El amor imposible de lucian y Elena - Capítulo 39
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- Capítulo 39 - 39 El dragón dorado
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39: El dragón dorado 39: El dragón dorado La Prisión de Lucian Lucian: Desperté en una habitación completamente blanca.Las paredes, el techo y el suelo eran de un alabastro liso y frío que reflejaba la tenue luz ambiental.
No sabía dónde estaba, pero si el Rey Dragón no me suelta, esto significará la guerra.
Rey Dragón Volkran: Desde la entrada,una figura imponente proyectó una sombra larga.
Volkran, con su armadura de escamas negras y una corona de cuernos retorcidos, cruzó los brazos.
—Lucian, ¿qué haces tan lejos de casa?
Lucian: —¡Suéltame,Volkran!
—exclamó, tirando de las invisibles ataduras mágicas que lo inmovilizaban—.
Tenía que pasar por tus tierras.
Mi destino está más adelante.
Volkran: Una sonrisa burlona se dibujó en su rostro.—Jajaja, ¿y por qué no me avisaste que pasarías por aquí?
Así tu recibimiento habría sido muy diferente, ¿no crees?
Lucian: —¡Suéltame ya!—rugió, la frustración haciéndose eco en la estancia estéril—.
Necesito encontrar a una mujer.
Volkran: —¿La bruja?—preguntó con desdén—.
Ya nos contó todo, por cierto.
Lucian: —¡No es ella!—negó con vehemencia—.
Es una mujer de cabellos largos, negros como la noche misma.
Volkran: Su expresión se tornó ligeramente pensativa.—No encontramos a nadie más en el lugar.
Dejé a mis guerreros para que localizaran a más intrusos, pero no me han avisado de nada.
Así que no, no hay nadie más.
Lucian: —¡Eso no puede ser cierto!
Volkran: —Entonces ve a buscar tú mismo—concedió el Rey Dragón con un gesto de fastidio.
Las ataduras mágicas que sostenían a Lucian se disolvieron—.
Pero no hay nadie aquí, y tampoco en las montañas.
La Desesperación de Lucian Lucian: Esto no puede estar pasando.
Llevo buscando a Elena, pero no está.
Ya contacté a Raphael, pero él tampoco tiene noticias de Gabriel sobre Elena.
Tengo que regresar, tengo que buscarla entre los clanes.
No me puedo quedar más tiempo aquí.
Volkran: —Lucian—dijo el rey, con un tono un poco menos hostil—.
Mis hombres no han encontrado nada.
Un dragón te llevará a ti, a tus hombres y a esa bruja.
Ojalá encuentres a esa mujer suerte en tu viaje y para la otra que quieras venir avísame antes.
La Prueba de Elena Elena: No sé en dónde estoy.La niebla matutina se enredaba entre altas hierbas que me llegaban a la cintura.
Pero me siento muy débil.
La corriente del río me había arrastrado hasta aquel lugar pantanoso.
Podía sentir el dolor punzante de mis heridas reabiertas, y el frío húmedo calaba hasta mis huesos.
Tengo que moverme.
Tengo que encontrar a Lucian y saber si Aurora está a salvo.
He caminado dos días y no logro encontrar nada.
Me siento muy débil.
Mi cuerpo me suplica descanso.
Lo único que puedo hacer es escalar esa montaña para poder orientarme.
El camino era escarpado, un desfiladero lleno de piedras sueltas y cortantes.
Siento que mis pies ya no responden.
Solo quiero un poco de agua…
pero tengo que seguir avanzando.
Tras una lucha agotadora, logró escalar la última roca.
Jadeante, se incorporó y su corazón se detuvo.
Me doy cuenta de que no estoy sola.
Un ser majestuoso descansaba en la meseta.
Un dragón, pero no como los que imaginaba.
Sus escamas eran de un dorado puro, como si atrapase la esencia misma del sol.
Era hermoso, terrible y sublime.
La criatura simplemente la observaba con una mirada tan intensa y antigua que pareció ver directamente en su alma.
Yo no sé si quiero correr de miedo o acariciarlo.
El instinto de supervivencia luchaba contra una inexplicable sensación de calma que el dragón emanaba.
Pero ya no quiero caminar.
Me duelen tanto los pies y mis heridas comienzan a sangrar de nuevo.
Me arriesgaré.
Decidida, avanzó despacio hacia él.
Extendió su mano temblorosa hacia su hocico, intentando tocar su nariz.
La bestia bufó, una ráfaga de aire caliente que le agitó el cabello, pero no se apartó.
Al parecer le gusta que le toquen su nariz.
Jajaja, vaya, hermoso dragón, ¿qué haces aquí?
—Ven —susurró, con una voz ronca por la sed—.
Deja que te acaricie.
Solo…
no me comas, por favor.
¿Eh?
No te haré daño.
De repente, la criatura inclinó su enorme cabeza y la empujó suavemente, pero con firmeza, hacia su lomo.
Creo que quiere que lo monte.
El miedo le heló la sangre.
Tengo mucho miedo.
Sus escamas son tan duras…
¿de dónde me agarraré?
Pero el dragón parecía tener prisa.
Olfateó sus heridas sangrantes y volvió a empujarla con más insistencia, como urgiéndola.
Como puedo, me subo.
Con un último esfuerzo, logró encaramarse a su espalda y se agarró con todas sus fuerzas a una protuberancia de su cuello, cerrando los ojos con fuerza.
Sintió cómo los poderosos músculos del dragón se tensaban bajo ella, cómo sus enormes alas se desplegaban y batían con un sonido atronador.
El viento azotó su rostro y sintió la ingravidez del despegue.
¡Ay, Dios, qué miedo!
Temblorosa, entreabrió los ojos.
Y entonces, el aliento se le cortó.
Wow…
qué hermoso se ve todo.
El mundo se extendía a sus pies como un tapiz viviente de verdes montañas y ríos plateados.
La majestuosidad de la vista era abrumadora.
Sin embargo, la debilidad la abrumó; la pérdida de sangre había sido demasiado.
Su visión se nubló, y la fuerza para sostenerse comenzó a ceder.
—Dragón —murmuró, apoyando la mejilla en sus cálidas escamas, su conciencia desvaneciéndose—.
Adonde quieras llevarme, llévame…
pero por favor, no dejes que muera.
–
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