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El amor imposible de lucian y Elena - Capítulo 48

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  4. Capítulo 48 - 48 Damon reclama a su compañera
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48: Damon reclama a su compañera 48: Damon reclama a su compañera Punto de vista de Elena Volkran me llevó a la enorme oficina donde esperaríamos a Aurora, a los demás y a Lucian.

Mi mente era un torbellino de emociones contradictorias.

No quiero que me vea débil, me repetía, tampoco quiero que vea que llore.

Causaría lástima, y eso es lo último que deseo de él.

Al cruzar el umbral, abierto por Raphael, mi mirada se dirigió al fondo de la estancia.

Allí, bajo la tenue luz de una lámpara de mesa, se recortaba la figura de un hombre alto, imponente.

Sus músculos tensos se adivinaban bajo la ropa y su rostro era de una belleza salvaje y peligrosa.

Pero fueron sus ojos los que me atraparon: profundos y vibrantes, parecían llamar al alma misma, una sensación tan abrumadora como la primera vez que vi a Lucian.

Di dos pasos inseguros cuando, de repente, el desconocido arrancó hacia mí.

Un gruñido bajo y gutural escapó de su pecho, y sentí cómo las vibraciones de sus pisadas resonaban en el suelo de madera.

Antes de que pudiera reaccionar, una sola palabra, cargada de un significado primordial, llenó el espacio: “¡Compañera!” Volkran se interpuso con la velocidad del rayo, colocando su cuerpo como un muro entre el hombre y yo.

“Tranquilo, Damon.

¿Qué crees que estás haciendo?

La estás asustando, acaba de llegar.

Aléjate de ella o te juro que me transformaré”, le espetó con voz grave y llena de advertencia.

En ese momento crítico, la puerta se abrió de nuevo y allí, envuelto en una aura de autoridad y una tensión que me erizó la piel, estaba Lucian.

Mi corazón, ya acelerado por el susto, comenzó a latir con una fuerza desbocada en mi pecho.

Damon, el hombre llamado Damon, lo notó al instante.

Su mirada se clavó en mí, percibiendo el torbellino que Lucian desataba en mi interior, y respondió con otro gruñido, esta vez más posesivo.

“Lucian”, dijo Damon con una voz que era casi un rugido contenido.

“Ahora que sabes que ella no es una humana como pensabas, me la llevaré.

Es mi compañera, y sabes tan bien como yo que existe un tratado sobre los compañeros que estás obligado a respetar.” No entendía nada.

¿Que no era humana?

¿Que ahora debía irme con este desconocido furioso?

Eso no era posible.

No lo quería.

Mi mente buscaba desesperadamente una salida.

¿A dónde podría ir?

¿Con Volkran?

¿Quedarme aquí y esperar a que Beth me mande a matar, y ver cómo forman una familia ella y Lucian?

El solo pensamiento era una puñalada en el corazón.

Eso, definitivamente, no podría soportarlo.

Entonces, mis ojos se encontraron con los de Lucian.

Su mirada era intensa, indescifrable, pero en ella creí ver un destello de la misma tristeza que me consumía.

Fue un acto de desesperación pura.

Antes de que pudiera razonar, grité: “¡Acepto!

Damon, acepto ir contigo.

Si soy tu compañera como dices, me voy.

Pero ahora explícame, ¿por qué dices que no soy humana?” Un silencio pesado, casi tangible, se apoderó de la habitación.

Las caras de todos reflejaban un shock absoluto.

Pero fue la expresión de Lucian la que se me quedó grabada a fuego: sus puños se apretaron con tal fuerza que los nudillos blanquearon, y sus ojos, antes impasibles, ahora brillaban con una tristeza profunda y desoladora.

Pero no podía permitirme ceder.

No podía quedarme cerca de él ahora.

Lucian interrumpió mis pensamientos, su voz cortando el silencio como un cuchillo.

“No puedo permitir que te la lleves.

Elena es una pieza importante para lo que se aproxima.” Una pieza.

Al final, eso era todo lo que yo era para él.

Una pieza en su gran juego de poder.

Si estaba loco si pensaba que me quedaría después de eso.

Ahora, con más razón que nunca, me iría.

No soportaría estar en el mismo lugar que él.

“Lucian”, dije, con una voz más firme de lo que me creía capaz.

“Damon es mi compañero, y me iré a donde esté él.

Y estoy segura de que me cuidará más que nadie.

Ahora, dinos a todos qué tenemos que hacer para detener la guerra que se aproxima.” No podía creer las palabras que salían de mi boca.

Por su parte, Damon parecía hincharse de orgullo y emoción.

Tenía razón; si Lucian rompía el tratado, lo único que conseguiría sería una guerra inmediata con Damon, algo que, evidentemente, no convenía a nadie en estos momentos.

¿Y qué esperaba?

Está con Beth.

La hizo su reina.

Damon se adelantó entonces y, con un movimiento posesivo que me hizo contener la respiración, tomó mi mano.

Una furia ciega y primitiva brotó en mí al ver su contacto, pero Lucian, aunque tenso como un resorte, se controló.

Damon acercó su nariz a mi cuello e inhaló profundamente.

“Elena huele…

a lo antiguo”, declaró, su voz era un susurro ronco.

“Pero no es humana, definitivamente.” Esas palabras despertaron aún más mi propia curiosidad.

¿Quién era yo realmente?

“Tenemos que llevar a Elena con las brujas”, anunció Damon, dirigiéndose a todos pero sin soltar mi mano.

“Lo antes posible.

Ellas podrán decirnos quién es realmente.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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