El amor imposible de lucian y Elena - Capítulo 45
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- Capítulo 45 - 45 Elena y Raphael
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45: Elena y Raphael 45: Elena y Raphael Punto de vista de Lucian Faltaban apenas tres días para la Gran Ceremonia, y una inquietud silenciosa carcomía mi interior.
No había tenido noticias de Raphael, y mucho menos de Elena.
Solo deseaba que estuviera bien, a salvo.
Por el bien de todos, aún debíamos llevarla con las brujas para que liberara su poder; era la única manera de asegurar nuestro futuro.
Un aroma dulce e intoxicante invadió mis sentidos, anunciando su llegada antes de que apareciera.
Era Beth, al abrir la puerta, una oleada de náuseas me recorrió el estómago al tener su fragancia tan cerca, un perfume pesado que siempre asociaba con la obligación y la trampa.
“Lucian, querido”, comenzó con una voz melosa, “mi padre te ha estado buscando.
Necesita arreglar asuntos importantes de seguridad para la ceremonia.
No quiere intrusos y ya sabe que Damon vendrá, aunque no está invitado”.
La escuché hablar, y la irritación brotó en mi interior como un fuego repentino.
¿Cómo se atrevía ese anciano a cuestionar mis decisiones?
Conteniendo la furia que hervía bajo mi piel, respondí con frialdad: “Beth, hablaré con tu padre en la tarde.
Iré a buscarlo.
En cuanto a las decisiones y la seguridad, no te preocupes; yo me estoy haciendo cargo personalmente”.
Su expresión cambió, adoptando una falsa dulzura.
“Por otro lado, ¿cómo está mi hijo?”, pregunté, forzando las palabras.
“Está muy bien, querido.
Es fuerte, igual que su padre”, dijo, deslizando una mano sobre su vientre.
“Patea demasiado, crece muy rápido.
Solo que…
necesito de tus cuidados y de tu amor para que estemos mejor”.
“Claro, Beth.
Buscaré tiempo para estar contigo”, concedí, sintiendo el peso de cada palabra como una cadena.
“Algo está pasando allá afuera y debemos estar preparados.
Así que retírate, ve a descansar y, por favor, no te excedas con los preparativos de la ceremonia”.
“Gracias, querido Lucian.
Te esperaré en la noche”, dijo antes de girarse y alejarse.
La odiaba con cada fibra de mi ser, pero debía asegurarme de que mi hijo estuviera bien.
No me quedaba otra opción que cuidar a la madre de mi heredero.
Ahora, debía ir a buscar a ese anciano entrometido y dejarle claro que no se meta en mis asuntos.
— Punto de vista de Elena Algo dentro de mí se había quebrado.
¿Por qué Lucian no me dijo que esperaba un hijo con Beth?
La sola idea de regresar a su castillo me provocaba un dolor agudo.
Sin embargo, Raphael había llegado hoy al Castillo Volkran, y su líder insistía en que hablara con él.
Aunque no quería saber nada de Lucian, la presencia de Raphael era diferente.
Sentía una calidez paternal a su lado, una sensación de protección que no había experimentado desde que llegué a este mundo.
Así que le dije a Volkran que sí, que vería a Raphael.
Al salir al pasillo, noté las miradas de respeto y admiración de los guardias y sirvientes.
Aún no entendía del todo por qué me trataban así, pero su deferencia era innegable.
Caminé hacia el patio trasero, donde la brisa acariciaba los rosales, y allí estaba él.
Su espalda ancha y su postura firme me eran tan familiares que no pude evitar correr hacia él.
Al escuchar mis pasos, Raphael se volvió.
Su rostro, marcado por la preocupación, se iluminó al verme, y sus ojos, tan serios, se suavizaron.
“¡Elena!
Pensé que ya no estabas con nosotros”, exclamó, tomando mis manos entre las suyas.
Sus palmas, ásperas y callosas, transmitían una seguridad inmediata.
“Dime, ¿dónde estabas?
¿Por qué no regresaste al castillo?” Las preguntas brotaban de él con una ansiedad contenida.
Tenía tantas cosas que contarle que no supe por dónde empezar.
Le relaté todo: el ataque de la bruja, cómo el dragón me rescató y me trajo al castillo de Volkran.
“Oh, Elena…”, murmuró, su voz cargada de alivio y preocupación.
“Pero ya estoy aquí.
Debemos irnos pronto al castillo”.
“Si nos vamos en dragón, llegaremos mañana por la noche, justo antes de la ceremonia de Lucian”, me explicó.
Pero raphael partiremos mañana con volkran y algunos ancianos.
Vi cómo Raphael fruncía el ceño, una sombra de disgusto cruzando su rostro.
“Elena, pero llegaremos cuando ya haya comenzado la ceremonia”.
“Raphael”, dije con firmeza, “no me importa la ceremonia.
Volkran quiere saber la verdad, y él también será parte de la alianza.
Además, necesitamos a Aurora.
Debemos terminar este proceso para liberar mi poder y ayudarlos a ustedes.
Y entonces…
tal vez pueda partir de regreso a mi mundo”.
“Oh, Elena, no vayas a ningún lado”, suplicó, su voz grave tembló ligeramente.
“Quédate a mi lado.
Yo te protegeré, como a la hija que nunca conocí, querida.
No necesitas pasar por todo esto sola.
Y sé que amas a Lucian, sé que te está doliendo mucho lo que sucede, pero te juro que él también te ama a ti”.
No podía dar crédito a lo que escuchaba.
Mis ojos se llenaron de lágrimas que me negué a dejar caer.
Si Lucian me amaba, entonces…
¿por qué se casaba con otra?
La confusión y la esperanza chocaban dentro de mí, creando una tormenta de emociones que no sabía cómo calmar.
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