

¡Por favor, no lo lastimen!

¡Se los suplico!”, gritó, pero sus súplicas fueron ignoradas.

Eran demasiado rápidos; sus piernas humanas no podían moverse con la suficiente velocidad.

Su corazón se heló cuando vio a Lucian caer desde las alturas, su cuerpo ensangrentado.

Corrió hacia él, cayendo de rodillas a su lado.

“¡Lucian!

¡Por favor, no te mueras!

¡No me dejes!”, lo abrazó con desesperación, sintiendo cómo su respiración se volvía lenta y agonizante.

La espada aún se clavaba en su pecho, y un olor penetrante a verbena emanaba de la herida, un veneno para su kinden.

“Te amo, Lucian.

No sé por qué, pero te amo”, susurró entre lágrimas, inclinándose sobre él.

“¡Madre, por favor, ayúdalo!” De pronto, vio acercarse a Raphael y los otros vampiros.

“¡Aléjate de mí, Raphael!

¡No me toques o te mataré!”, gritó Elena, protegiendo el cuerpo inconsciente de Lucian.

Gabriel se acercó, su voz era un susurro cargado de emoción.

“Amor, soy yo.

¿No me recuerdas?

Tú perteneces a este mundo; eres mi compañera elegida”.

Elena lo miró con confusión y terror.

“Estás loco.

No sé quién eres ni por qué dices eso”.

“Toma mi mano, Elena, y te mostraré la verdad”, insistió Gabriel, extendiendo la mano.

“¡No, nunca!” “Entonces será por la fuerza, Elena.

Ya verás que te acordarás de mí después.

¡Guerreros, tómenla!”, ordenó Gabriel.

De repente, una voz débil pero firme resonó.

“Nunca te la llevarás, Gabriel”.

Para asombro de todos, Lucian se había recuperado milagrosamente y estaba de pie al lado de Elena, su mirada ardía con una furia sobrenatural.

“¿Cómo…?”, murmuró Elena, aliviada pero confundida al verlo derrotar a los guerreros con movimientos veloces.

Sin embargo, algo en su interior le decía que las cosas no estaban bien.

“¿Qué quieres tú?”, preguntó con recelo.

Sophia apareció a su lado, con falsa urgencia.

“¡Elena, ven rápido!

¡Aurora está muriendo y quiere verte!” “¡Aurora, no!

¿Dónde está?”, gritó Elena, corriendo hacia donde Sophia señalaba, solo para encontrarse con un precipicio profundo y oscuro.

“¿Dónde está, bruja?”.

Sophia soltó una risa burlona.

“Querida, ¿pensaste que te dejaría con vida?

Olvídalo, Gabriel es mío y seré una reina”.

“¡Tú y Gabriel váyanse lejos!

Yo no quiero nada de esto”, suplicó Elena.

“Tonta, para que eso pase, tienes que dejar de existir, y yo me encargaré de ello”, dijo Sophia con una sonrisa siniestra.

Antes de que Elena pudiera reaccionar, Sophia la agarró y la levantó con facilidad.

“¡Qué haces!

¡No me toques!

¡Por favor, no lo hagas!”, gritó Elena, pero era demasiado tarde.

Sophia la lanzó al vacío.

Elena sintió cómo el aire silbaba a su alrededor mientras caía hacia la profundidad fría y oscura, con la certeza de que todo se acababa para ella.

La pelea se intensificó, pero de pronto, una presencia abrumadora llenó el ambiente.

El Rey Dragón llegó con su ejército, su voz retumbando con autoridad.

“¿Qué hacen en mis tierras?

¡Atrápenlos a todos!”.

El caos se desató por completo.

Gabriel huyó junto con Sophia, pero Lucian y los demás fueron capturados, todos gravemente heridos.

Lucian, al darse cuenta de que Elena no estaba, comenzó a gritar desesperadamente y a forcejear para soltarse.

“¡Elena!

¡Déjenme ir!

¡Tengo que encontrarla!”, rugió, pero uno de los guardias le inyectó verbena en el cuello.

La sustancia lo adormeció al instante, y su cuerpo, debilitado por la batalla y el veneno, cedió a un sueño forzado, llevándose consigo su angustia y su furia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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