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El amor imposible de lucian y Elena - Capítulo 49

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  4. Capítulo 49 - 49 El ataque de beth
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49: El ataque de beth 49: El ataque de beth Punto de vista de Elena Esta noche es un caos absoluto.

Enterarme de que Lucian se casó con alguien más, descubrir que tengo un compañero de vida y que es un monstruo…

Damon dice que es un licántropo.

No sé si podré lidiar con todo esto.

A veces pienso que hubiera sido mejor no haberme levantado de mi cama aquella noche, no haber salido a la calle.

¿En qué momento me perdí a mí misma?

Si tan solo tuviera claro quién soy o de dónde vengo realmente.

No recuerdo nada de mi vida anterior, solo imágenes borrosas de mi madre, como sueños fracturados que se desvanecen al despertar.

Decidí refugiarme en la habitación que Lucian me asignó, pero ni siquiera puedo encontrar a Aurora.

Todo esto es un lío sin sentido.

Los pasillos de la mansión son extrañamente pintorescos, con tapices góticos y alfombras carmesí que deben reflejar el gusto excéntrico de Beth.

Justo cuando iba a girar el picaporte de mi puerta, una mano surgió de la sombra y la cerró de un golpe antes de que pudiera entrar.

Y allí estaba ella.

Beth, con una sonrisa desencajada que no lograba ocultar la furia hirviente en sus ojos.

Supe de inmediato lo que pasaría: o me dejaba matar, o intentaba correr, aunque dudaba que mis piernas pudieran llevarme lo suficientemente lejos antes de que sus gélidos dedos me atraparan.

—Así que aquí estás, Elena —susurró con una voz cargada de veneno—.

Te dejé muy claro que no te interpusieras en mi camino, y parece que no entendiste, ¿verdad?

Ahora pagarás las consecuencias de tu desobediencia.

No creas que vas a dormir tranquila al lado de nosotros…

a menos que quieras escuchar cada uno de nuestros gemidos.

Mientras hablaba, apretó mi muñeca con fuerza brutal, hasta que sentí que los huesos crujían y el dolor me nubló la vista.

—¡Beth, solo estoy aquí por asuntos personales!

¡No es por ti ni por Lucian!

¿Crees que me importan?

¡Estás equivocada!

Tengo un compañero, así que suéltame, me estás lastimando —supliqué, intentando en vano liberarme de su agarre.

—No lo haré, Elena.

Te quiero fuera de mi camino —espetó, y de repente sus manos se cerraron alrededor de mi cuello como grilletes de acero.

Entré en pánico.

Mis pies colgaban inútiles en el aire, y una oscuridad comenzó a invadir mis pensamientos mientras el oxígeno se agotaba en mis pulmones.

Pero justo cuando creía que todo terminaba, un rugido bestial estalló en el pasillo, tan potente que hizo vibrar los cristales de las lámparas.

Beth se quedó paralizada, y yo, aún aturdida, dirigí la mirada hacia la fuente del sonido.

Era un licántropo, pero no como el que había visto antes.

Este era colosal, con músculos tensos y pelaje erizado, y sus ojos dorados brillaban con ferocidad primal.

—¿Cómo te atreves a maltratar a mi compañera, estúpida chupasangres?

—rugió la bestia, y reconocí la voz de Damon.

El suelo tembló bajo sus patas mientras se abalanzaba sobre Beth, arrancándome de sus garras para luego estrangularla a ella.

Beth, aterrada, se llevó las manos al vientre instintivamente, y fue entonces cuando lo vi: un bulto pequeño pero definido bajo su vestido.

Cielos, estaba embarazada.

—¡Damon, suéltala!

—grité, pero mis palabras se ahogaron cuando Lucian irrumpió en el pasillo como un rayo.

Con una velocidad sobrenatural, lanzó a Damon contra la pared y se interpuso entre ellos, gritando con una voz que heló la sangre en mis venas: —¡No te acerques a Beth, Damon!

¿Acaso quieres morir?

¡Ella lleva a mi hijo!

Si vuelves a tocarla, te mataré.

Sus palabras me atravesaron el corazón como cuchillas.

Nuestras miradas se encontraron por un instante, pero esta vez sus ojos no me reflejaron el cariño de antes, sino una frialdad que me dejó sin aliento.

—Lucian, tu chupasangres estaba ahorcando a mi compañera —gruñó Damon, levantándose con dificultad—.

Yo tampoco voy a quedarme de brazos cruzados mientras intentan matarla.

Lucian miró a Beth, quien inmediatamente comenzó a llorar y a señalar.

—¡Ella me atacó!

¡Quería dañar a nuestro bebé!

—mentió descaradamente.

Quise gritar que no era cierto, pero la mirada gélida de Lucian me congeló el alma.

Sin decir una palabra, tomó a Beth en brazos y se la llevó a su habitación, justo al lado de la mía, mientras yo me quedaba temblando en el pasillo.

—Querida, vamos.

Entremos —dijo Damon, acercándose con cautela.

No supe por qué, pero lo dejé guiarme a la habitación.

Me llevó hasta la cama y me acostó suavemente, acomodándose a mi lado.

Mientras olía mi cabello, murmuró “mía” con un tono posesivo pero protector.

A pesar de todo, estar a su lado era reconfortante.

Su olor a chocolate y bosque lluvioso me envolvió, y empecé a sentir cómo el sueño vencía a la adrenalina.

Pero de repente, ruidos extraños comenzaron a filtrarse desde la habitación contigua.

Gemidos y risas bajas, exageradas, que claramente Beth quería que yo escuchara.

Damon se puso tenso de inmediato, y mis lágrimas comenzaron a caer silenciosamente por mis mejillas, manchando la almohada.

Él lo notó al instante.

Sin decir una palabra, se levantó, fue a su maleta y sacó unos audífonos.

—Escucha —susurró, colocándomelos con delicadeza—.

Mi música favorita.

La melodía llenó mis oídos, ahogando los sonidos crueles del otro cuarto.

Me concentré en las notas, en la voz del cantante, y poco a poco, el agotamiento y la calidez de Damon a mi lado me arrastraron a un sueño intranquilo, pero al fin, un refugio momentáneo del caos que había convertido mi vida en una pesadilla.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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